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Estados Unidos alertó este jueves sobre el auge del lavado de dinero en seis países latinoamericanos y volvió a señalar a Bolivia y Venezuela como países que no hacen lo suficiente para combatir el narcotráfico, además de destacar el aumento de la producción de cocaína en Colombia y de opiáceos en México.

El informe anual del Departamento de Estado sobre el narcotráfico y el lavado de dinero en el mundo, enviado este jueves al Congreso estadounidense y relativo a 2016, tiene como principal novedad la inclusión de seis países latinoamericanos más en la lista de principales lugares de blanqueo de capital en el mundo.

Se trata de Cuba, Ecuador, Perú, El Salvador, Honduras y Nicaragua, que comparten listado con otros latinoamericanos como Argentina, Bolivia, Brasil, Colombia, Costa Rica, Guatemala, Haití, México, Panamá, Paraguay, Uruguay, República Dominicana y Venezuela.

España repite también en esa lista de unos 70 países, de la que este año han sido eliminados Francia, Alemania, Grecia, Austria, Australia, Israel, Japón y Filipinas, entre otros, además del propio Estados Unidos, que aparecía en ella en la anterior edición.

El Departamento de Estado advierte sobre el significativo mercado negro en efectivo en Cuba e insta a las autoridades de la isla a aumentar la transparencia de su sistema financiero; y sobre Ecuador, lo considera altamente vulnerable al blanqueo debido a su economía dolarizada y su ubicación entre Colombia y Perú.

En cuanto a Perú, el lavado de dinero se nutre de medios no tradicionales como el comercio de madera, oro y productos falsificados; mientras que en el caso de los países centroamericanos, el blanqueo proviene del narcotráfico y del retorno a Sudamérica del efectivo resultante de la venta de drogas.

El informe no incluye cambios en la lista de los mayores productores y países de tránsito de drogas del mundo, que incluye a 22 naciones, entre ellas 17 de Latinoamérica y el Caribe.

Se trata de Venezuela, Bolivia, Colombia, México, Costa Rica, República Dominicana, Ecuador, Perú, El Salvador, Guatemala, Haití, Honduras, Nicaragua, Panamá, Belice, Jamaica y Bahamas.

Las palabras más duras son para Bolivia y Venezuela, que desde hace al menos nueve años aparecen anualmente, junto a Birmania, como países que han “fracasado de forma demostrable” a la hora de cumplir sus obligaciones internacionales de lucha contra el narcotráfico.

Esa determinación la hace en septiembre de cada año el presidente de EE.UU., y tiene como consecuencia la interrupción de la ayuda económica del Gobierno estadounidense, con la excepción de la asistencia humanitaria y la destinada a combatir el narcotráfico.

En el caso de Venezuela y Birmania, el expresidente Barack Obama evitó esa interrupción de fondos al determinar que está en el interés nacional de EE.UU. seguir concediendo ayuda a ambos países, incluida la dirigida a promover la “democracia y derechos humanos”.

En cambio, Obama no hizo esa determinación para Bolivia, con lo que la asistencia que EE.UU. concede al país andino queda restringida a la humanitaria y la relacionada con las drogas, que es mínima.

Bolivia, el tercer productor mundial de cocaína del mundo, permite cultivar 20.000 hectáreas de coca, lo que supera en un 36% la cantidad que, según la Unión Europea (UE), se necesita para propósitos tradicionales, y el Gobierno boliviano cuenta con controles inadecuados sobre ese cultivo interno, según el informe.

En cuanto a Venezuela, la corrupción política evita que se procese eficazmente a los narcotraficantes y facilita sus operaciones en el país, según EE.UU., que denuncia también que no hay cooperación bilateral con Washington para combatir esa lacra.

Este año el Departamento de Estado incluye por primera vez a Belice en su lista de principales países de origen de sustancias precursoras que se usan en la producción de narcóticos ilegales, en la que repiten una vez más Perú, Argentina, Bolivia, Brasil, Chile, Colombia, México, Ecuador, Venezuela y Guatemala, entre otros.

Colombia ha superado a Perú como el mayor productor de cocaína del mundo, según el informe, debido en parte a un aumento del 42% en los cultivos ilícitos de coca en 2015 respecto a los datos registrados en 2014, además de un auge del 60 % en la producción de cocaína en ese país andino en el mismo periodo.

Por lo que se refiere a México, sigue siendo uno de los mayores productores de heroína, marihuana y drogas sintéticas con destino a EE.UU., y a Washington le preocupa especialmente el aumento en los cultivos de opio, que permiten nutrir una crisis estadounidense de adicción a los opiáceos que no tiene precedentes en más de 60 años.

“Mi estimación es que entre el 90 y el 94 % de toda la heroína consumida en Estados Unidos proviene de México”, dijo este jueves el secretario de Estado adjunto de EE.UU. para Narcóticos y Seguridad, William Brownfield, en una conferencia de prensa telefónica.

Brownfield defendió que EE.UU. y México ya han erigido una especie de muro en términos de cooperación entre las agencias de seguridad, sin tener por ahora la construcción física del muro que quiere erigir en la frontera el presidente estadounidense, Donald Trump.

El informe destaca también que el 90 % de la cocaína que llegó al mercado de Estados Unidos en 2016 pasó por el corredor de Centroamérica, mientras que República Dominicana sigue siendo un importante país para el tráfico de drogas ilegales desde Sudamérica hacia Norteamérica y Europa.




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