El impacto de los terremotos tuvo varios factores de influencia. Llegaron a estructuras que ya estaban afectadas por años de salitre corrosivo y falta de mantenimiento, y con una acción doble, en rápida sucesión, desde epicentros distintos y en direcciones diferentes. Esa combinación de explica, según el ingeniero civil Ernesto González, especialista en materia sísmica y dinámica de estructuras, por qué algunos edificios del litoral venezolano colapsaron.
"Poco se habla del mantenimiento. Las estructuras necesitan ser evaluadas como única forma de garantizar que van a seguir siendo seguras en el tiempo", advirtió.
Señaló que entre los edificios que colapsaron muy probablemente había estructuras con daños previos indetectables a simple vista, causados precisamente por el entorno costero donde estaban ubicadas.
"El salitre daña el acero de refuerzo de las estructuras, las debilita y las hace vulnerables ante eventos como los que ocurrieron", explicó el especialista, aunque fue cuidadoso en no generalizar: no todas las estructuras que fallaron lo hicieron por esa causa, pero en una zona altamente corrosiva como la costa venezolana, el factor salitre es altamente probable en varios de los casos.
La diferencia entre 7.2 y 7.5 no es lineal
Uno de los conceptos que González explicó con mayor énfasis es que la escala de magnitud sísmica no funciona como la gente intuitivamente cree. El primer sismo fue de magnitud 7.2 y el segundo de 7.5. La diferencia de 0.3 puntos puede parecer pequeña, pero la energía liberada es radicalmente distinta.
"El sismo de 7.2 equivale a explotar 250 mil toneladas de TNT. El de 7.5, a 750 mil toneladas. Eso es 300% más. Tres veces más poderoso", precisó González. La razón es que la escala sísmica es logarítmica, no lineal. "Entre un sismo de magnitud 6 y uno de magnitud 7 la diferencia es de 32 veces. La gente piensa que son casi iguales porque los números se parecen, pero no lo son en absoluto."
Eso significa que quienes sobrevivieron al primer temblor y pensaron que lo peor había pasado, enfrentaron apenas segundos después un impacto tres veces más poderoso sobre estructuras que ya habían acumulado daño.
Dos epicentros, dos direcciones
Uno de los hallazgos técnicos más importantes que explica González tiene que ver con la dirección de las ondas sísmicas. Normalmente un terremoto genera una onda predominante que afecta las estructuras principalmente en una dirección. Eso produce daños característicos en un eje. Pero en este caso hubo dos sismos con epicentros distintos, lo que implica que las ondas llegaron desde direcciones diferentes.
"Cuando ves daños en X en una pared, eso indica la dirección predominante del sismo en ese punto. Pero si ves esa misma configuración en dos paredes perpendiculares, te llama la atención porque significa que cada sismo actuó en una dirección distinta", explicó González. "No fue que uno se montó encima del otro y fue por la misma carretera. No. Actuaron de manera diferente y muy seguido uno tras otro."

Esa situación es, técnicamente, más exigente para cualquier edificio que un solo sismo de mayor magnitud, porque el edificio recibe impactos en múltiples ejes sin tiempo de estabilizarse entre uno y otro. "Una infraestructura pudo haber recibido ambos impactos con direcciones distintas", señaló el especialista.
¿Por qué La Guaira sufrió más que Valencia?
González también explicó la razón técnica por la cual La Guaira resultó más afectada que Caracas, que a su vez lo fue más que Valencia, aunque los dos epicentros estuvieran relativamente cerca. La clave está en la geología del suelo y en la forma en que las ondas sísmicas se propagan.
Los sismos ocurrieron al oeste de Valencia, hacia la zona de San Felipe y Morón. Las ondas se propagaron horizontalmente a lo largo de la costa, impactando directamente el litoral.
Pero además del recorrido, importa el tipo de suelo. Las ondas sísmicas viajan más rápido en suelos rocosos, pero con menor amplitud. En suelos blandos, como los depósitos sedimentarios donde se asientan La Guaira y Caracas, viajan más lento, pero con mayor amplitud, lo que se traduce en más movimiento para las estructuras.
González comparó el fenómeno con la diferencia entre golpear una varilla metálica, que transmite el sonido rápido sin deformarse, y pulsar una cuerda de guitarra, que vibra y se mueve con mayor amplitud.
Mayoría de edificios no colapsaron
"¿Cuántos edificios tiene Venezuela? ¿Cuántos colapsaron? No fue la mayoría. Es una minoría absoluta. Debiera ser cero, para eso trabaja la ciencia", afirmó el especialista.
Sobre las réplicas, fue preciso: un edificio que no mostró daños estructurales visibles en columnas, vigas, losas y escaleras después de dos sismos de esta magnitud es un muy buen indicio de que resistirá los movimientos menores que siguen. Pero aclaró que existen daños no observables a simple vista que solo una evaluación técnica detallada puede detectar.
Por eso el llamado del ingeniero a quienes tienen dudas sobre sus edificios es claro: buscar la evaluación del Colegio de Ingenieros, que en este momento está etiquetando estructuras en verde, amarillo y rojo. Verde es habitable. Amarillo requiere reparaciones y nuevas inspecciones. Rojo es inhabitable. Ese proceso, dice González, es la única forma rigurosa de saber con certeza en qué condición quedó cada estructura.









