Simpatizantes del candidato Luiz Inácio Lula da Silva celebran los resultados de las elecciones hoy, en una plaza en la zona sur de Río de Janeiro (Brasil). Foto EFE.

En las elecciones más polarizadas de la historia del mayor país de América Latina, el nuevo presidente volverá a definirse en un ballottage tras un resultado que pocos preveían: el exmandatario Luiz Inacio de Lula da Silva, que confiaba en un triunfo en primera vuelta, logró el 48,2% de los votos válidos y competirá con el presidente ultraderechista Jair Bolsonaro, que alcanzó el 43,3%, con el 99,4% de los votos escrutados, muy por encima de lo que anticipaban las encuestas, y que llegará con aspiraciones renovadas al segundo turno, el 30 de octubre.

Para Lula, que buscaba dar un golpe de efecto en su resurrección política tras el trauma de las condenas por corrupción, el estrecho resultado, con una diferencia cinco millones de votos, marcó un frenazo que nadie esperaba en el Partido de los Trabajadores (PT), entusiasta en el cierre de la campaña. En cambio, para Bolsonaro -que en 2018 había sorprendido al mundo al derrotar en ballottage al entonces delfín de Lula, Fernando Haddad- resultó un envión que le permitirá encarar con otras aspiraciones las cuatro semanas que restan hasta el ballottage, que se anticipan dramáticas, reseñó La Nación de Argentina.

Ahora se abre otra pulseada de la campaña electoral, en la que los dos candidatos tendrán que reenfocar sus estrategias en seducir a los votantes de Simone Tebet (MDB, 4,23%) y de Ciro Gomes (PDT, 3,06%), además de lo obtenido por otros siete contendientes, los votos blancos, nulos y los que se ausentaton. Los desempeños de Tebet y Gomes estuvieron por debajo de los previsto, lo que refleja un grado de polarización entre antipetismo y antibolsonarismo de niveles inéditos.

En la campaña de Lula se aferran a un dato clave: desde le redemocratización en Brasil, en 1985, siempre el candidato más votado en primera vuelta resultó vencedor en el ballottage, como pasó con el propio líder del PT en 2002 y 2006. En un recuento dramático, que lo mostró a Bolsonaro en primer lugar desde el inicio, solo cuando el Tribunal Superior Electoral publicó el 70% de los votos válidos Lula pasó al frente. Esa actualización fue recibida con alivio por los simpatizantes del PT, en San Pablo concentrados en la Avenida Paulista a la espera de que Lula vaya después del conteo.

Bolsonaro, que en esta primera vuelta obtuvo una cifra similar a la que logró en 2018 (46,03%), alcanzó un resultado que pocos preveían al hacerse muy fuerte en sus bastiones, las regiones centro-oeste y sur. Esta mañana, luego de emitir su voto en una escuela militar de Río de Janeiro, se había mostrado confiado en una victoria en primera vuelta. “Elecciones limpias tienen que ser respetadas, que gane el mejor”, dijo el presidente, que durante la campaña puso en duda que fuera a aceptar los resultados de las elecciones y sembró dudas sobre el sistema de voto electrónico.

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