Mientras los equipos de rescate removían toneladas de concreto en La Guaira luego del doble terremoto del 24 de junio, otra carrera contra el tiempo comenzaba dentro de los hospitales. Muchas de las personas que sobrevivieron al colapso de viviendas y edificios aún no estaban fuera de peligro: las horas de compresión bajo los escombros podían desencadenar una lesión renal aguda capaz de provocar la muerte en cuestión de horas o días si no recibían atención especializada, incluida hemodiálisis en los casos más graves.
La emergencia ocurrió en un momento complejo para el sistema sanitario venezolano. Apenas semanas antes, a comienzos de junio, pacientes renales de distintos estados del país habían denunciado las dificultades que enfrentan las unidades de hemodiálisis por fallas en el suministro de agua, interrupciones eléctricas, equipos fuera de servicio, déficit de insumos y limitaciones operativas que afectan a quienes dependen de este tratamiento para vivir.
Ante una emergencia con múltiples víctimas de síndrome de aplastamiento, surge una interrogante: ¿estaba preparada la red de salud venezolana para responder a una demanda repentina de pacientes con insuficiencia renal aguda?
Cuando los equipos de rescate lograron sacar a Jesús Enrique Magallanes de entre los escombros, después de casi 24 horas atrapado en una vivienda de cuatro niveles en Playa Grande, La Guaira, había superado la primera batalla: sobrevivir al colapso.
Pero para este comerciante de 56 años el riesgo no terminó con el rescate. El tiempo que permaneció bajo la estructura provocó daños en sus músculos que posteriormente comprometieron sus riñones.
Luego de ser atendido inicialmente en el Hospital Naval, fue trasladado al Hospital José María Vargas del Instituto Venezolano de los Seguros Sociales (IVSS), en La Guaira, donde permanece bajo vigilancia del servicio de Nefrología. Como consecuencia del síndrome de aplastamiento requirió sesiones de hemodiálisis y continúa en evaluación para determinar cómo responde su función renal.
Su caso representa una de las complicaciones más graves que pueden aparecer después de un terremoto: una condición silenciosa que puede causar la muerte horas o días después de que una persona logra salir con vida de los escombros.
El peligro comienza después del rescate
El síndrome de aplastamiento ocurre cuando grandes grupos musculares permanecen sometidos a una presión intensa por estructuras pesadas durante un tiempo prolongado, generalmente entre cuatro y seis horas.
El doctor José Troncoso, especialista en Medicina de Emergencias y Desastres, estuvo atendiendo a víctimas de la tragedia en La Guaira, y explicó a El Pitazo que esta condición no es simplemente una lesión traumática, sino un problema metabólico que ocurre dentro del organismo. «Más allá de pensar en fracturas y heridas, esto es un desastre metabólico por la destrucción interna que ocurre a nivel de las células musculares», señaló.
La presión constante impide que la sangre llegue adecuadamente al tejido. La falta de oxígeno y nutrientes provoca la muerte de las células musculares, un proceso conocido como rabdomiólisis. Cuando el músculo se destruye libera sustancias que normalmente permanecen dentro de las células, principalmente mioglobina y potasio. Mientras la persona continúa atrapada, estas sustancias quedan acumuladas en la zona afectada.
El problema aparece cuando la estructura es retirada y la circulación sanguínea vuelve a restablecerse. «El verdadero inconveniente es que, al liberar la estructura que estaba comprimiendo el tejido muscular, esas toxinas pasan al torrente sanguíneo«, expresó Troncoso.
El potasio en grandes cantidades puede afectar la actividad eléctrica del corazón y desencadenar arritmias potencialmente mortales en las primeras horas posteriores al rescate.
La mioglobina, en cambio, tiene como principal afectación al riñón. Al llegar a este órgano puede producir una lesión renal aguda al dificultar su capacidad de filtrar las sustancias del organismo.
La falla renal no siempre aparece de inmediato
Una de las particularidades del síndrome de aplastamiento es que sus consecuencias pueden aparecer de manera progresiva. Troncoso explicó que el diagnóstico de la lesión renal no necesariamente ocurre en las primeras horas, sino durante la evolución del paciente.
«Con el paso de las horas y los días podemos observar si el potasio sigue aumentando, si hay alteración de la urea y la creatinina pese a la hidratación, o si el paciente no está orinando lo suficiente aunque esté recibiendo líquidos intravenosos», detalló.
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