Desnutricion
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Giobely, de cuatro meses de edad, llegó en ambulancia al Hospital Clínico Universitario de Caracas. Era necesario atenderla con urgencia porque su vida peligraba. Presentaba un cuadro de desnutrición grave que se había complicado con una imparable diarrea de origen viral.

Yeisy Nieto, madre de la bebé, entendió que su hija podía morir cuando los médicos del Hospital Pediátrico Julio Criollo Rivas de El Cementerio así se lo dijeron. La mujer, vecina de Santa Teresa del Tuy, había llevado antes a la pequeña a cinco centros públicos de salud de Miranda y de Caracas para auxiliarla.

En tres de ellos, incluido el localizado en la Universidad Central de Venezuela, la habían rehidratado y dado de alta sin garantizar una solución al problema de fondo: el grave déficit de alimentación que padecía y para el cual los hospitales venezolanos ofrecen apenas atención de emergencia. “Siempre regresaba a la casa con miedo, a pesar de que algunos médicos me decían que no era nada grave”, dice Nieto. Los galenos le habían pedido que llevara a su hija a un servicio especializado de recuperación nutricional. Mientras ella buscaba un cupo con desesperación, Giobely sufrió la recaída que por poco le quitó la vida.

El padecimiento de Yeisy Nieto es reflejado en una investigación del Instituto Prensa y Sociedad titulada “Huérfanos de la salud”, que en su tercer capítulo refiere al “hambre de auxilio”, que refiere que los niños desnutridos en Venezuela requieren no solo de acceso a los alimentos sino de la atención que no todos encuentran en los centros públicos nutricionales del país. La falta de recursos y los retrasos oficiales en los planes para mejorar los servicios hoy afectan la respuesta del Estado frente al repunte de casos graves desde los últimos dos años. Mientras tanto, decenas de voluntarios se movilizan para ayudar a los pequeños que padecen la crisis alimentaria, precisa la investigación

En el itinerario para cumplir las instrucciones de los médicos, Nieto visitó un servicio estatal de El Cementerio al cual fue referida: el Centro de Especialidades Nutricionales Hipólita Bolívar, que fue bautizado con el nombre de la esclava que según la historia patria alimentó con su pecho a El Libertador. La madre ignoraba la existencia de la institución como la mayoría de los venezolanos que no son conscientes de la misión que cumple. La instalación pública tiene entre sus funciones hospitalizar a los bebés y niños con desnutrición grave, que ya han sido estabilizados en las salas de urgencia de los hospitales, pero aún requieren apoyo prolongado para lograr una rehabilitación total.

Punto a punto, el caso de Giobely era uno que debía ser atendido por el servicio, que es el más importante de la red de unidades nutricionales del Estado y funciona como centro nacional de referencia para pacientes en la condición que estaba esa bebé. La institución, sin embargo, no acogió a la hija de Nieto. “Dijeron que estaba contaminada por una remodelación y que por eso no podían ingresarla, pero me dieron fórmulas y pañales”, dice la madre, a quien no le transmitieron falsedad alguna. El centro carece de cupos disponibles para recluir de manera permanente a pacientes con el perfil de Giobely, porque el edificio donde funciona, un inmueble de tres pisos con fachada blanca y roja, se encuentra desde el año pasado en un proceso de remodelación cuyo plazo de conclusión es incierto. “No podemos tener aquí a niños hospitalizados con todo este polvo”, dice un funcionario en la recepción, cuando es interrogado acerca de si se puede llevar allí a un pequeño en condición grave que lo necesite. Solo se ofrece atención ambulatoria y de momento las autoridades han implementado un plan de emergencia con tres hospitales de Caracas que reciben a los más necesitados de modo provisional y con plazas y recursos limitados: el José Ignacio Baldó de El Algodonal, el José Manuel de Los Ríos de San Bernardino y el Materno Infantil Hugo Chávez de El Valle. De la existencia de esa medida de contingencia, se enteran principalmente quienes acuden a la institución e insisten sobre cuáles son las alternativas disponibles. Al último de los mencionados llegó Nieto con su pequeña luego del calvario que quiere olvidar.

CENTRO NUTRICIONAL DE EL CEMENTERIO

La situación del centro nutricional Hipólita Bolívar de El Cementerio, en remodelación en medio de una crisis alimentaria en el país, luce como una metáfora de las condiciones en las que se encuentra la red estatal encargada de garantizar la completa recuperación a los bebés y niños con desnutrición grave. Una investigación realizada por Ipys Venezuela, en alianza editorial con periodistas de El Pitazo, pudo confirmar que el sistema público de atención, constituido por 19 centros similares al de El Cementerio según datos del Instituto Nacional de Nutrición (INN) del cual dependen, sufre limitaciones que la coyuntura presente desnuda de manera frontal. Hace casi una década, el gobierno diseñó un plan de fortalecimiento de los llamados Servicios de Educación y Recuperación Nutricional (SERN), pero a la luz de los resultados el proyecto se ejecutó a medias. Hoy algunos de esos centros han dejado de ofrecer la opción de hospitalización, otros funcionan de manera intermitente según denuncias manejadas por las autoridades y los demás ofrecen opciones de atención ambulatoria y semi-internada que son insuficientes, según las normativas nacionales vigentes, para tratar los casos más agudos que se han disparado como una epidemia en los últimos dos años en el país.

La escalada ha hecho sonar las alarmas: solo en 2017 se han conocido los casos de al menos 17 niños cuyas muertes se atribuyeron a la desnutrición. Los dos más recientes perdieron la vida el lunes y jueves de esta semana en el Hospital Domingo Luciani de El Llanito en Caracas. El viernes siguiente Livia Machado, nutricionista de ese centro de salud y miembro de la Sociedad Venezolana de Puericultura y Pediatría, expuso en rueda de prensa los resultados de un estudio realizado desde enero en las salas de emergencia de seis ciudades del país: según la evaluación dos de cada diez pacientes menores de un año presentaban desnutrición grave. Estas estadísticas se suman a las recolectadas desde finales del año pasado por Cáritas Venezuela, una organización no gubernamental de la Iglesia Católica. A finales de mayo se conoció su diagnóstico más reciente realizado con más de mil niños en 29 parroquias de cuatro de las entidades más pobladas del país: Caracas, Miranda, Vargas y Zulia. El trabajo confirmó una tasa de 11 por ciento de menores de cinco años de edad con déficits nutricionales agudos. El marcador está en niveles de crisis de acuerdo con los estándares de la Organización Mundial de la Salud (OMS). Al presentarlo públicamente, Janeth Márquez, directora de Cáritas, afirmó que los datos obtenidos en la investigación cuadruplicaban las más recientes admitidas oficialmente para todo el país: “Dicen que no hay crisis humanitaria porque ellos tienen posibilidad de responder a ella, pero no hay alimentos ni medicamentos y la gente está sufriendo”.

Lea la investigación completa en http://ipysvenezuela.org/huerfanosdelasalud/2017/06/02/4-2/




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