Colas, ansiedad y espera en el Aeropuerto Arturo Michelena ante desvío de operaciones de Maiquetía

Fotografía: Armando Díaz.

A las cinco de la mañana ya había pasajeros formando una fila frente al Aeropuerto Internacional Arturo Michelena de Valencia. Comenzaba a aclarar. Algunos llevaban maletas grandes, otros sostenían carpetas con documentos, boletos impresos y pasaportes. Había niños, adultos mayores y viajeros que habían llegado desde Caracas, Maracay, Barinas y otras ciudades del país para intentar salir de Venezuela por una terminal que, hasta hace poco, no concentraba el volumen de pasajeros internacionales que ahora recibe.

La suspensión y reprogramación de operaciones que tradicionalmente se procesaban a través del Aeropuerto Internacional de Maiquetía obligó al trasladado de la carga aeronáutica hacia Valencia. Hoy, el aumento de viajeros ha dejado al descubierto las limitaciones de una infraestructura que muchos pasajeros consideran pequeña, antigua y poco preparada para manejar la contingencia.

Las filas se extienden por horas. Los pasajeros esperan en el exterior del terminal, con unos toldos recien instalados. Mientras algunos intentan encontrar sombra, otros revisan una y otra vez sus teléfonos para confirmar que el vuelo sigue en pie.

Más organización

Daniel Rangel llegó desde Maracay para viajar con destino a Madrid. Su viaje, que ya incluía escalas y cambios de itinerario, comenzó con varias horas de espera bajo el sol. “Esto es un horror. Debió haber más organización. Hay gente haciendo cola desde las cinco de la mañana y los funcionarios empiezan a llegar a las nueve o nueve y media. No tiene sentido que te digan que vengas seis horas antes, porque la gente tiene ansiedad y termina llegando hasta ocho horas antes por miedo a perder el vuelo”.

Rangel asegura que el problema no es únicamente la espera. También cuestiona que las condiciones del aeropuerto no estén adaptadas para atender a personas vulnerables. A su alrededor había adultos mayores de pie, niños bajo el calor y familias que intentaban organizarse con varias maletas mientras la fila avanzaba lentamente. “Hay personas de 80 años en plena cola bajo el sol. Aquí no se le da prioridad a los niños ni a los adultos mayores. La fila se mueve cada media hora y uno no sabe qué hacer ni a quién preguntarle”.

Su vuelo estaba pautado para las 12:45 del mediodía, pero desde temprano permanecía en el exterior del aeropuerto. La incertidumbre se multiplica porque muchos pasajeros deben asumir trayectos más largos y costosos para llegar a sus destinos, explicó.

En su caso, el vuelo hacia Madrid dejó de ser una ruta sencilla. Ahora debe hacer varias escalas y pagar gastos adicionales que no estaban contemplados cuando adquirió el boleto. “Compré un pasaje con dos maletas, pero en el aeropuerto me dijeron que solo podía llevar una y con menos peso. Tuve que pagar excedente. Entre cambios y equipaje extra, el gasto ha sido de casi 700 dólares. Por cada maleta adicional cobran alrededor de 160 dólares”.

Según explicó, la respuesta que recibió fue que Valencia opera bajo políticas distintas debido a que no tiene la misma condición operativa de Maiquetía. Sin embargo, afirma que situaciones similares también ocurrieron en el principal aeropuerto del país. “Mi esposa viaja por Plus Ultra y le pasó lo mismo. Te venden un boleto con dos maletas y después te dicen que solo es una. Todo el sistema se está aprovechando de la necesidad de la gente”.

Del quinto mundo

Marianela Poleo llegó desde Caracas para viajar a Bogotá. Tiene 77 años y llevaba más de una hora y media de pie en la fila cuando conversó con El Carabobeño. Todavía no había logrado llegar hasta la taquilla de Avianca.

La noticia del doblete sísmico alteró sus planes familiares. Inicialmente, su hija viajaría a Caracas, pero la situación obligó a modificar el itinerario y ahora ella debía salir del país desde Valencia. “Si hubiese podido eliminar el viaje, lo habría hecho. Pero era un viaje planificado y no podía cancelarlo. Venimos desde Caracas y ya son dos horas de carretera para llegar aquí. Después uno se encuentra con esta situación”.

Poleo cuestionó que el aeropuerto no tenga una atención diferenciada para personas de la tercera edad. Aseguró que nadie le ofreció una silla, una fila prioritaria ni información clara sobre cuánto tiempo debía esperar. “Yo tengo 77 años y aquí no hay ayuda para los adultos mayores. Nadie te dice que pases adelante ni te explica nada. Esto es horroroso. Hay un policía que más o menos intenta mantener el orden, pero no es suficiente”.

A pesar del cansancio y la molestia, insiste en que conserva su dignidad. Su crítica se dirige a las condiciones de una terminal que considera incompatible con la importancia de Valencia como ciudad industrial y punto de conexión para viajeros de varias regiones del país.

“Este aeropuerto es de los peores. Uno va a Porlamar o a Puerto La Cruz y ve infraestructuras más grandes. Esto parece una taguarita. Valencia es una ciudad importante y no tiene un aeropuerto acorde a lo que representa”.

Una contingencia, viejas limitaciones

Héctor García, empresario caraqueño con destino a Miami, llegó temprano al aeropuerto y encontró una situación menos caótica que la descrita por otros pasajeros. Sentado en un banco, bajo una zona de sombra, revisaba su tableta mientras esperaba la hora de abordar.

Su ruta incluía una escala en Panamá antes de continuar hacia Estados Unidos. A diferencia de otros viajeros, aseguró no haber sufrido cambios importantes en el costo de su boleto ni inconvenientes con el equipaje. “Yo salí temprano de Caracas, hice el chequeo con la aerolínea y ahora estoy esperando. No es lo mismo que salir por Maiquetía, pero es lo que tenemos. La cola está medianamente organizada”.

García explicó que siguió la recomendación de no llegar con ocho horas de anticipación. Como viajero frecuente, decidió presentarse con un margen más moderado y apenas tenía media hora en el terminal cuando fue entrevistado.

Sin embargo, incluso desde una experiencia menos negativa, reconoce que la infraestructura no ofrece un trato adecuado para todos los pasajeros. Preguntó si existía algún mecanismo de prioridad para adultos mayores y recibió una respuesta negativa. “Me parece injusto, no por mí, sino por personas que están peor. Yo conseguí dónde sentarme, pero hay gente que no puede permanecer tantas horas de pie. Me dijeron que no había privilegios y eso no debería ser así”.

Para García, la contingencia demuestra que Valencia necesita un aeropuerto preparado para asumir un rol regional. Considera que la ciudad podría atender a viajeros provenientes de Maracay, los llanos y otras zonas cercanas, especialmente cuando Maiquetía presenta limitaciones operativas. “Valencia debería tener un aeropuerto grande. Es una zona importante y es el aeropuerto alterno más cercano a Maiquetía. El problema quizás no es la pista, sino las instalaciones del terminal, que son pequeñas y precarias para una ciudad como esta”.

Maletas apiladas

Ana García decidió viajar desde Caracas un día antes. Se hospedó en casa de una amiga en Valencia y llegó al aeropuerto cinco horas antes de su vuelo hacia Bogotá, desde donde continuaría a Orlando.

A las 10:11 de la mañana logró completar el proceso de chequeo. Consideró que la espera fue manejable, aunque reconoció que el panorama cambió a medida que se acercaba la hora de salida de otros vuelos.

“Llegué a las siete de la mañana y me pude chequear a las diez. Fue relativamente decente, pero después empezó a llegar mucha más gente. Colocaron un par de toldos y el día estuvo nublado, así que tuvimos suerte”.

Como viajaba sola, buscó espacios para sentarse y conversar con otros pasajeros mientras esperaba. Para ella, la solidaridad entre quienes estaban en la fila ayudó a reducir la tensión, aunque no resolvió las fallas operativas que observó en el aeropuerto. “La estructura no está preparada para una afluencia como esta. Tenemos que esperar afuera, las maletas están apiladas y no hay una correa adecuada para trasladarlas como en otros aeropuertos. Esas son las principales diferencias”.

García considera que cinco horas de anticipación pueden ser suficientes, siempre que el pasajero se mantenga informado. A su juicio, las recomendaciones de llegar con ocho horas de antelación han incrementado la ansiedad y han contribuido a que las colas se formen desde la madrugada.

“Hay mucho temor y predisposición a que ocurra algún incidente. Por eso la gente llega demasiado temprano. Pero con cinco horas debería ser suficiente si se organiza bien el proceso”, indicó.

Aunque compró su pasaje de ida desde Valencia, para el retorno tuvo que modificar sus planes. Encontró una diferencia de aproximadamente 400 dólares entre regresar directamente a Valencia o hacerlo por Barcelona, por lo que eligió la segunda opción.

El Carabobeño intentó ponerse en contacto con el director del aeropuerto, Efraín Nieto, pero no fue posible concertar una entrevista. No obstante, hace dos meses atrás, Nieto había explicado que tres aerolíneas internacionales operan en el aeropuerto de Valencia: Rutaca, Turpial y Copa. Además precisó que desde el Arturo Michelena salen seis vuelos diarios entre ida y vuelta. "Salen tres, llegan tres". De este modo calcula unos 180 vuelos mensuales.

Es una realidad que fue superada por la contingencia. De manejar unos 300 pasajeros al dia, hoy al aeropuerto pueden llegar más de 2 mil.

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Fotografía: Armando Díaz.
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