Superlano: El Rodeo I es más parecido a un campo de concentración que a una cárcel

En entrevista para TalCual, Superlano relató que creyó que lo llamaban al patio para la foto rutinaria del control, pero era el aviso de su libertad
(Foto: Cortesía)

Freddy Superlano escuchó que obtendría libertad plena una semana antes de que le quitaran el grillete electrónico. Pero tuvo que esperar más hasta que un funcionario le entregó la notificación de que había sido liberado gracias a la Ley de Amnistía.

Ese viernes 27 de febrero pensó que cuando lo llamaron al patio de su casa era para tomarle la acostumbrada foto con funcionarios, el seguimiento de que el preso todavía está aquí. Finalmente, luego de algunas horas, pudieron hacer público el video del momento.

Fue el final de una historia de prisión que comenzó el 30 de julio de 2024 cuando el coordinador de Voluntad Popular fue objeto de una persecución con disparos, según recuerda, en Caracas, hasta llegar a un punto en Los Palos Grandes donde buscó entrar a un edificio para resguardarse y no pudo.

Entonces, esposas y traslado al Helicoide donde airma estuvo bajo interrogatorio por 10 o 12 días, con el mismo modus operandi que Enrique Márquez mencionó en rueda de prensa. «Te colocan lo que llaman un ‘pulpo’: te esposan en los tobillos, eso va hacia la cintura y de ahí a las muñecas. Tu movilidad es muy limitada y duermes con eso, por lo menos los primeros días, en mi caso. El interrogatorio es a cualquier hora del día o de la noche. No hay horario. Es para fatigarte y ver cómo pueden sacarte información más allá de la que realmente hay», relató Superlano.

–¿Quién le interrogaba?

–Un comisario del Sebin y su brigada. La brigada estaba compuesta por por lo menos siete personas. Todos en algún momento tenían preguntas que hacerme.

–¿Los tienes identificados de alguna manera?

–Sí, los tengo identificados con nombre y apellido, identificados sus rostros y sus nombres. En el momento oportuno y ante las instituciones oportunas haré ese señalamiento. Los tengo claramente identificados. A diferencia del Rodeo, donde es más difícil identificarlos.

–¿Al terminar esa «bienvenida», lo pasan a las celdas?

–Estuve solo en un primer momento. A los minutos llevan a mi celda a dos presos. Parece que es un protocolo que utilizan cuando una persona llega por primera vez a la cárcel: le llevan compañeros que tienen experiencia para que ese período de aclimatarse sea menos riguroso y no atente contra su vida, por lo menos eso es lo que dicen. Son momentos muy duros, de mucha depresión y desespero. Allí estuve con dos personas del oriente del país: un trabajador de Pdvsa y otro detenido por haber hecho un video de Alex Saab. Ese fue el primer momento. En un segundo momento estuve con una persona de nacionalidad mexicana que estaba preso allí. Luego empiezan a llegar conocidos. William Dávila llegó después. Más adelante llegaron Biaggio Pillieri y Perkins Rocha. Fuimos creciendo como familia y al final éramos cerca de 14 o 15 personas en la misma celda, la gran mayoría por motivaciones políticas.

–¿Cuáles fueron las condiciones de reclusión?

–En el Helicoide era de total aislamiento, lo que ellos llaman «presurizado»: sin visita, sin llamada y sin contacto con otros presos. Enrique Márquez y yo estuvimos en la misma celda al final. En el Rodeo sí fue distinto, allí es mucho más hostil que en el propio Helicoide. En el Helicoide tienes la limitación de visitas: cero visitas, cero llamadas, cero abogados, cero contacto con otros presos. Pero por lo menos tienes un baño, una litera con un colchón, puedes tener cocina. Cuando te pasan al Rodeo, las condiciones cambiaron diametralmente.

–¿Cuándo supieron que pasarían al Rodeo I?

–Nos engañan. Nos dicen a Roland Carreño y a mí, que estábamos en una celda de 14 personas: «Vístanse con el uniforme, van a una entrevista con el comisario». Nos pareció muy extraño. Bajamos con todo el escepticismo del momento, con expectativa. Cuando nos encontramos abajo, nos colocan esposas, nos hacen una foto con custodios a los lados y había una patrulla esperándonos para trasladarnos a un sitio que desconocíamos hasta que llegamos. Llegamos ese domingo 31 de agosto a las instalaciones del Rodeo I. Cuando abren la patrulla, están funcionarios encapuchados con un uniforme distinto, beige, y comienza una serie de improperios. Es lo primero que hacen cuando te reciben, como un comité de bienvenida; forma parte del protocolo. Ese comité de bienvenida te esposa, hace que te caigas y luego te levantan por medio de una palanca, y cuando te levantan te genera dolor en las articulaciones superiores, hombros y codos. Cada vez que caes, te golpeas la cara o te golpean también los hombros y las rodillas. Es un recorrido con la intención no solo de malograrte físicamente. Te dicen improperios. Son funcionarios de la Dgcim en su gran mayoría. Utilizan pseudónimos. Quien nos recibió de esa manera abrupta y violenta se hacía llamar «Leónidas».

Luego viene una parte donde te desnudan, hacen que te agaches, que saltes, para ver si traes algo. Después te vistes, te llevan a un examen médico, y te sorprende que los médicos están encapuchados y los enfermeros también. Ahí empiezas a entender que has llegado a un sitio sumamente distinto, con un trato distinto. Yo lo he dicho en otras oportunidades: el Rodeo I es más parecido a un campo de concentración que a una cárcel.

Lee la entrevista completa en TalCual

Únete a nuestros canales en Telegram y Whatsapp. También puedes hacer de El Carabobeño tu fuente en Google Noticias.

Newsletters

Recibe lo mejor de El Carabobeño en forma de boletines informativos y de análisis en tu correo electrónico.

Superlano: El Rodeo I es más parecido a un campo de concentración que a una cárcel

(Foto: Cortesía)
[code_snippet id=10 php format]