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Armando Díaz/@armandodipantoj

Armandodiazp1@gmail.com

Su casa es enorme, ya no recuerda cuantos metros cuadrados tiene la quinta de dos pisos en la que vive, en una pudiente urbanización de Valencia. A pesar de que no exterioriza su tristeza en lágrimas, esta es la soledad de una madre que debe despedir a su hija para que esta pueda abrir sus alas y volar. Es una situación complicada, no sólo para Mariana Di Basílico, sino para muchas mujeres venezolanas, madres solteras, que quedan rodeadas de un vacío y de un hogar que perdió su calor natural.

Es ingeniera, vivía con su madre quien falleció hace casi tres años y su hija, Valentina Montes, su única compañía, una joven de 21 años, estudiante de odontología; ocupante del puesto seis en la prueba de la Universidad de Carabobo, quien tuvo que retirarse porque el deseo de escapar de la situación del país la obligó a abandonar Venezuela y arribar a Argentina, su nuevo hogar.

Sus cuatro perros la miran y la lamen curiosos, a pesar de que Di Basílico es su dueña, la hija de esta también. Ella no encuentra cómo hacerles saber que no volverá, al menos por un buen tiempo.

Es propietaria de tres galpones en Carabobo y el Gobierno le expropió dos, lo que le quitó una gran cantidad de dinero

Ella no se siente deprimida, pero sí sola. Quisiera poder volver a trabajar como antes pero ya a su edad es complicado. Es propietaria de tres galpones en Carabobo y el Gobierno le expropió dos, lo que le quitó una gran cantidad de dinero. Mantener una casa como la suya no es fácil, mucho menos conseguir el dinero para alimentar dos bocas. Ahora es sólo una, pero sigue siendo difícil.

Es una madre que tuvo que hacer un enorme sacrificio para poder salvar a su joven hija, pero ahora tiene miedo por ella misma. Aunque un cerco eléctrico rodea su casa, nada impide que algún día entren a su morada y la roben, la maltraten o quizás algo peor.

No le perdona al Gobierno las miserias que han tenido que pasar, pero lo peor que pudieron hacerle es haberla apartado de su hija. No es un acto directo, es más bien una sucesión de hechos que se decantan en la partida del ser querido a tierras lejanas. Al final uno agradece que ellos estén en un lugar mejor, pero es algo que no estuvo planificado.

Sólo estarán limitadas a conversaciones de Whatsapp y el frío pero a su vez emotivo contacto vía Skype

No habrá más desayunos puestos en la mesa, no habrá a quien buscar en el centro comercial en donde trabaja como asistente dental, no habrá más idas a la playa como a ambas les gustaba, ni momentos de calidad. Sólo estarán limitadas a conversaciones de Whatsapp y el frío, pero a su vez emotivo contacto vía Skype. Pantalla con pantalla, presas en países diferentes. Una preocupada por el bienestar de la otra, mientras la hija sufre porque siente que abandonó a su madre en medio de un país carcomido por la crisis.

Va a empezar desde cero su carrera; porque a pesar de todo, la educación que le impartieron estuvo condicionada por la escasez y el poco presupuesto

Montes partió casi sin planearlo, a la espera de encontrar un hostal en donde vivir mientras el dinero le alcanza y consigue un lugar para trabajar. Va a empezar desde cero su carrera; porque a pesar de todo, la educación que le impartieron estuvo condicionada por la escasez y el poco presupuesto que la UC recibe por parte del Gobierno, comentó la joven.

Sentada en un viejo mueble tipo Luis XV que perteneció a su madre y ahora es de ella. Di Basílico exhala, cansada del día a día, cree fervientemente en el cambio de su país, pero no sabe cuanto tiempo podrá soportar la espera. Le tiene miedo a la noche, enciende las luces de todos los cuartos y pasillos de esa enorme casa y se acuesta en su cama, custodiada por sus guardianes: los perros; mientras le escribe a su hija un mensaje de voz deseándole buenas noches, y que la ama, pero sobre todo que la extraña.




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