La crisis eléctrica es innegable. Los venezolanos ya tienen casi dos décadas sufriéndola. Pero desde hace algunas semanas se ha intensificado con apagones de entre cuatro hasta las 12 horas que afectan rutinas del día a día e impiden que la industria se recupere.
El ingeniero Nizar Richani apuesta por la incorporación del sector privado como parte de la solución. "No podemos hablar de reestructuración y de relanzamiento industrial y productivo si no tenemos una energía confiable que dé respuesta a lo que necesitamos en Venezuela."
La respuesta oficial ante la crisis reciente llegó de Delcy Rodríguez, presidenta encargada de Venezuela. El 21 de marzo anunció un plan energético de 45 días por el aumento de las temperaturas, argumentando que durante ese período los rayos del sol caerían directamente sobre Venezuela, y apeló a la conciencia ciudadana para avanzar en un plan de ahorro de energía eléctrica.
Días después decretó la Semana Santa completa de asueto para el sector educativo y el sector público como parte de ese plan de ahorro. También sostuvo que la capacidad de generación eléctrica se ha venido recuperando con esfuerzo propio, pero reconoció que no es suficiente para la demanda ni para el proceso de crecimiento económico, y volvió a señalar las sanciones internacionales como parte de la crisis en el sector.
La crisis eléctrica: un modelo abandonado desde 2007
Para Richani, las explicaciones oficiales no tocan el fondo del problema. En su análisis, el origen de la crisis actual se remonta a una decisión política tomada hace casi dos décadas. A partir de 2007, Venezuela abandonó el modelo de redundancia eléctrica que funcionaba: un esquema en el que, si el sistema nacional fallaba, ciudades como Caracas o Valencia contaban con sus propias termoeléctricas regionales listas para entrar en operación.
Empresas como Electricidad de Caracas y Electricidad de Valencia —que no solo distribuían y comercializaban, sino que también generaban energía con plantas propias— pasaron al sector público y ese circuito de respaldo comenzó a deteriorarse.
Lo que hoy padece el venezolano es, en su lectura, la consecuencia directa de centralizar toda la gestión eléctrica en el Estado y descuidar las termoeléctricas regionales. El resultado es una dependencia peligrosa de un solo hilo de transmisión, sin capacidad de respuesta descentralizada ante cada falla del sistema central. En 2008, un año después de la nacionalización del sistema eléctrico, se registró un apagón que afectó a 10 estados del país, marcando el inicio de una larga historia de crisis en el sector.
Este diagnóstico coincide con lo que técnicos e investigadores han documentado durante años. El sistema hidroeléctrico, construido entre las décadas de 1960 y 1980, se ha visto afectado por mantenimiento deficiente, falta de suministros de energía alternativa y una fuga de talento en ingeniería, con aproximadamente 8 millones de venezolanos emigrados en los últimos años. Agencias internacionales han señalado que numerosos expertos atribuyen los cortes frecuentes a la corrupción y a la falta de inversiones en las redes de distribución.
Soluciones en la mesa
Además de integrar al sector privado para resolver la crisis eléctrica, Richani planteó descentralizar la respuesta, devolviendo a las regiones la autonomía para operar y mantener sus propios sistemas.
También insistió en que se requiere reactivar el respaldo térmico, recuperando las plantas locales para que el venezolano no quede a merced de cada falla del sistema central. "Hay que tomar esa decisión para tratar de solventar esta crisis cuanto antes”.
La urgencia de esas decisiones se hace visible en lo que ocurre semana a semana en Carabobo. El 10 de abril, Valencia sufrió dos cortes en el mismo día: uno de más de cuatro horas en la mañana y otro nocturno que se prolongó hasta pasadas las 11:30 de la noche, afectando también a Naguanagua, San Diego, Los Guayos y zonas de Maracay.
El 29 de marzo, misiones técnicas de Siemens y General Electric visitaron el complejo hidroeléctrico del Bajo Caroní para evaluar las unidades más críticas de generación eléctrica, aunque hasta el momento no se conocen resultados de esas visitas.
Para Richani, el mensaje es claro: "Sí hay solución, pero requiere decisiones políticas y gerenciales valientes e inmediatas."
Molestia e impotencia
La molestia llegó a las calles. La noche del viernes 10 de abril de 2026, vecinos de la parroquia Miguel Peña se concentraron frente a la planta eléctrica Ricardo Urriera, al sur de Valencia, para protestar por cortes que en sus comunidades se prolongan hasta 12 horas continuas.
Un funcionario de Corpoelec que atendió a los manifestantes reconoció que los cortes son de cuatro horas, pero los vecinos aseguraron que los apagones llegan a durar hasta 12 horas. La escena en la capital de Carabobo resume con precisión lo que Richani, integrante del Centro de Ingenieros de Carabobo, lleva tiempo advirtiendo: el problema eléctrico en Venezuela no es técnico en su origen, sino estructural y de gerencia pública.
La crisis en Carabobo no ocurre de forma aislada. En 2025, regiones como Sucre, Táchira, Barinas, Mérida, Carabobo y Zulia registraron interrupciones que oscilan entre cuatro y seis horas, seguidas de breves períodos con luz, en un ciclo que colapsa la vida cotidiana y la actividad económica.
Los apagones constantes en todo el territorio obligaron al gobierno, a fines de marzo de ese año, a reprogramar los horarios de trabajo del empleado público, afectando a ministerios, gobernaciones, alcaldías y otros entes del Estado. Según estimaciones de ingenieros eléctricos y organizaciones civiles, el país ha perdido más del 60% de su capacidad instalada desde 2013, sin que se haya presentado una política pública creíble para revertir la situación.
La respuesta oficial ante la crisis reciente llegó de Delcy Rodríguez, presidenta encargada de Venezuela. El 21 de marzo, Rodríguez anunció un plan energético de 45 días por el aumento de las temperaturas, argumentando que durante ese período los rayos del sol caerían directamente sobre Venezuela, y apeló a la conciencia ciudadana para avanzar en un plan de ahorro de energía eléctrica.
Días después decretó semana de asueto para el sector educativo y los ministerios como parte de ese plan de ahorro. También sostuvo que la capacidad de generación eléctrica se ha venido recuperando con esfuerzo propio, pero reconoció que no es suficiente para la demanda ni para el proceso de crecimiento económico, y volvió a señalar las sanciones internacionales como parte de la crisis en el sector.









