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Son muy pocos los países de nuestro planeta que reunen tanta variedad de paisajes, de regiones climáticas en un contexto sociológico tan multiforme y diversificado como Venezuela. A partir de 1937, año en el cual por iniciativa del gobierno nacional de aquel entonces, se decretó en el Edo. Aragua el primer parque nacional llamado Henry Pittier, en honor del eminente botánico y científico  suizo radicado en Venezuela, una serie de áreas  con atributos especiales, naturales o ecológicos y han sido preservadas y protegidas del avance indiscriminato de la “civilización”  –  en este caso se impone escribir la palabra entre comillas  –  y salvaguardarlas en beneficio de las generaciones presentes y futuras del mundo.

Esos parques nacionales  –  en Venezuela hay 19 y son Henry Pittier, Sierra Nevada, Guatopo, El Avila, El Guacharo, Terepaima, Yurubi, Quebrada El Toro, Yacambú, Macarao, Agüaro, Güaripito, Morrocoy, Los Roques, Mochima, Margarita, Médanos de Coro, laguna de Tacarigüa, Canaima,  –   auténticos monumentos de la mano de Dios, son mensajes de una naturaleza conservacionista, cuyos objetivos primordíales son, además de la protección de una fauna y de una flora autóctona, de otro modo amenazada de extinción, el de evitar un deterioro ecológico devastante e irreversibile, permitiendo  apreciar, en su verdadero habitat, una bellezas naturales únicas en el mundo! Son verdaderos paraísos terrenales, únicos rifugios para evadir la tormentosa  y agitada vida de hoy en día, y donde poder disfrutar, en medio de paisajes naturales de incomparable belleza, de una gran paz y de una gran tranquilidad, al margen del torbellino y de la contaminación de la ciudad. Eso y muchas cosas más ofrece Venezuela a un turismo moderno y cada día más sediento de esos remansos naturales que “todavía” quedan en nuestro planeta, para calmar la angustiosa vida cotidiana día tras día más arrolladora y dominante.

Los habitantes de esa Europa super industrializada, hoy más que nunca buscan a ese tipo de turismo naturalista  y autóctono donde poder conjugar, en un retorno a las raíces del hombre, descanso fisico y espiritual en un ambiente incontaminado y ecológicamente puro. Y así viajan a Tailandia, a las islas Mauritius, a las Seychelles, a Santo Domingo, a Cuba, a los sitios más apartados y menos contaminados de la tierra, inteligentemente promovidos por las autoridades  de los respectivos países.

Sin embargo  – y eso es un poco triste admitirlo   –  nadie incluye en sus proyectos vacacionales turisticos  a Venezuela. Claro está que pensar viajar a Venezuela en este momento, en un país que no ofrece las más mínimas condiciones de seguridad, en un país donde no hay medicinas,donde  no hay ningun tipo de protección sanitaria, en un país con una inflación macroscópica y cuya moneda ya no vale nada,  en un país donde los malandros te asalta y te matan para robarte la cartera, en un país que no cuenta con las instalaciones más elementales  para recibir turismo, no tiene sentido. Por otra parte, con las garantías que ofrece este gobierno, ¿quién se atrevería a invertir dinero en infraestructuras? Es evidente entonces que esos señores que están“mandando” y pasando por alto la importancia estratégica y económica que podría asumir para Venezuela el turismo, prefieren promover su fantasmagórica revolución a las bellezas naturales de su extraordinario país. Que triste!

 

Desde  Italia  –  Paolo Montanari Tigri




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