Aranza Hernández es una joven de 20 años que estuvo detenida por motivos políticos desde noviembre de 2025. Tras salir de prisión, contó que ahora debe cumplir un régimen de presentación cada 30 días, pero asegura que “no es momento de callar”. Su prioridad se centra en visibilizar la situación de sus familiares y compañeras que aún continúan en prisión.
La detención de Aranza, madre de una niña de cinco años, ocurrió de forma arbitraria en Maracaibo, estado Zulia, cuando los funcionarios ingresaron a su vivienda sin ninguna orden de aprehensión. Las autoridades la interrogaron insistentemente sobre su hermano Cristian Hernández, un militar exiliado en Estados Unidos a quien ella no veía desde los 8 años de edad. Durante el procedimiento, los agentes la encapucharon y la trasladaron a Caracas en un viaje a ciegas, reseñó Runrunes.
En una entrevista concedida desde El Rodeo I a la periodista Maryorin Méndez, la joven manifestó: “Sé que ya no va a haber más aprehensión, porque sé que es el momento donde yo me puedo expresar y decir que todavía quedan presos políticos”.
15 días de horror en la Dgcim
Aranza pasó sus primeros 15 días de cautiverio en los sótanos de la Dirección General de Contrainteligencia Militar (Dgcim) en Boleíta. La joven describió el lugar de encierro como una estructura inhumana. “Eso parecía como una perrera porque era algo súper pequeñito y con cuatro rejas; yo sentía que era un perro en ese momento”, denunció sobre las condiciones de su celda.
En ese sitio sufrió torturas físicas y psicológicas, agravadas por su condición de asmática mientras permanecía con el rostro cubierto. “Viví 15 días horribles. O sea, tortura psicológica, tortura física, porque simplemente por el hecho de que me tenían con la cara tapada, sabiendo que yo era asmática, literal, era una asfixia lo que ellos me estaban haciendo”, recordó.
La joven señaló que los funcionarios le cuestionaban constantemente sobre su hermano y si había hecho algún trabajo para él. “Solamente me preguntaban por mi hermano y que cuál mandado le había hecho”, dijo.
El 13 de enero de 2026, los custodios la trasladaron al centro de reclusión femenino Las Crisálidas. Aranza asocia su liberación directamente con los recientes acontecimientos políticos de Venezuela. “Si no hubiese caído el presidente, yo seguiría en las manos del Dgcim, todavía siguiera en aquel lugar del cual la gente me decía que no iba a salir”, sentenció.
Una familia perseguida
El entorno familiar de Aranza sufrió de manera directa la persecución del Estado. Las autoridades detuvieron en total a cinco miembros de su núcleo por el único motivo de ser parientes del Teniente Cristian Hernández. Entre los arrestados figura su hermana Samantha, una adolescente de 16 años que fue excarcelada en mayo; y su cuñada Maykelis Borges. “Hoy, para la gloria de Dios, también está en libertad con su bebé Christofer, quien nació atrás de las rejas”, celebró.
La mayor preocupación de la joven se concentra en su primo Ariel Alberto Camargo y su tío Henry Alberto Castillo. “Ellos por ser familia de un militar exiliado hoy viven la tristeza y la soledad tras aquellas rejas, con la esperanza de algún día salir de ese lugar”, lamentó Aranza, detallando que descubrieron el paradero de su tío en el Rodeo I tras pasar más de un año desaparecido.
Vocera de las que quedan atrás
La joven mostró una carpeta con los nombres de varias mujeres que conoció en prisión y exigió la liberación inmediata de todas ellas. Entre los casos que mencionó destacan las juezas Maurelis Vilches y Helen Ojeda, ambas acusadas de terrorismo. También denunció la situación de las ciudadanas ecuatorianas Cinthia y Sonia, detenidas en Apure bajo cargos de terrorismo y trata de personas por el hecho de ser extranjeras.
La lista de la joven incluye a Anny Moreno, de 19 años, acusada de fraude electrónico; a Lenny Cruz y Kristina Antonorsi, procesadas por el caso Pdvsa; y a Yazmín Fajardo, arrestada por exigir en redes sociales la libertad de su esposo. Aranza también recordó conmovida el caso de Víctor Hugo Quero, quien murió bajo custodia en julio de 2025 y el Estado ocultó su muerte durante casi 10 meses.
Los últimos dos días han sido de total desvelo para Aranza debido al impacto emocional del reencuentro con su hermana Samantha y la readaptación a la calle. “Me tengo que enfrentar a muchas cosas, tanto adaptación para mí… tengo dos días que no duermo… no he pegado ni un ojo”, confesó sobre sus primeras horas fuera de prisión.
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