El debate sobre el arbolado urbano en Valencia dejó de ser una discusión estética y pasó a convertirse en un problema técnico que involucra infraestructura, ambiente y planificación. El deterioro de aceras, calles y redes de servicios, provocado por la expansión de raíces, expone una falla de fondo: la ausencia de una política integral de gestión del arbolado.
El presidente de la Sociedad Venezolana de Ingenieros Forestales, Tulio Bastidas, atribuyó responsabilidades. Apunta directamente a la Alcaldía de Valencia, antes y ahora.
Hoy, asigna responsabilidad a la alcaldesa Dina Castillo. Ella, en su programa de radio, aseguró el 22 de abril que su gestión mantiene un compromiso firme con el medio ambiente. Informó que su administración ha ejecutado ocho kilómetros de "poda responsable”.

Bastidas rechazó ese término por ambiguo. Considera que se trata de una frase vacía, utilizada con fines políticos, sin sustento técnico.
El ingeniero reforzó esta crítica al observar lo que ocurre en la calle 130 de Prebo, donde la alcaldía ejecuta tales labores. Allí identificó múltiples irregularidades que han llevado a ambientalistas y expertos a alzar la voz.
Durante la conversación de El Carabobeño con los especialistas intervino el ingeniero José Luis Prieto, encargado de la obra, para defender los trabajos. “Hemos cuidado la ecología. Preservamos raíces y líneas fuera del área de acción. Aplicamos una poda controlada y protegemos al máximo la parte forestal”, afirma.
Bastidas contrastó esas declaraciones con lo que se observa en el terreno.

Raíces mutiladas, ramas cortadas sin técnica, árboles inclinados por pérdida de equilibrio y presencia de resina color miel, indicativa de patologías derivadas de cortes inadecuados, formaron parte de sus observaciones. El especialista tiene más de 40 años de experiencia en el área.
Desde el inicio, sostuvo que lo ocurrido en la calle 130 de Prebo constituye un error grave, originado en la ausencia de un equipo especializado. A su juicio, esto evidencia la impericia de la municipalidad para gestionar el arbolado.
El especialista explicó que las llamadas “podas responsables” han resultado contraproducentes. Se refirió a podas agresivas que ignoran criterios técnicos e incluyen el corte del sistema radicular, es decir, de las raíces principales que garantizan el anclaje del árbol. “Sin ellas, el árbol se inclina hasta caer por efecto del viento o termina muriendo. Son árboles condenados”.

A su juicio, estas prácticas responden más a soluciones de ingeniería civil que a criterios científicos propios de la arboricultura.
La planificación urbana también juega un papel crítico. La siembra de árboles bajo tendidos eléctricos o en espacios reducidos evidencia la ausencia de criterios técnicos en el diseño del paisaje urbano. Filas de palmeras bajo cableado eléctrico anticipan conflictos que, en muchos casos, resultan más costosos de corregir que de prevenir.
El problema no se limita a la gestión actual. Bastidas aclara que la crisis incluye errores históricos de planificación urbana. Factores como la selección de especies, la visión a futuro y la profundidad de siembra contribuyeron directamente a la situación actual.
La profundidad de plantación resulta determinante y explica por qué árboles similares no generan el mismo nivel de daño en otras zonas de la ciudad.

A pesar de los daños visibles en la infraestructura, Bastidas insistió en que el árbol sigue siendo un activo urbano. Aporta valor ambiental, mejora la calidad de vida y contribuye al equilibrio ecológico. Advierte, sin embargo, que la falta de un plan de manejo adecuado opaca estos beneficios y genera conflictos evitables.
El especialista reconoce que la solución no será inmediata. Se requieren diagnósticos individuales, árbol por árbol, ya que cada especie demanda tratamientos distintos. Esto implica planificación a corto, mediano y largo plazo, además de seguimiento continuo. En esencia, se trata de reconocer que el arbolado urbano no es un elemento decorativo, sino un sistema vivo que requiere conocimiento técnico y políticas públicas sostenidas en el tiempo.

A diferencia de ciudades como Bogotá o Medellín, donde existen planes estructurados y responsabilidades claras, Valencia carece de un sistema que regule qué especies plantar, dónde hacerlo y bajo qué condiciones.
La propia configuración ecológica de la ciudad también influye en el problema. Valencia cuenta con corredores biológicos que conectan zonas como el Parque Municipal Casupo con el río Cabriales, lo que facilita la dispersión de especies. La bióloga Esmeralda Mujica explica que árboles como el jabillo se reproducen de forma natural a través de animales como las guacamayas, lo que incrementa su presencia sin control técnico. “En las Cuatro Avenidas hay un samán en una isla de apenas 70 centímetros”, ejemplifica.

El problema se agrava cuando estos árboles crecen en espacios inadecuados. Aceras de apenas dos metros albergan especies de gran tamaño cuyos sistemas radiculares, al no encontrar profundidad suficiente, se expanden de forma superficial. En su búsqueda de humedad y estabilidad, terminan fracturando el pavimento y afectando estructuras cercanas.
A esto se suma un error histórico en la producción de plantas. Bastidas advierte que muchos viveros han operado sin controles fitosanitarios adecuados, lo que los convierte en focos de enfermedades. La falta de selección genética y evaluación del sustrato provoca que los árboles arrastren problemas desde su origen.
Casos como el de San Joaquín, con palmeras sembradas bajo cableado eléctrico, vuelven a evidenciar fallas de planificación que anticipan conflictos inevitables, según Bastidas.

Por su parte, Esmeralda Mujica, defensora del medio ambiente, sostiene que en algunos casos la tala resulta necesaria. Considera que muchos errores se originaron desde el inicio y que cualquier intervención debe incluir una reforestación planificada y asesorada por especialistas. Sin embargo, critica la falta de inversión pública en personal calificado.
Ese intento por reducir costos, añade, explica las llamadas “podas responsables”. “Si cortas las ramas, el árbol responde creciendo más. Es un estímulo”, señala. También advierte que el crecimiento descontrolado de raíces responde a podas mal ejecutadas en años anteriores. “Esto se advirtió hace dos años, cuando Castillo estaba en Invialca”.
El resultado ya es visible. Tanto Mujica como Bastidas coinciden en que muchos de estos árboles están condenados a morir, a corto o mediano plazo.

Bastidas en compañía de Mujica enviaron un informe con todos los detalles técnicos sobre la situación del arbolado. Este fue remitido al Ministerio de Ecosocialismo, por lo que están al tanto de la realidad.










