Maracaibo
Las organizaciones de ganaderos y mujeres agroproductoras aseguran que hasta la fecha es imposible dimensionar las perdidas en sus unidades de producción porque luego de tres meses siguen inundados. Foto: Mariela Nava/ Crónica Uno.

El tiempo pasa extremadamente lento en las comunidades de Encontrados, El Guayabo, Caño Caimán, El Rull, Caña Dulce y Limones. Hace tres meses el rio Zulia arrasó con lo poco que tenían. Conuqueros, productores de leche y pescadores, todos quedaron con sus bienes bajo el agua y ahí se mantienen.

Lo que alguna vez fue el techo de sus casas, ahora se transformó en la vivienda para más de 700 familias han tenido que improvisar casas levantadas con laminas de zinc, en los pocos lugares secos que quedan. Otros, con menos suerte, deambulan por refugios. A todos los une el mismo sentimiento: el olvido.

Cronica.Uno llegó hasta esas comunidades para conocer su realidad, misma que se ha prolongado por 90 días luego de que las intensas lluvias del pasado abril ocasionaran el rompimiento del muro de contención del río Zuliaa la altura del kilometro 43 de la carretera nacional El Guayabo-Encontrados, al Sur del Lago en el estado Zulia. Un boquete que sigue abierto y que ha causado tres arremetidas mas del embravecido caudal.

Marcados para toda la vida

Para Dexcys Cardozo era impensable que el agua llegara hasta sus tierras, así que el domingo primero de mayo la familia se reunió en su finca La Hermita para celebrar el día del trabajador. Se cumplía una semana de la ruptura del muro de contención y ya habían asegurado la entrada con sacos de arena.

Los esfuerzos no fueron suficientes, la alegría y tranquilidad de la familia se convirtió en tribulación. A mediodía comenzó a entrar el agua por Caño Caimán y para las tres de la tarde de ese 1 de mayo, las 30 hectáreas de los Cardozo-Fernández ya estaban inundadas.

El rio reventó todo a su paso, enseguida llamé a mi yerno para que me ayudara a sacar los corotos en su camión, pero para la segunda vuelta no pudimos entrar porque la carretera de desplomó», contó.

El dolor sigue vigente, son 24 años de trabajo «ahogados» un espejo de agua que no se seca. Dexcys no sabe como explicar la profunda tristeza que siente. Hace apenas unos días, gracias al dragado del Caño, el agua bajó el nivel, pero los potreros, la zona de siembra de pasto y arboles frutales continúan anegados.

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Dexcys y su esposo mantienen su unidad de producción bajo el agua, ella confiesa que siente pánico de volver a donde fue tan feliz. Foto: Mariela Nava/ Crónica Uno.

En la pared de la casa hay tres marcas, una por cada crecida del rio. Cada vez que llueve el caudal del río Zulia aumenta y arremete de nuevo. Estar ahí no es seguro, por eso se fue a casa de su hija ubicada en Encontrados, junto a su esposo.

De 60 cabezas de ganado que tiene la familia, seis murieron. Perdió cerdos y ovejos. La nevera, cocina, comedor, gabinetes y todos los colchones también se perdieron, lo poco se salvó esta a un metro de alto encima de gaveras de refresco.

Cardozo cuenta que seis días después pudo volver, solo para rescatar un par de loros que la acompañan desde hace años y que a metros se escuchaban pedir auxilio. «El Agua me llegaba en la cintura, no pude luchar mas», lamentó.

El resto de los animales los sacó a una zona seca en la que dio la leche a otro ganadero, pero esta situación sigue generando perdidas, su producción es nula.

«Hace tres días fui a limpiar la casa, sinceramente estoy decepcionada porque cuando creo que ya todo pasó, se vuelve a meter el rio, por eso necesitamos que cierren el boquete del 43. Señor presidente póngase la mano en el corazón, baje los recursos para la obra», pidió la pequeña productora que se pregunta: «¿Cómo hago con este pánico que siento?.»

Las mujeres de Catatumbo siguen su lucha

Mayte Cánovas, María Urdaneta, Cecilia Carróz, María Rodríguez y Dexcys Cardozo, forman parte del Comité de Mujeres Agroproductoras afectadas por la crecida del rio Zulia en el municipio Catatumbo. Una organización que ya suma 100 integrantes y que se ha dado a la tarea de gestionar ante los tres niveles de gobierno los recursos necesarios para la reactivación de la producción en la zona.

Cánovas insistió en que las mujeres son las mas afectadas. «La gente cree que ya nosotros nos secamos, que con un buen sol esto iba a mejorar y no, tenemos tres meses inundados y nadie nos atiende. Tenemos las instalaciones deterioradas, no hay siembra, todo se dañó», dijo parada frente al rio Zulia.

Las cifras de hectáreas afectadas superan las 160 mil, pero es imposible dimensionar las perdidas porque mas de la mitad de las unidades de producción siguen bajo el agua. «Hasta que no se seque, no podemos descifrar cuanto hemos perdido», reiteró.

El 29 de abril de 2022, la fracción del Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV) del Consejo Legislativo del Estado Zulia (Clez), anunció que el Gobierno Nacional había aprobado 1.334.700 bolívares para atender la emergencia del Sur del Lago en la que los municipios Catatumbo, Sucre, Francisco Javier Pulgar y Colon resultaron afectados.

Además, la concejal Ángela Fernández, portavoz del partido de gobierno dijo que había un fondo renovable de 10 millones de bolívares para tal fin. «Hay un equipo de trabajo instalado en los municipios afectados».

Cánovas catalogó estos trabajos como nulos por parte del ejecutivo nacional.

Mientras ellos ponen una máquina y traen un poco de gasoil, el grueso lo han asumido las asociaciones de ganaderos que han avanzado en el desvió del rio con sus aportes. Necesitamos que el gobierno cierre ese boquete, que repare el muro de contención, que baje los recursos porque nosotros no tenemos para asumir una obra de esa envergadura», reclamó.

Son 180 metros de vialidad de la carretera nacional Encontrados–El Guayabo que deben recuperarse porque las comunidades de la zona están incomunicadas, gente que hacia vida comercial gracias a esa vía de acceso y que hoy están varados.

Tenemos madres de familia, cabezas de hogar, que han tenido que afrontar esta realidad solas, que tenían sus fincas y conucos como único ingreso. Si nos ponemos a analizar, los aportes que hace el Gobierno Nacional a otros países, es irrisorio el monto que se requiere para darnos tranquilidad a nosotros y volver a ser la despensa de Venezuela», dijo Cánova.

Refugios llenos de dolor

En la zona Caño Caimán hay tres refugios para 100 familias afectadas aproximadamente, de los cuales 38 han sido reubicados en Encontrados, La Florida, y Santa Bárbara. Mientras que 36 han vuelto a sus casas. Carolina Angarita vive hace tres meses en una vaquera, ahí come y duerme con sus tres hijos y 14 familias más.

Mi rancho está bajo el agua todavía, es la primera vez que me toca venir a un lugar de estos. Yo perdí todo, las láminas de zinc se oxidaron y los horcones se pudrieron, me quedé sin rancho. Perdimos tres hectáreas de siembra que eran nuestro sustento, también la licuadora, cocina, nevera, los libros de mis hijos, todo», lamentó la mujer.

La estructura atrincherada en el monte está cubierta con plástico para palear los embates de la lluvia que a veces los sorprenden, aunque no se quejan de la comida ni la atención médica que reciben, no ven la hora de volver a su hogar.

No es fácil estar al aire libre, si llueve tenemos que poner plástico para que no se mojen las camas y la ropa», dijo la mujer mientras colaba café en una cocina improvisada dentro de la vaquera propiedad del Consejo Comunal de Caño Caimán.

«Aquí no se le ve la cara a nadie»

Caño Limones, Gavilanes, Caña Dulce y El Perro, son asentamientos campesinos que albergan aproximadamente a 200 familias a orillas del rio Catatumbo. Sus vías de acceso por carretera fueron desbastadas por la fuerza del agua, por lo que la única manera de llegar es en lancha.

Adelfo Yépez, vive en Caño Limones hace más de dos décadas. El campesino contó que hoy solo quedan ruinas de las tres hectáreas que trabajó por años para levantar a su familia. «Mis tierras ahora son un pantano», contó.

Ahora vive en el dique de contención, una montaña de arena en la que 16 familias construyeron ranchos con los techos de sus casas. «Me tocó desarmar una enramada para hacer el rancho aquí. Estamos solos porque para acá no viene nadie, los primeros días nos trajeron comida y ni más», soltó mientras estacionaba un bote.

Cuando nos dijeron que se partió el dique estaba segura que aquí no llegaba el rio porque esta zona es más alta, pero que va, en la noche comenzó a entrar el agua y en cuestión de horas no tenía nada», dijo Norelys Brito.

Las familias asentadas en el muro de Caño Limones viven en hacinamientohasta tres grupos por rancho. Dicen que dormir es difícil por la cantidad de zancudos y las serpientes que los acechan en la noche. Silverio Senprúm, un agricultor de 70 años comentó al equipo de Crónica.Uno que esta ha sido la fuerza de agua más violenta que ha visto. “Quedamos en cero”, lamentó.

Magdeleini Albornoz es madre de tres niños, afirma que sobrevive con las uñas. Como el resto de los afectados, se sustentan con el poco pescado que consiguen en el rio que sigue revuelto y arrastrando ramas. El agua que consumen es limpia gracias a que Cáritas les donó pastillas potabilizadoras. Recalcó que necesitan medicinas y atención médica. «Si el boquete no lo cierran, estamos perdidos».

Esto ha sido difícil, sobre todo porque hay muchos niños enfermos con fiebre, vómito erupciones en la piel, dolores de cabeza y amibiasis. No tenemos leña seca para cocinar, estamos a la intemperie prácticamente», dice desesperada.

Margiolys Brito señaló hacia el pantanal desde la loma de arena. «Esa era mi casa, pero nos tocó quitarle el techo porque hacer un rancho en este dique era la única opción. Nadie se imagina lo que uno siente al ver su vida ahogada, la única esperanza que tenemos es que tapen ese boquete antes de que haya una desgracia peor, antes de que este pueblo desaparezca», reclamó.

La única escuela de Caño Limones ahora es un refugio y las zonas de recreación de los niños son corrales de cerdos y ovejos que lucen desgarbados ante la falta de alimento. «Los animales los tenemos en el camino comiendo piedra, porque no hay nada», dijo Brito.

La falta de acciones contundentes por parte del Gobierno Nacional para la reparación del muro de contención en el kilómetro 43, ha obligado a las asociaciones de ganaderos de la zona, pequeños productores y comunidad en general a tomar partido y buscar opciones que permitan avanzar, para evitar que la temporada de lluvia que se avecina acabe, no solo con la poca producción, sino con la vida de las familias que lucha por salir a flote.

Hallan desmembrada una vaca del rebaño de la Facultad de Veterinaria de la UCV Maracay



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