Deyalitza Aray salió de su casa el 28 de julio de 2024, después de votar, con una maleta rumbo a Bejucal, el comando principal de Vente Venezuela, en Caracas. Iba por una semana, pero sus planes cambiaron de manera abrupta. El desconocimiento de los resultados electorales y la consecuente represión que se desató ese día la obligaron a tomar decisiones. Se quedó en Valencia, a pesar del ruego de sus hijos y de la separación temporal de su esposo, pero en resguardo durante 19 meses.
"Mamá no vamos a poder soportar esto", suplicaron sus hijos, residentes en otro país, cuando les notificó la decisión de no irse de Venezuela. Su argumento fue tan sólido que lo respetaron sus familiares: "No puede ser que uno tenga que salir del país después de haber logrado todo esto". A su esposo le dijo: "Después veremos cómo nos encontramos, pero yo me voy a quedar. Y me quedé".
Los momentos difíciles comenzaron en Caracas el mismo 28, cuando, tras el no reconocimiento de los resultados, la gente comenzó a bajar de los cerros a protestar. Entendió que tenía que buscar maneras de salir de la capital, porque empezaba un proceso de persecución contra todo aquel que hubiese participado y apoyado las elecciones. Logró salir de Caracas y llegar a Carabobo, pero su esposo le alertó que por su casa habían muchas patrullas.
Estuvo en Valencia rotando por varios lugares. Aún recuerda cuando, una mañana, los alrededores del lugar donde se resguardaba amanecieron con una presencia policial exagerada. Se asustó y oró: "Bueno Señor, si está en tus manos, que no me lleven". Los funcionarios iban al final de esa calle, pasaron de largo.
Lo que siguió fue una explosión de angustia, frustración y mucha rabia. Se preguntaba: "¿Qué hicimos? Todo lo hicimos bien, en el tablero del sistema porque dijimos, bueno, vamos a jugar en tu tablero, como nos lo estás poniendo, y ganamos".
En su resguardo no estaba incomunicada, pero sí muy sola. Se enteraba de las detenciones de sus compañeros de partido, pudo seguir la "perversa operación tun tun", pero no podía ver a casi nadie, ni salir de los sitios donde se encontraba. Su familia y tres amigos de confianza eran las únicas personas de contacto.
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La secretaria política de Proyecto Venezuela nunca pudo corroborar que había una orden de captura, pero sabía que estaba en unas listas, en las fotos del camión en el que movían a María Corina, en otras actividades. Eso la obligó a resguardarse.
Ella describe la indignación que sentía tras las palabras de Elvis Amoroso, pero reconoce que eso también le dio mucha fuerza. Cuando veía que se llevaban a un muchacho que fue testigo, a una señora que lo que hizo fue llevar comida, o a alguien que pasaba por allí, se convencía de que no podía abandonar la lucha.
De las primarias a las presidenciales
Deyalitza Aray recuerda la construcción del andamiaje de un proceso en el que poca gente creía. Las primarias tuvieron que sudarlas. Les tocó recorrer el país, explicando a la gente la importancia de una candidatura presidencial unitaria y convocándolos a participar.

Y se logró. Más de 3 millones de personas concurrieron a estas votaciones en las que María Corina Machado fue escogida como la candidata de la oposición venezolana. "Las primarias se convirtieron en una gran bola de nieve, que precedió el camino de la ruta electoral presidencial".
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Pero María Corina Machado fue inhabilitada. Coriya Yoris también. Al final, con Edmundo González se logró ir a un proceso en el que, desde el principio, se anunciaba un ganador. "Recorrer el país con el candidato y con María Corina a la cabeza fue verdaderamente impactante, porque lo que uno recogió era un deseo inequívoco, fuerte de la gente exigiéndonos que teníamos que lograr el cambio".

Fueron también momentos duros, de persecución, de ataques a quienes apoyaban a María Corina con un camión, una tarima, con la habitación de un hotel.... "Pero no faltaron camionetas, guacales, casas donde pernoctar y eso nos llevó a recorrer un país, acompañados de un movimiento ciudadano que se levantó. Por primera vez escuchábamos que la gente no te estaba pidiendo obras, un techo, cloacas. La gente pedía libertad, democracia y sobre todo el reencuentro de la familia".
Una jornada victoriosa
Esos antecedentes hacían previsible el futuro. El 28 de julio fue una jornada que Aray define como victoriosa, maravillosa. "Ver ese número de votos y ver cómo la gente los defendió, que sólo bastó que les dijéramos que tenían que cuidar las actas y la gente las protegió como no tienes idea, con métodos increíbles que tú escuchabas. Para ellos era decir: ´Yo participé y yo logré esto".
Las 24 horas del 28 de julio las vivió de manera intensa. Cada número que daban desde el comando de Bejucal a una calle llena de ciudadanos y de medios, era la alegría, era decir que lo conseguimos."¡Logramos la victoria!".

Lo que vino después fue una gran indignación. Era escuchar cómo el régimen en nuestra cara nos decía que los resultados eran otros, cuando sabían que teníamos las actas, que ellos eran testigos de los resultados reales. Eso nos dio la fortaleza para decidir que eso teníamos que defenderlo. Por eso comenzó el reclamo, las denuncias, las protestas y de allí, obviamente, la persecución, la privación de libertad y las violaciones de derechos humanos como la vimos.
Lo que perdió
En más de un año, Deyalitza tuvo varias pérdidas. Amigos que fallecieron y a cuyos velorios no pudo ir. Muy dolorosa fue la muerte de su perrito, con el que estuvo quince años y al que no pudo acompañar en esos últimos momentos. Tampoco pudo asistir a los 15 años de una de sus sobrinas más queridas.

El sufrimiento de sus hijos es algo que lamenta. Ellos le decían: "Mamá qué haces allá, vente, no vamos a poder soportar eso, sobre todo porque no nos vamos a poder ir por el asilo". Para ella fue algo duro, fue doloroso, fue inmenso el dolor, describe.
En retrospectiva, sin embargo, reconoce que lo que hizo valió la pena y sigue valiendo la pena. "Al final uno lo que le hereda a los hijos, a la familia y a las nuevas generaciones, es el honor, la dignidad, los valores. Hoy mis hijos me siguen diciendo que están muy orgullosos de mí y de la entrega que he tenido en esta lucha. Sé que es el mismo sentimiento que tienen todos los hijos y todas las madres de los hijos que han apostado a la democracia".
¿Lo volverías a hacer?
Lo volvería a hacer, sin duda lo volvería a hacer.
Ciertamente, el panorama en Venezuela cambió el 3 de enero de 2026. De hecho, Deyalitza Aray pudo regresar a su casa en febrero de este año. Fue un gran cambio para ella. Pero está convencida de que esto aún no ha terminado y por ello invitó a los venezolanos a seguir luchando por recuperar la honestidad en el ejercicio de la política. Para que la gente sienta que nos enrumbamos hacia ese país de oportunidades y de una democracia que nos hizo reconocidos en el mundo.
Ella no tiene dudas de que si es necesario para recuperar la libertad y la democracia los venezolanos volverían a luchar por su país. "Pero estamos trabajando para que esto no se repita nunca más en Venezuela ni en ninguna parte".









