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Gerardo Rangel Sánchez

Su construcción comenzó en 1815 y fue puesto en servicio en 1820, lleva el nombre del mariscal Pablo Morillo, quien según algunos historiadores, luchó por la independencia de nuestro país. Otros por el contrario, dicen que fue un cruel militar que extendió la “guerra a muerte” hacia la Nueva Granada. Desde su inauguración no ha parado de prestar servicio a la ciudad como eterno vigilante del río Cabriales, uniendo las parroquias Catedral y San Blas cuando el ruido de carruajes y caballos eran los más habituales. 

En 1903 fue llamado Restauración pero, el valenciano siempre lo llamó Puente Morillo. El más antiguo del casco central. Son muchos los habitantes de la ciudad, quienes han hecho de ella su hogar, que han caminado por este puente contemplando las tranquilas aguas del río Cabriales. El tiempo fue pasando y los vehículos tomaron las vías, la circulación constante de estos agudizaron el daño en su estructura.  

Durante la gestión del alcalde Edgardo Parra fue sometido a una restauración completa. La iluminación fue instalada en la totalidad de la estructura, incluso  en las bóvedas del puente, se prohibió el paso vehicular, además se le pusieron unas láminas de metal para reforzarlo. 

Lamentablemente la falta de conciencia ciudadana y vandalismo acabaron con la nueva cara del puente. Harol Manjares quien descansaba bajo la sombra, manifestó que estaba descuidado. Antes las personas se sentaban un rato a leer el periódico ahora esto, está solo, comentó. 

La iluminación está totalmente desmantelada, el aviso que identificaba el puente y relata su valor histórico está destruido por un graffiti, Las barandas y asientos se convirtieron en rampas improvisadas para las patinetas 

Lo que  antes era la entrada principal a Valencia en época de la colonia y que conectaba con la antigua calle Real hoy Colombia se convirtió en otra estructura más, olvidada por la colectividad y las autoridades regionales y locales. 

Para Félix Araujo quien tiene más de 60 años viviendo en San Blas, la construcción del Skatepark cerca del puente empeoró las cosas, ya que en las aceras y bancos se puede apreciar las marcas de las patinetas. Hace falta más vigilancia, acotó. 

En total estado de deterioro calificó Francisco Reverón. El problema está en la falta de cultura y de querer su patrimonio sentenció. Además de la falta de vigilancia, para este valenciano que tiene más de 65 años viviendo en San Blas no hay quien rescate el patrimonio histórico de la ciudad que tanto lo necesita. 

La mirada indiferente de muchos habitantes de Valencia ha causado que grandes obras y museos de la ciudad estén en el olvido, solo viven en la memoria de los abuelos que con tristeza contemplan cómo se destruye la capital carabobeña. El llamado es para el alcalde de la localidad y al gobernador Francisco Ameliach para que tomen cartas en el asunto. La restauración del patrimonio del estado es urgente. De sus ruinas sería poco lo que se pudiera hacer. Ahora, ya hay que desarrollar una campaña de información para crear el sentido de pertenencia que debemos tener quienes aquí vivimos. 




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