Sara Pacheco
La luz, como primer símbolo de vida, fue la protagonista en la Vigilia de Resurrección del Señor. La imponente Catedral de Valencia fue abierta a las siete de la noche. Las luces apagadas y un silencio solemne esperaban los actos que celebran la vida y legado de Cristo. En medio del pasillo se encendió la hoguera, su llama avivó el cirio pascual, a partir de allí las velas en las manos de los feligreses pasaron a ser la iluminación del edificio.
Luego de las lecturas del Antiguo y Nuevo Testamento, los ministros hacen lucir el altar y poco a poco encienden todas las velas que reposan frente a cada imagen.
El Arzobispo de Valencia, Monseñor Reinaldo Del Prette, presidió la homilía, donde afirmó y recalcó que el acontecimiento más importante de la historia de la humanidad es la resurrección de Jesús.

No tiene comparaciones o analogías. Es algo que no podemos entender pero es la experiencia de los apóstoles lo que conocemos, expresó. A través de este acontecimiento se unieron el cielo y la tierra, la línea que dividía lo humano de lo divino desapareció por un momento.
La luz, por tanto, representa la oscuridad y tinieblas que Jesús venció. La palabra, llevada por los apóstoles, solo fue entendida precisamente con la claridad de la resurrección, indicó Del Prette.











