Las sanciones adoptadas este viernes por el Gobierno de Donald Trump contra Venezuela, las primeras que no van dirigidas a individuos específicos de la jerarquía chavista, equivalen a aplicar un torniquete al flujo de dinero fresco para las exhaustas arcas públicas de Caracas
Las sanciones, contundentes, todavía así tienen diseño quirúrgico para posponer el uso del recurso de retaliación definitivo en manos de Estados Unidos –un embargo de las importaciones de petróleo venezolano– y conservar margen de acción. Con todo, van a la yugular de la financiación de Venezuela. En particular, impiden que la filial en Estados Unidos de la petrolera estatal Pdvsa, Citgo, pueda enviar dividendos a Caracas.
Citgo es una marca predominante en el mercado de los hidrocarburos de la Costa Este de Estados Unidos. Con seis refinadoras y miles de estaciones de gasolina, fue adquirida en los años 90 por Venezuela, que entonces apostó a esa transacción como una manera estratégica de asegurar una participación de los crudos pesados locales en el mayor mercado del planeta.
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