Vista aérea de personas manifestándose con una bandera nacional chilena gigante contra el gobierno del presidente chileno Sebastián Piñera en Santiago, el 8 de noviembre de 2019. AFP

Una multitudinaria marcha pacífica en Santiago terminó en incidentes que provocaron un incendio en una universidad y saqueos en una iglesia para quemar su mobiliario en una barricada, entre otros incidentes en Chile, que luce perplejo ante un descalabro social que cumplió tres semanas el viernes.

Unas 75.000 personas, según la Intendencia, asistieron a la llamada tercera «marcha más grande de Chile», en la céntrica Plaza Italia de Santiago, donde a pocos metros y en medio de disturbios se quemó parte de la sede de la privada Universidad Pedro de Valdivia, que alberga las oficinas de la rectoría de la institución.

El Intendente Metropolitano, Felipe Guevara, aseguró que «tras un marcha donde acudieron cerca de 75.000 personas, comenzaron a haber varios disturbios con barricadas».

La casa patrimonial, construida en 1915, comenzó a quemarse cuando manifestantes encapuchados se enfrentaron con agentes antimotines. Lo primero que se vio arder fue el techo de madera de la edificación hasta donde los carros de bomberos tuvieron problemas para llegar porque había manifestantes, informó la Intendencia.

Muy cerca de la universidad quemada, un grupo de encapuchados saqueó una iglesia histórica, la Parroquia de La Asunción construida en 1876, y utilizó parte de su mobiliario para encender barricadas.

La concentración en Plaza Italia fue la tercera convocada por redes sociales y buscaba igualar la del 25 de octubre que reunió 1,2 millones de personas en la misma plaza, seguida por otra no tan masiva el 1 de noviembre.

Pero los incidentes violentos, liderados por encapuchados que se suceden desde el 18 de octubre también han desinflado un poco el movimiento que sin embargo no dejado de protestar día tras día.

«Desafortunadamente las necesidades de la gente están siendo el ‘Caballo de Troya’ para todo lo malo que está pasando en la calle», dijo Hernán, conserje de un edificio de Santiago, de 60 años.

En la noche, grupos de manifestantes bloquearon vías en las comunas de Providencia y Las Condes, de comercio y residencias acomodadas, donde armaron barricadas con basura y mobiliario público para incendiarlas en medio de gritos y cánticos en contra del gobierno.

Incomprensión

Vista de un vehículo de la policía antidisturbios durante los enfrentamientos con manifestantes en Santiago, el 8 de noviembre de 2019. AFP

Desde aquel viernes 18 de octubre, cuando el aumento en la tarifa del metro destapó la ira en las calles de Santiago, los chilenos reclaman contra las desigualdades en un país con una economía próspera de libre mercado pero con un Estado ausente o laxo en educación, salud y pensiones.

Veinte muertos y más de mil heridos han dejado las manifestaciones con disturbios que han golpeado a pequeños y medianos empresarios de una de las economías más estables de América Latina.

El pueblo se manifiesta contra el gobierno del presidente chileno Sebastián Piñera en Santiago, el 8 de noviembre de 2019. AFP

Felipe Berríos, sacerdote jesuita y referente de opinión pública, dijo a la AFP que cree que el gobierno de Sebastián Piñera, uno de los hombres más ricos de la región, ha sido muy lento para reaccionar, porque justamente está tocando intereses de los más poderosos.

«Hay cosas urgentes como el tema de las pensiones, el sueldo mínimo (de 418 dólares). Eso es para calmar la fiebre, pero para terminar con la enfermedad se requiere hacer un cambio de Constitución, ya que tenemos una que protege el privilegio de algunos, entonces es un desafío mayor y por eso es que hay tanta tensión», indicó Berríos.

Una reforma a la carta magna, heredada de la dictadura de Augusto Pinochet (1973-90), parece ser la clave para salir de una crisis que el gobierno se empeña en tratar como un tema de desorden público.

Un manifestante grita a la policía antidisturbios durante una protesta contra las políticas gubernamentales en Santiago, el 7 de noviembre de 2019. AFP

La activista Javiera Parada, exagregada cultural de Chile en Estados Unidos durante el gobierno de la socialista Michelle Bachelet (2014-18), considera que «claramente ha habido una falla en el sistema político». «El descontento ciudadano es con una política que no está al servicio de la gente», dice.

Parada renunció al partido de izquierda Revolución Democrática tras rechazar el respaldo que esa agrupación le dio a una acusación constitucional para destituir a Piñera. En una carta pública, pidió a sus pares responsabilidad política y unidad.

«Cuidado con bajar los estándares democráticos cuando nos conviene», advirtió esta actriz y política, de 45 años, cuyo padre, José Manuel Parada, fue asesinado durante la dictadura.

Como promotora de cabildos ciudadanos, Parada cree que un proceso Constituyente podrá descomprimir la movilización.

Un manifestante es arrestado durante las protestas contra el gobierno del presidente chileno Sebastián Piñera en Santiago, el 8 de noviembre de 2019. AFP

Para Chile, que estuvo 17 años bajo una dictadura -que dejó 3.200 muertos y más de 1.000 desaparecidos-, significó un gran desafío unirse para sacar al dictador a través de un plebiscito, en 1988.

«El siguiente desafío fue terminar con un 40% de pobreza y un 20% de indigencia extrema», recordó Berríos, fundador de la ONG Techo.

A medida que el país crecía afrontó retos para instaurar derechos civiles, pero ahora «tenemos un desafío que es más complejo, porque tiene que ver con un mejor trato entre los chilenos, que no haya un chileno de primera ni de segunda clase», agregó.

La crisis se alarga, los reclamos de un movimiento sin líderes identificables suben y bajan al ritmo de likes y ‘trending topics’ en las redes sociales, y Piñera luce desorientado para calmar la calle. AFP




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