Hoy, a las 6:04 minutos de la tarde seguramente todo un país estará en oración. Un mes después de la peor tragedia de la historia venezolana, el dolor sigue intacto, tan inmenso como el primer día. Los fallecidos se cuentan por miles, pero también los sobrevivientes. Sus historias hablan de una Venezuela de abandono gubernamental, casi sin excepción, pero también de acompañamiento solidario de aquél que con las manos ayudaba a quitar escombros. Apareció desde el primer momento, desde que se pudo empezar a reaccionar. La característica del venezolano, esa que nos define en cualquier país del mundo, salió a flote con toda su contundencia.
A esa hora, el Día de San Juan, 24 de junio de 2026, la tierra se estremeció. Un terremoto de 7,2 acabó con la tranquilidad en varios estados del país. Unos 39 segundos después, un nuevo sismo, pero esta vez de 7,5 de magnitud, acabó con 190 edificios, según el gobierno.
A un mes de los terremotos
Las cifras oficiales dan cuenta de 5 mil 398 fallecidos, 16 mil 740 heridos y 6 mil 462 personas rescatadas. Según estos números, hay 29 mil 500 desaparecidos en 23 mil 335 personas están en 107 refugios en todo el país.
Quienes sobrevivieron aseguran que es la peor tragedia que ha azotado al país, incluso por encima de los deslaves de 1999 , con una cifra imprecisa de muertos, que algunos ubicaron en más de 20 mil. También más que en las lluvias de 2010 que ocasionaron 25 muertos y más de 50 mil afectados. Mayor, incluso, que los terremotos del 26 de marzo de 1812 ( entre 8 mil y 12 mil muertes) y el 29 de julio de 1967 (283).
19 muertes en Carabobo





En Carabobo, las primeras informaciones referían 16 viendas colapsada en Colinas de Morón y 250 familias afectadas. En este municipio murieron 15 personas murieron a causa del derrumbe de varias viviendas. Otras tres perdieron la vida en San Diego a consecuencia de infartos y una en Puerto Cabello, atacada por abejas.
Hubo algunas afectaciones menores en insfraestructuras en Valencia, aunque la Academia de la Historia regional alertó en torno a las condiciones del patrimonio arquitectónico. En Puerto Cabello el patrimonino hist{orico y varias casas también sufrieron los embates del doblete sísmico.



Según cifras del gobernador Rafael Lacava, en el estado hubo mil 355 vivienda fiueron afectadas, 787 con pérdida total.
En el estado Falcón se reportaron 12 fallecidos tras el colapso del edificio La Mar Suite en Tucacas. En Aragua hubo 18 muertes, 16 de ellas en el municipio Mariño, donde colapsó una torre del edificio Bosque Lindo; una en la Colonia Tovar y uno en el municipio Bolívar.
Según el diario Ultimas Noticias, en Caracas, el 24 de junio siete edificios se desplomaron, cuatro en Libertador y tres en Chacao. Las cifras de Miranda no aparecen desglosadas. Pero la mayor afectación estuvo en Vargas, hoy estado La Guaira.
La "Suma" de desaciertos del urbanismo Hugo Chávez
Caminar por las calles de La Guaira es una prueba de resistencia y de fe. Llanto, miradas perdidas, personas trabajando con las uñas para rescatar sobrevivientes. Pero, sobre todo, ruinas, escombros y mucha tristeza
El 27 de junio un equipo de El Carabobeño llegó a Catia La Mar. Casas en ruinas y un olor penetrante definían el panorama cerca del terminal de la zona. Largas colas de personas esperando por medicinas, comida y ropa se apreciaban a lo largo de las calles y cerca de los centros instalados para albergar médicos, voluntarios y personal de seguridad.
Cada historia era absolutamente desgarradora. Estaba la mamá que se culpaba por haber dejado a su hija de 19 años sola mientras iba a comprar pan. También la abuela que lloraba por su nieta, atrapados en los escombros de las casas de la urbanización Hugo Chávez, en Playa Grande, en el sector conocido como Suma.
La historia de este complejo habitacional, explicada por el portal Armando.Info, salta a la vista apenas se llega al lugar. Las estructuras de cuatro pisos elaboradas con base en un "sistema constructivo de Marcos Ligeros de Acero Galvanizado” se habían caído, ladeado o quemado. Pocas permanecen erguidas, pero son inhabitables. Justo allí se apreciaban personas durmiendo en la calle, con techos de sábanas amarradas a los carros, dentro de un autobus, en carpas y algunos a la intemperie. Cuidaban sus pertenencias algunos, otros no querían ir a refugios y otros, aún no reaccionaban.
Ahora me toca dormir en el piso
Los relatos se sucedían uno tras otro. Una señora, de avanzada edad, se lamentaba de haber llegado tarde a la repartición de colchones. "Ahora me toca dormir en el piso, sobre unas sábanas". Afortunadamente algunos vecinos se estaban organizando para apoyarla.
La noche del 27 de junio, en Suma, muchos pedían que alguien fuera a rescatar los cadáveres, porque ya se estaban descomponiendo. Estaban en las casas destruidas, justo frente a donde acampaban algunos sobrevivientes. Este clamor fue escuchado al día siguiente.
El incumplimiento de normas de construcción, reconocido por especialistas, acabó con la vida de un número impreciso de personas en el urbanismo Hugo Chávez, en Suma. Las casas en el piso o en pie pero a punto de caer, ratifican estas versiones.
Durante el segundo viaje del equipo de El Carabobeño, el domingo 12 de julio. El panorama en Suma lucía similar, aunque con algunas casas, muy pocas, ya completamente demolidas. En el estacionamiento del Farmatodo de la zona, que fue saqueado en los días inmediatos a los terremotos, aún permanecían damnificados. También se observaron, como al principio, los carros de personas con ayuda y las colas que se forman en torno a ellos.
Playa Grande, devastada

Playa Grande seguía igual, con los edificios destruidos o a punto de caer. El hotel Marriot, sin la mayoría de sus paredes, se convirtió en un foco de la tragedia en la zona. Pero eran muchos más. En esta fecha, en un pequeño edificio aún permanecían varios cuerpos, entre ellos el del capitán de la selección de Volibol de La Guaira. Los rescatistas estaban en las zonas de mayor destrucción, como Caraballeda.

Pero en playa Grande, la devastación fue enorme. El edificio El Jurel, a orillas del mar, perdió la mitad de su estructura. Al lado, otros no fueron tan resistentes. Donde antes había una hermosa construcción, sólo quedaban escombros.
Y las historias de sus protagonistas se repetían. El hombre que del pent house bajó hasta planta baja por una tubería de aguas negras. O la joven que estaba en el piso nueve y hoy su novio la busca en los escombros que están en el sótano de la estructura.
La montaña de escombros
Recorrer desde Catia La Mar o Playa Grande hasta Caraballeda o Tanaguarenas es un verdadero reto. A un mes de los terremotos de 7.2 y 7.5 de magnitud, el panorama sombrío se mantiene. Es un trayecto que puede superar la media hora en carro, treinta largos minutos que muestran una realidad aterradora.
Decenas de negocios en ruinas, restaurantes y centros comerciales que albergaban turistas y que hoy sepultan cuerpos de desprevenidos comensales o visitantes que no imaginaban un futuro inmediato de esa magnitud. Hay también terrenos en los que las casas desaparecieron. Edificios que aún sin paredes se mantienen erguidos, al lado de aquellos que no resistieron el embate de la naturaleza.


Y más adelante, una Caraballeda entristecida, con sus cimientos estremecidos, llenos de escombros pero también de cuerpos que aún no han podido ser localizados por los cientos de voluntarios que desde el primer día se sembraron en La Guaira para rescatar a conocidos y desconocidos, vivos o no, una tarea que aún no para ni amaina.
En Caraballeda, edificios de lujo junto a otros menos vistosos, hoy yacen afectados o completamente en el piso. Las construcciones del gobierno forman parte de este panorama.
La Oppp26, cerca de la avenida José María España, entre playa Sheraton y los Cocos, es uno de los peores escenarios. Allí seis torres forman una montaña de escombros. Los edificios A,B,C, G,H,I, cada uno de 12 pisos, se derrumbaron. Alrededor de ellas, otras seis torres, tres a cada lado, quedaron en pie, pero inservibles.

De estas construcciones levantadas por el gobierno de Hugo Chávez para damnificados de los deslaves nada quedó. Al trepar la montaña de escombros se encuentran especies de campamentos de familiares y de rescatistas que cavan cuevas para llegar a donde, se cree, hay personas. Hoy rescatan cuerpos, pero al menos le dan a los familiares la tranquilidad de poder darles una digna sepultura. Faltan muchos para llegar a la totalidad de 29 mil 500 desaparecidos
Cuatro estacas y un techo, por lo general de tela, albergan a grupos de personas que lograron determinar que en esa zona pueden estar los restos de familiares. En estos campamentos sobre los escombros se trabaja con mucha dificultad. Básicamente con las manos, algunas veces, no siempre, cubiertas por guantes.

Esta es una de las zonas que, por los daños, más reúne a esos héroes que arriesgan su vida por salvar la de otros o, al menos, darle tranquilidad a los familiares. La mayoría es familiar de alguna persona que aún no ha podido ser rescatada o voluntarios que desinteresadamente llegan a ayudar. De hecho, el 13 de julio fueron varios los cuerpos rescatados en esta zona: Una adulta mayor y su hija y dos niñas de menos de seis años, forman parte de estas estadísticas.
Con mecates tiran de las columnas y vigas, abren cuevas y buscan cuerpos. Esto ocurre mientras cientos de familiares, especialmente mujeres, esperan en los alrededores con la mirada perdida. No todos hablan, algunos se ocupan en "trabajos" que les permiten ocupar la mente. Una señora limpiaba la acera, justo frente a la montaña. Retiraba plásticos, botellas, vasos. Desde el 24 de junio está en el sitio y no piensa moverse. Cada día espera que los rescatistas puedan rescatar los cuerpos de su mamá, su hija y su nieta.
Está también quien espera por el rescate de su hijo, al que buscó en la morgue y en cada hospital. "Si no está allá, está aquí", dice mientras reclama al gobierno la falta de ayuda con maquinarias y personal para remover escombros. Ella se queja por el poco apoyo del gobierno en maquinarias y personal para remover los escombros, mientras en las decenas de alcabalas en las calles de La Guaria, cientos de funcionarios sólo están ocupados en impedir el paso por algunas zonas.
En esta zona las tareas no paran. Durante las 24 horas hay gente trabajando. Esmeriles, picos, palas, en su mayoría donados por particulares o aportados por familiares, trabajan incansablemente. . Un mes después de esta tragedia, el trabajo no para. Aún hay muchos cuerpos por rescatar.









