(Foto referencial EFE)
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Decenas de venezolanos hacen largas colas en el centro de Cúcuta con la ilusión de conseguir comida y tener con qué llenar su estómago antes de dormir en un refugio, en las banquetas de un parque o en el piso.

Niños, jóvenes y adultos. No importa la edad cuando el hambre los golpea. Unas personas en un vehículo se encargan de entregar un plato con comida para cada venezolano que lo pida.

Hace unas semanas se conoció que la Iglesia católica estableció un comedor comunitario para atender a los ciudadanos del vecino país. El sacerdote José David Cañas reveló que entre 1.000 y 1.200 personas, incluyendo embarazadas y niños, son recibidas a diario en la Casa de Paso Divina Providencia, un refugio creado por la Diócesis de Cúcuta.




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