Rómulo Betancourt solía recriminar a los políticos venezolanos, porque no leían y menos escribían sus vivencias y testimonios, pero era especialmente crítico con sus compañeros de partido a quienes calificaba, a algunos de ellos, como “ágrafos políticos”.

Aunque, la verdad sea dicha, traigo el tema a colación no a propósito de Betancourt, sino a partir de un escrito que leí en la página web: Guayoyo en Letras, redactado por Mariela Ferraro a quien no conozco, pero lo que dice me llamó la atención. Titula su enjundioso artículo: “Leer qué fastidio”. Allí nos cuenta la tragedia de cómo se ha venido deteriorando, progresivamente, la capacidad intelectual de las nuevas generaciones debido al uso excesivo de las redes  sociales, con su reduccionismo exagerado de las noticias y hechos relevantes, que se despachan con el facilismo de escribir en pocos caracteres y eso induce  a leer muy poco o nada.

La articulista trae en su auxilio, para relievar su afirmación, ésta cita científica que hiela los huesos: “Estudios culminados por Ragnar Frisch Centre for Economic Research (Noruega) en 2009, confirmaron los resultados obtenidos en  investigaciones anteriores y concluyeron que el coeficiente intelectual ha venido descendiendo al menos siete puntos por generación, desde los nacidos en 1976 y que alcanzaron su edad adulta a mediados de la década de los noventa. Según los investigadores, esta disminución tiene su origen en el avance tecnológico que interfiere en el desarrollo del pensamiento de las nuevas generaciones, con lo que las causas hereditarias quedan descartadas”.

Ahora sí entiendo por qué han tenido tanto éxito los laboratorios de guerra sucia del régimen, al lograr su cometido de convertir mentiras en verdades a través de las redes sociales. Es increíble observar cómo supuestos opositores no se dan cuenta, por ignorantes, que sus críticas y denuestos contra otras personas y grupos de su misma tendencia política es repetida miles de veces por “robots” oficialistas y, lo peor, es que estas víctimas propiciatorias se solazan en ello. Es el síndrome de Estocolmo, sufrido ahora no por el secuestrado sino por el tuitero ingenuo e inculto.

Dos hechos me han llamado poderosamente la atención estos últimos días: las críticas demoledoras e insensibles contra Teodoro Petkoff al conocer la noticia de su muerte y ver cómo, unos ignorantes supinos, repetían la perversa afirmación que “había muerto el sanguinario guerrillero que mató a los guardias nacionales del Tren de “El Encanto”. Cuando todo lector promedio sabe que ese hecho fue asumido, hace años, por los verdaderos responsables de ese crimen abominable. El agravio se potencia al ignorar la inmensa contribución de Teodoro al derrumbe del comunismo soviético, reconocido hasta por el Presidente del Soviet Supremo, Leonid Brezhnev, quien lo comparó con el filósofo francés Roger Garaudy en su “antisovietismo”, convirtiéndolo en referencia mundial del anti stalinismo.

Dígame esa otra infamia deleznable: de publicitar la lista de Diputados que no votaron por la condena a José Luis Rodríguez Zapatero, como si se tratara de denunciar a los parlamentarios del Reichstag que confirmaron a Hitler en 1933. Hay que ser muy ágrafo, para no darse cuenta del error garrafal de dividir la votación opositora por un hecho tan baladí como ese.

Y fue baladí la causa de la división opositora, en estos momentos que reclaman unidad, porque Rodríguez Zapatero ya no cuenta para nada: primero, porque no hay conversaciones con el gobierno; segundo, porque él no puede, obviamente, ser facilitador de un diálogo inexistente. Y tercero, no menos importante, porque se ha descalificado a sí mismo al parcializarse con el régimen.

Ah, pero sin olvidar que Zapatero milita en el PSOE, partido en el gobierno de España, donde puede que Maduro tenga amigos, pero también en ese partido milita Felipe González, acérrimo enemigo del régimen y el Canciller de ese gobierno es Josep Borrel, quien acaba de declarar que a partir del 10 de enero Maduro será un gobernante deslegitimado. Además, Rodríguez Zapatero es un ex Presidente del Estado español y allí se generan solidaridades automáticas que no convienen a la oposición venezolana. ¿Cuál es, entonces, el propósito de ese desaguisado contra Rodríguez Zapatero? No respondamos, para no ahondar más las diferencias necias que se han producido inoportunamente.

Aunque todo ocurre por una ignorancia supina, de muchos de nuestros dirigentes, sobre la tradición libertaria y democrática del PSOE, en combate contra dictaduras de derecha e izquierda desde su fundación, todo lo cual está por encima de cualquier desviación táctica de algunos de sus dirigentes. Si los ágrafos se hubiesen enterado del enfrentamiento de Fernando de los Ríos (¡en 1920!) con el mismísimo Lenin, por causa de la libertad, otra cosa opinarían.

Terminemos con la demoledora frase del filósofo Ludwig Wittgenstein, citada por la columnista Mariela Ferraro que no conozco, pero comienzo a admirar: “Los límites de mi lenguaje son los límites de mi mente”.

Así que, ágrafos del mundo: lean, por el amor de Dios, un poco más de 280 caracteres y comenzaremos a cometer menos barbaridades tácticas y… estratégicas… ¡ni se diga!

aecarrib@gmail.com

@Ec




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