El tiempo no se compra: la urgencia de vivir

Así que vivamos un poco y comencemos a atender lo que realmente es importante. Jerarquicemos y démonos el tiempo que merecemos

Pocas veces, o casi nunca, pensamos en nuestra muerte. Es un tema que por lo general evitamos porque causa incomodidad. Yo prácticamente nunca lo hago, pero hace días leí un post que me hizo reflexionar al respecto. La publicación destacaba que nuestra muerte llegará un día ordinario, en medio de planes inconclusos. Y si bien la gente más cercana nos extrañará, el mundo y las personas seguirán su rumbo sin nosotros. Esta realidad nos invita a vivir a plenitud, pues cuando ese momento llegue, nuestras preocupaciones ya no importarán.

La reflexión que leí nos exhortaba a enfocarnos en lo esencial, tomando en consideración que lo que hoy nos inquieta pasará al olvido, por lo que no debemos cargar con el peso de opiniones y errores cometidos en la vida. También nos hace pensar en el valor del tiempo. A veces postergamos asuntos como si los días sobraran, creyendo que siempre habrá un después, sin detenernos a pensar que la vida no asegura nada y que lo que hoy posponemos mañana puede no existir.

Así que vivamos un poco y comencemos a atender lo que realmente es importante. Jerarquicemos y démonos el tiempo que merecemos. Compartamos en familia, amemos a otros y a nosotros mismos. En la medida de lo posible, dediquemos tiempo a lo que nos gusta. Enfoquémonos en un hobby, trabajemos para vivir y no a la inversa. Dediquemos días para escucharnos y reencontrarnos. Viajemos, creemos recuerdos de esos que nos harán sonreír por siempre y enfrentemos las vicisitudes con gallardía.

Que no se nos olvide que la vida es efímera. Es un ratico. Las ideas y proyectos no crecen ni se materializan si no actuamos con esfuerzo y dedicación. Si no nos movemos, se quedarán sin terminar y lo inacabado se desvanece. Siempre he dicho que a esta vida vinimos a trascender, y mucho tendrá que ver con las acciones que hagamos en ella. Recordemos que el tiempo no está garantizado y los años pasan en silencio. Hace nada recibíamos el 2026 y ya estamos a mediados de abril.

Vivamos sin miedo y sin esperar aprobaciones. Porque al final, el tiempo no se detiene por nadie, y lo único que realmente nos pertenece es lo que decidimos hacer con él. A diferencia de algunas ficciones, en la vida real el tiempo no se compra, no se recupera y no se negocia. Se agota, y cuando se acaba, simplemente no hay vuelta atrás. Por eso, más que temerle al final, deberíamos temerle a no haber vivido lo suficiente, a dejar pendientes lo importante y a postergar aquello que le da sentido a nuestra existencia.

Únete a nuestros canales en Telegram y Whatsapp. También puedes hacer de El Carabobeño tu fuente en Google Noticias.

Las opiniones expresadas en este artículo son exclusivas del autor y no reflejan necesariamente la posición de El Carabobeño sobre el tema en cuestión.

Newsletters

Recibe lo mejor de El Carabobeño en forma de boletines informativos y de análisis en tu correo electrónico.

El tiempo no se compra: la urgencia de vivir

Luis Alonso Hernández
[code_snippet id=10 php format]