Norkys Batista dio su último orgasmo en Valencia

Fotografía: cortesía.

La función acaba de terminar en el salón del Hotel Hesperia de Valencia y todavía se percibe el eco de las carcajadas que durante más de una hora acompañaron el desarrollo de “Orgasmos”, la obra protagonizada por Norkys Batista y Xavier Muñoz que desde hace años recorre escenarios con una mezcla particular de comedia, confesión y divulgación sobre sexualidad. En el vestíbulo, el público se resiste a marcharse. Algunos asistentes esperan con paciencia para tomarse una fotografía con la actriz, que aparece entre la gente vestida de negro, aún con la energía de la escena en el cuerpo.

El ambiente posterior a la función tiene algo de tertulia improvisada. Varios espectadores comentan fragmentos del espectáculo o repiten algunas de las frases que arrancaron más risas durante la noche. Batista se detiene con frecuencia para conversar brevemente con quienes se le acercan, mientras intenta abrirse paso hacia un espacio más tranquilo donde continuar la conversación.

A diferencia de muchas comedias de pareja que se apoyan únicamente en situaciones reconocibles de la vida cotidiana, “Orgasmos” construye su humor a partir de una base informativa que la actriz insiste en preservar. El libreto, explica, se ha mantenido casi intacto con el paso del tiempo porque incorpora datos y referencias provenientes de estudios sobre sexualidad humana.

Esa estructura le ha permitido al espectáculo mantener una doble lectura: por un lado funciona como una comedia ligera que explora los desencuentros de la vida íntima; por otro, introduce datos que invitan al público a reflexionar sobre la manera en que la sexualidad sigue siendo un territorio atravesado por silencios culturales.

Entre los aspectos que más suelen sorprender a los asistentes está una estadística mencionada durante la obra que resume el contraste entre deseo y realidad en la vida sexual de muchas personas. Según estudios citados en el montaje, hombres y mujeres apenas sumarían en promedio unos 12 minutos de placer orgásmico al año, mientras una gran parte de la población reconoce no experimentar el orgasmo con regularidad. Estrés, cambios hormonales, problemas de comunicación en la pareja y desconocimiento del propio cuerpo aparecen entre los factores que explican esa brecha.

Sin embargo, si el contenido del libreto se mantiene, la dinámica de cada función cambia inevitablemente. Buena parte del éxito de la obra reside en la interacción con el público, que convierte cada presentación en una experiencia distinta. El tono de la audiencia, su edad promedio o incluso el contexto cultural de cada ciudad terminan moldeando el ritmo de la función.

En Valencia, el público respondió con particular entusiasmo. Durante la noche se escucharon comentarios espontáneos desde las butacas, risas prolongadas y una participación constante que obligó a los actores a improvisar en varios momentos. Esa relación directa con los espectadores es una de las claves que ha permitido a la obra mantenerse vigente.

Más allá del humor, el espectáculo también expone una paradoja contemporánea: la sexualidad está presente en casi todos los espacios de la cultura popular —publicidad, redes sociales, entretenimiento— pero sigue siendo incómoda cuando se aborda desde la conversación abierta o la educación formal.

Batista reconoce esa contradicción y la convierte en materia prima para el escenario. Su personaje adopta el rol de una especie de sexóloga escénica que narra experiencias, desmonta prejuicios y expone con ironía las inseguridades que aún rodean la vida íntima de muchas personas.

Parte de ese discurso también se conecta con la forma en que la actriz ha construido su propia imagen pública a lo largo de los años. Batista nunca ha ocultado su comodidad con la idea de ser percibida como una figura sensual, un rasgo que en distintos momentos de su carrera ha generado tanto admiración como críticas.

Para ella, la discusión sobre la sexualización femenina suele quedar atrapada en posturas extremas. Defiende la posibilidad de que cada mujer decida cómo mostrarse y cómo relacionarse con su propio cuerpo, siempre desde una elección personal.

En medio de la conversación, Batista menciona con naturalidad situaciones que el espectáculo aborda desde el humor, como la incomodidad de muchas parejas para hablar abiertamente de sexualidad o la persistencia de inseguridades corporales incluso dentro de relaciones estables. Historias cotidianas —desde mujeres que evitan encender la luz durante el acto sexual hasta hombres que reaccionan con desconcierto ante propuestas más lúdicas en la intimidad— forman parte del material que la obra transforma en comedia.

El tono desenfadado no elimina, sin embargo, la dimensión educativa que atraviesa el discurso del montaje. Para la actriz, la ausencia de educación sexual formal sigue siendo uno de los principales problemas en la forma en que las sociedades latinoamericanas abordan el tema.

Esa carencia explica, en parte, por qué muchos espectadores reaccionan con sorpresa o nerviosismo ante algunos de los planteamientos que aparecen en escena. La risa funciona entonces como un mecanismo que permite desactivar la incomodidad y abrir espacio para una conversación que, de otra forma, difícilmente ocurriría.

Mientras la conversación continúa en el hotel, el flujo de personas que se acercan para una fotografía no se detiene. Batista accede con paciencia a cada solicitud, intercambia algunas palabras y vuelve a posar frente a los teléfonos. El clima es distendido, casi familiar.

Pero el futuro inmediato de “Orgasmos” parece entrar en una pausa. Tras años de presentaciones continuas, la actriz considera que ha llegado el momento de cerrar temporalmente este capítulo.

La decisión está relacionada tanto con nuevas inquietudes creativas como con obstáculos prácticos que afectan a muchos artistas venezolanos. Las dificultades migratorias y las exigencias de visado para viajar con equipos de trabajo completos han complicado la posibilidad de mantener giras internacionales con regularidad.

Ese escenario ha llevado a Batista a mirar hacia proyectos que llevaba tiempo postergando. En su archivo personal, asegura, hay varias obras escritas que todavía no han llegado al escenario y que podrían convertirse en el siguiente paso de su carrera teatral.

Aun así, la despedida de “Orgasmos” no parece definitiva. La actriz habla de la obra con una mezcla de gratitud y nostalgia, consciente de que ha sido uno de los proyectos más exitosos y duraderos de su trayectoria.

En el salón del Hesperia, el público finalmente comienza a dispersarse. Quedan algunas últimas fotos, un par de saludos y comentarios sobre la función. Batista se despide sin prisa, todavía rodeada de espectadores.

Tal vez ese sea el mayor logro de la obra: haber transformado un tema incómodo en una conversación compartida, capaz de sobrevivir incluso después de que el telón baja y las luces del escenario se apagan.

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Norkys Batista dio su último orgasmo en Valencia

Fotografía: cortesía.
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