“Encontrábamos más muertos que vivos”: el testimonio del rescatista costarricense que trabajó en La Guaira

La Guaira

Durante doce días Ricardo Arias durmió poco. Hubo jornadas en las que apenas cerró los ojos unos minutos antes de volver a colocarse el casco, ajustar los guantes y regresar a una montaña de concreto donde aún existía la posibilidad de encontrar a alguien con vida.

Cada jornada comenzaba igual: revisar estructuras inestables, escuchar el sonido de los equipos de búsqueda y avanzar lentamente entre vigas, paredes colapsadas y polvo. Pero casi todas terminaban de la misma manera: recuperando cuerpos.

Arias es coordinador de prensa de la Cruz Roja costarricense y socorrista con años de experiencia en atención de emergencias. Nada, sin embargo, lo había preparado para lo que encontró en Venezuela tras los terremotos del 24 de junio.

Llegó al país el 27 de junio como parte de una misión integrada por 16 rescatistas costarricenses. Permanecieron doce días desplegados en distintas zonas de La Guaira. Allí colaboraron junto a brigadas venezolanas e internacionales en operaciones de búsqueda y rescate.

“Nuestra experiencia fue de muchísimo impacto porque ninguno de nosotros había vivido una escena como la que encontramos aquí. Fue impactante por dos razones: vimos muchísimo dolor, pero también una solidaridad inmensa”.

Su misión concluyó y el equipo emprendió el regreso a Costa Rica. Admite, sin embargo, que parte de ellos seguirá entre los edificios derrumbados, en las familias que conocieron y en las historias que difícilmente podrán olvidar.

Un rescate que desafió todos los manuales

Entre todas las operaciones en las que participaron, una marcó para siempre al equipo costarricense: el rescate de Hernán Gil.

Cuando los sensores y los equipos especializados confirmaron que existía una persona con vida entre toneladas de concreto, comenzó una carrera contra el tiempo que terminaría convirtiéndose en una de las operaciones de rescate más complejas que Arias haya presenciado.

“Tuvimos la bendición de trabajar en el rescate de una persona con vida después de más de 114 horas. Nuestros compañeros lograron ubicarlo y desde ese momento comenzamos un trabajo articulado con equipos de distintas partes del mundo. Lo importante para nosotros es que siempre hubo un costarricense participando en esa operación”, recordó.

El operativo reunió especialistas de Venezuela, México, Chile, Estados Unidos, Portugal, El Salvador y otros países. Todos coincidían en que enfrentaban una intervención fuera de lo común.

Uno de los rescates más complejos de la historia moderna

Para Arias se trató de un rescate frustrante, agotador y muy técnico. Incluso compañeros con muchísima experiencia le decían que nunca habían vivido algo parecido. Para él ha sido uno de los rescates más complejos de la historia moderna.

La complejidad obligó a replantear constantemente las estrategias. Nada funcionó como estaba previsto.

En el caso de Hernán se hicieron cuatro intentos. Los tres primeros fracasaron. Probaron con retroexcavadoras, abrieron túneles por distintos lados y tuvieron que replantear todo una y otra vez. Al final, con la incorporación de otros equipos internacionales, lograron concretar el rescate.

Cuando finalmente Hernán salió con vida de entre los escombros, el agotamiento dio paso a una emoción difícil de describir. “Uno se lleva esa alegría incomparable de verlo salir con vida. Saber que no solo sobrevivió, sino que ya recibió el alta médica nos llena de satisfacción. Si hicimos mucho o poco en Venezuela, todo se hizo con amor”.

Cuando ayudar significa elegir a quién intentar salvar

El momento que más marcó emocionalmente a Arias no ocurrió dentro de un edificio, sino apenas llegó a La Guaira. Recuerda una larga fila de personas esperando la llegada de los rescatistas. Cada familia tenía la misma petición: que buscaran a un ser querido atrapado.

“Apenas llegamos había una fila enorme de gente pidiéndonos que rescatáramos a sus familiares. Uno se preguntaba: ¿cómo hago si solo somos dieciséis? ¿A quién ayudo primero? Esa sensación de no poder responder a todas las personas es algo que te golpea profundamente”.

Aunque está acostumbrado a trabajar en emergencias, insiste en que el uniforme no elimina las emociones. “A pesar de ser rescatistas seguimos siendo seres humanos. Claro que nos impacta enfrentar una realidad como esta. Lo que vimos aquí superó nuestras capacidades emocionales”.

Durante el rescate de Hernán incluso hubo momentos en los que la continuidad de la operación estuvo en duda.

“Llegó un punto en el que varios rescatistas nos decían que entrar nuevamente a esa estructura era demasiado peligroso y que podíamos morir. Esa es la parte más difícil: ver tanta necesidad y entender que uno no puede hacerlo todo”.

Recuperar cuerpos también significa aliviar el dolor

Con el paso de los días, las probabilidades de encontrar sobrevivientes disminuyeron drásticamente. Las operaciones comenzaron a cambiar de naturaleza. Donde antes existía la esperanza de escuchar golpes o voces bajo los escombros, ahora predominaban las labores de recuperación de víctimas.

“Lamentablemente encontrábamos más muertos que vivos”, dijo mientras se llevaba la mano a la frente.

Esa realidad también estuvo presente durante el rescate de Hernán. “Mientras abríamos túneles para llegar hasta él nos encontramos con varios cuerpos. Recuerdo claramente dos de ellos. Era algo constante. En esas labores aparecían más fallecidos que sobrevivientes”.

Aunque reconoce la dureza de ese trabajo, explica que recuperar un cuerpo también representa una forma de ayudar. “Los sacábamos porque sabíamos que entregar un cuerpo significa muchísimo para una familia. Es una forma de aliviar parte de ese dolor. Eso ocurría prácticamente a cada minuto”.

Las primeras 72 horas cambian el desenlace

Después de participar en las operaciones en Venezuela, Arias insiste en un aspecto que los especialistas en rescate repiten constantemente: las primeras horas posteriores a un terremoto son determinantes.

Explica que siempre se necesita ayuda, pero la realidad es que las primeras 72 horas son las más importantes porque todavía existe una posibilidad mucho mayor de encontrar personas con vida. Después las necesidades cambian.

Aclara que esa dificultad no depende únicamente de la capacidad de respuesta de un país. En cualquier parte del mundo movilizar una respuesta internacional toma tiempo. Esa es precisamente una de las razones por las que estas tragedias son tan complejas.

Antes de intervenir cualquier estructura, los equipos siguen una metodología estricta. Primero se evalúa dónde está la persona que se va a rescatar. Después viene toda la parte de seguridad para proteger tanto a la víctima como a los rescatistas. Solo entonces se diseña la estrategia. Arias incluso puntualiza que no existe una receta mágica. Cada edificio y cada rescate son completamente distintos.

Una solidaridad que también salvó a los rescatistas

Si hay una imagen que Arias llevará consigo al regresar a Costa Rica no será únicamente la de los edificios destruidos.

También recordará los vasos de café que aparecían sin que nadie los pidiera, las botellas de agua ofrecidas por vecinos que habían perdido sus casas y las palabras de agradecimiento de personas que atravesaban el peor momento de sus vidas.

“Muchos de los rescatistas que vinimos somos voluntarios. Pagamos parte de nuestros propios gastos para poder estar aquí. Aun siendo autosuficientes, la gente siempre llegaba con agua, café o comida. Nunca porque se lo pidiéramos, sino por agradecimiento”. Para él, esa respuesta espontánea terminó convirtiéndose en una de las lecciones más valiosas de la misión.

“La solidaridad ganó sobre el dolor. La gente nos felicitaba y nos daba las gracias antes de pedir ayuda. Eso habla muchísimo de los venezolanos. No eran exigencias; todo lo hacían con cariño, respeto y amor”. Incluso fuera de las zonas de desastre siguió encontrándose con ese mismo espíritu.

“Ayer fui a una farmacia y una señora quiso ayudarme en todo lo que pudo. Me impresionó porque era una situación que ni siquiera era responsabilidad de ella. Eso habla muy bien del pueblo venezolano”.

Arias está convencido de que esa capacidad para tender la mano será una de las herramientas más importantes durante la reconstrucción. “Ustedes tienen algo que otros países no tienen: ese amor por ayudar al otro. Con la resiliencia que demostraron durante estos días estoy seguro de que van a salir adelante y, con el tiempo, estarán mucho mejor de lo que están ahora”.

Cuando el avión despegó rumbo a Costa Rica, el equipo dejó atrás una de las misiones más exigentes de sus carreras. Se marcharon con el cansancio acumulado de doce días entre escombros, con imágenes que difícilmente desaparecerán de su memoria y con la satisfacción de haber contribuido a salvar una vida en medio de una tragedia que dejó miles de víctimas.

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