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El béisbol venezolano y todo su entorno han sufrido variaciones. La crisis, principalmente en el tema económico, ha afectado a la Liga Venezolana de Beisbol Profesional (LVBP) que, con su directiva a la cabeza y el resto de los ocho equipos, han tenido que hacer malabares para poder sortear los no pocos inconvenientes que se presentan a la hora de organizar una temporada completa.

Aparte de las estructuras administrativas en las oficinas y los propios jugadores y técnicos dentro del terreno de juego, en esta compleja ecuación en que se ha convertido la pelota criolla hay también un protagonista de excepción: el fanático, ese que cada octubre (o incluso antes), mezcla la pelota venezolana con su cotidianidad.

Y es que el béisbol en Venezuela implica muchas cosas. En estas latitudes es mucho más que un deporte, está intrínseco dentro del convivir de la sociedad, igual que ir al mercado o trabajar.

Ese arraigo tan profundo en los habitantes, sin embargo, ha sufrido cambios en los últimos tiempos y, la tendencia actual es a que los fanáticos alienten, pero fuera de los graderíos.

Estos números en rojo son un indicativo claro y tajante del impacto del factor monetario entre los fieles seguidores del deporte de las bolas y los strikes. Y en la Venezuela actual, ésto no es sólo motivado por lo económico, pues existe un cúmulo de elementos que también atentan contra la visita de personas a los diamantes. La inseguridad, transporte o poca presencia de jugadores de talla grandeliga, son factores que inciden en la búsqueda de otras opciones a la hora de mantener la tradición lejos de los parques.

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GOLPE AL BOLSILLO

El bajo poder adquisitivo del venezolano agobia también a la pelota, porque en toda esta dinámica, alentar al equipo de su preferencia implica mucho más que la simple compra de una entrada. Costear el ticket de ingreso es solo la punta del iceberg, pues luego de eso se desglosan otros gastos casi obligatorios cuando se visita un estadio.

Comprar comida y bebida, pago de estacionamiento o a parqueros improvisados en calles aledañas, si se tiene vehículo propio, o el pago de taxi en caso contrario, poder comprar un souvenir alegórico al club que se sigue son elementos que componen la cadena de consumo como fanático del béisbol. Y eso, en la actual Venezuela, para muchos se ha convertido en un imposible, un lujo que no pueden darse frente a las prioridades de vida.

El fanático común saca cuentas y en estos momentos son pocos los que pueden considerar la opción de presenciar un juego. Un simple ejercicio de imaginación lo ratifica: Comprar una entrada y sumarle un perro caliente y refresco podría rondar fácilmente para esta campaña más de 50 mil bolívares, cálculo conservador teniendo en cuenta que está basado en una sóla persona. La cuota puede aumentar considerablemente si se agrega hamburguesa, bebidas alcohólicas, snacks o un artículo alegórico al club.

Hace un mes atrás hubo las primeras reacciones negativas por parte de la fanaticada, cuando progresivamente los equipos fueron publicando sus listados de precios de los abonos. Como se presagiaba, hubo grandes incrementos respecto al torneo anterior.

Magallanes y Zulia fueron dos de los clubes que mostraron un mayor aumento. En el estadio José Bernardo Pérez tener un asiento VIP toda la campaña regular valdrá 819 mil 990 bolívares y en tribuna central costará 534 mil 990, cuando en la temporada 2015-16 se conseguía en 168 mil. Preferencia y Estudiantes, las dos localidades más baratas en el coso valencianos, fueron estipuladas en 204 mil 990 y 129 mil 990 bolívares, un alza de 300,37% y 361,45 %, respectivamente, en relación a hace un año.

Por el lado de los actuales campeones de la liga la tendencia fue similar. La VIP en el Luis Aparicio de Maracaibo fue ofertada en 469 mil 500 bolívares fuertes, cuando una temporada atrás costó 59 mil (subió 695,76 %). Poder ubicarse en sillas altas elevó su valor en 678,13 % al pasar de  47 mil 100 bolívares a 366 mil 500. De forma global, la brecha de precios en los abonos de las Águilas creció en un 687,83 %.

En relación al precio de las entradas aún no hay certeza, pues incluso el Gobierno Nacional, a través de la Superintendencia Nacional para la Defensa de los Derechos Socioeconómicos (SUNDDE), ha establecido mesas de trabajo con directivos de los equipos para ofrecer precios más accesibles. Pero más allá de esta labor, el panorama no luce muy alentador, ya que en días pasados, el presidente de la Junta Administradora del Magallanes, en declaraciones exclusivas a El Carabobeño, dio señales de que la tónica será de alza.

De acuerdo a las palabras del máximo jerarca de los turcos, el boleto más económico oscilará entre los mil 500 y dos mil bolívares, un incremento de hasta 233 %. Las tribunas laterales rondarán entre cuatro mil y seis bolívares, en tanto que la zona premium (VIP), tendría un aproximado de entre 40 a 50 mil bolívares.       

“Si comparamos estos precios con lo que cuesta ir al cine en la actualidad, sigue siendo muy barato y accesible para el fanático”, aseguró en ese momento el directivo, que estará en su tercera temporada al mando de la presidencia naviera, a la hora de esgrimir sus razones para el cuantioso incremento en los montos.

Estos números no invitan al optimismo y pese a que todavía no se da la voz de play ball, no es difícil presagiar que los índices de asistencia en la liga volverán a quedar en saldo rojo por tercera temporada consecutiva. Aunque en la pasada Convención Anual, en Barquisimeto, no se ofreció un balance específico y los ejecutivos de los clubes han sido herméticos en torno a la información detallada de sus respectivos aforos, extraoficialmente trascendió que en el torneo 2016-17 asistieron un millón. 408 mil 644 personas en los siete estadios que componen el circuito, 462 mil 54 fanáticos menos que en la temporada 15-16 y un  millón 138 mil 69 con respeto a dos campeonatos atrás.

Solo los dos finalistas de la última contienda, Cardenales de Lara y Águilas del Zulia, tuvieron saldos positivos en cuanto a presencia de gente en sus gradas.

La ausencia en los parques no es un capricho de los fans. Por mucho deseo que exista, la realidad golpea los bolsillos y hace que alentar un partido sea todo un lujo.

Según la Comisión Permanente de Finanzas de la Asamblea Nacional, la inflación en agosto fue de 33,7 % y la acumulada en todo el año 2017 es de 366,1%. Estos indicativos económicos, sin lugar a dudas, atentarán por igual contra el deseo del fanático de ir al estadio y las esperanzas de los equipos por tener un mayor apoyo para sus peloteros.

Si a esto se le suma el hecho de que el sueldo mínimo se ubica en 136 mil 543 bolívares (325 mil 544 bolívares con el ticket de alimentación) y se compara con una Canasta Básica Alimentaria que fue estimada en  2 millones 12 mil 556 con 55 bolívares por el Centro de Documentación y Análisis de la Federación Venezolana de Mestros (Cendas-FVM), monto que crece a 2 millones 938 mil 277 con 19 bolívares si se trata de la Canasta Básica Familiar, es fácil inferir que los asientos vacíos serán la regla y no la excepción.

La diatriba es simple: se va al estadio o se deja de hacer mercado, pagar servicios o el colegio de los hijos.   

Para contrarrestar esta realidad, desde el año pasado los equipos establecieron mecanismos de promoción nunca antes vistos. Ofertas 2×1, 3×1, Ladies Night, personas de la tercera edad, estudiantes y niños gratis fueron algunas de las opciones que presentaron los clubes en su afán de poder captar (o recuperar) seguidores.

Las estrategias no dieron resultados, pues el problema no se reduce a poder entrar a los estadios. Adentro, el gasto podría ser igual e incluso mayor si se tiene en consideración que el béisbol es un deporte de tradición familiar y, por lo general, la asistencia a los diamantes no es en solitario.

La inseguridad y el tema transporte son otros de los dos elementos de peso que se juntan a la hora de analizar el ausentismo. Aunque la LVBP ha realizado modificaciones en sus horarios y ubicó los partidos de lunes a viernes a las 7:00 de la noche, con varios juegos disputados los fines de semana, incluso al mediodía o primeras horas de la tarde, los promedios de duración de los juegos sigue siendo de unas tres o cuatro horas, lo que se traduce en salidas de los escenarios a altas horas de la noche y, salvo los que poseen vehículo propio, la movilización pasa a ser un factor determinante, no solo por lo costoso que podría ser el pago de taxis (transporte público nulo) sino el peligro que supone la exposición en las calles en un país con altísimos niveles de criminalidad.

La preocupación no proviene sólo de los seguidores. La directiva de la liga, ahora con Juan José Ávila a la cabeza y las ocho organizaciones que la componen, han tenido que lidiar desde hace ya varios años con los golpes de la situación-país.

Contratación de peloteros criollos e importados, adquisición de insumos e implementos para mantenimiento de las instalaciones, operatividad en el plano deportivo y planificación del operativo logístico que incluye traslado, seguridad y hospedaje, entre otros, son algunos de los componentes que integran la compleja labor de poder montar un certamen.

El tema de las divisas fue, es y será tema de honor para la LVBP. Hasta que no hubo un entendimiento con el Gobierno Nacional para el otorgamiento de dólares preferenciales, el inicio de la acción estuvo en veremos. El humo blanco salió el pasado 29 de agosto, cuando el vicepresidente Tareck El Aissami anunció, vía twitter, la aprobación de 9 millones 959 mil dólares para la temporada 2017-2018.

LA PASIÓN SE MANTENDRÁ

Pese a este sombrío panorama, la pasión del venezolano por el béisbol no apunta a desaparecer, sólo se transforma. Así como voces de todos los sectores coinciden en señalar la complejidad de una temporada en tiempos de crisis, no es menos cierto que la pelota seguirá siendo parte de la sociedad.

Directivos, fanáticos, dueños de clubes, anunciantes, medios de comunicación, trabajadores reconocen que el arraigo por la pelota criolla es tan fuerte que, aparte de su tradición marcada por años y traspasada de generación en generación, también sirve como válvula de escape para una población agobiada por la crisis, que consigue ese elemento distractor para poder drenar emociones.

Es un hecho: el béisbol es parte de la cotidianidad en Venezuela y despierta pasión en situaciones improbables en cualquier otra latitud. Su ascendencia en la vida nacional es tal que ni los profundos problemas de diversa índole logran disminuir esa querencia. Aunque el fanático no pueda ir a los juegos, el seguimiento no mermará. Consciente de esta dinámica, la LVBP aspira poder mantener una cuota de transmisión televisiva con la difusión de poco más del 90 % de los juegos.

La creatividad pasa a ser fundamental en la nueva dinámica social. Al no poder acudir a los parques, aparecen otros escenarios como reuniones familiares o entre amigos, o simplemente de manera individual en los hogares. Lo cierto es que, pese a que la pelota navega contra la marea en estos momentos, tiene suficiente fuerza y arraigo como para mantenerse a flote. El “Pasatiempo Nacional” no desaparecerá.

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