Represión, El Tulipán
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Dayrí Blanco | @DayriBlanco07

Con short y franela deportiva se le vio llegar a Joaquín Ospina a la sala de espera de la emergencia. Veía a todos lados. Parecía confundido, no conocía a nadie. Vio a un señor sentado a un extremo que se secaba las lágrimas tímidamente y se acercó. Se le presentó y confesó no ser amigo de Luis Espinoza, el joven que lucha por su vida en la terapia intensiva tras ser herido por un proyectil en su cara mientras protestaba. Lo había conocido ese día, en la concentración del sector El Tulipán, en San Diego, y al ver en las redes sociales su foto con la cara llena de sangre corrió a la clínica. “No lo podía creer. Había pasado menos de una hora cuando me despedí de él y me fui a casa porque me sentía mal”.

Desde la mañana habían compartido y debatido ideas. Ambos decidieron sumarse al “Plantón Nacional” por iniciativa propia. “Hablamos mucho. Me contó que es futbolista y yo le comenté que soy de la selección de patinaje de Carabobo”. Joaquín respiró profundo antes de continuar el relato. El hombre al que se había acercado estaba descontrolado. Lloraba sin poder contenerse. “Esto no es justo, esta familia no tiene que estar sufriendo así”. Recordó que Luis le dijo a los guardias que se unieran a la lucha. Que del lado que estaban, con sus uniformes verdes,  también padecen la crisis de escasez, y que seguro no ha dormido tranquilo por no conseguir alguna medicina para su hijo.

Ahora es su familia la que no podrá conciliar el sueño hasta verlo recuperado. Conectado a un respirador mecánico y con la herida de un tipo de proyectil que no se ha precisado (puede ser de bala, perdigón o metra), que le entró por el lado derecho del rostro y salió por el cráneo, el joven de 15 años estaba acostado en una cama de la clínica a la que llegó inconsciente luego de pasar por dos centros asistenciales más. En el primero no contaban con insumos para recibirlo, y en el otro solo lo entubaron al no tener tomógrafo para realizarle los exámenes necesarios.

Después de algunos estudios el diagnóstico fue: Dos hematomas que le causaron un edema cerebral. Así que se planteó el traslado a otro centro privado para hacerle otros análisis y determinar en un lapso de 12 y 72 horas si requiere de una intervención quirúrgica. Fue una noticia tras otra que solo causaba llantos entre familiares, amigos y compañeros del liceo que esperaban en el lugar.

Una ambulancia llegó y esperó por más de una hora para llevar a Espinoza a la otra clínica. Pero los paramédicos se fueron. “No hay los equipos que se necesitan en ningún lado”, explicó un médico. La incertidumbre define el futuro del muchacho que ha dedicado sus tardes al fútbol durante los últimos ocho años.

Las averiguaciones del caso comenzaron. Una comisión del Cuerpo de Investigaciones Científicas, Penales y Criminalísticas (Cicpc) llegó a la clínica para conocer la versión de testigos. Todos coincidieron: A las 3:40 p.m. funcionarios de la Guardia Nacional Bolivariana (GNB), apoyados con motorizados de la Policía Nacional (PNB), se acercaron a los manifestantes de El Tulipán, en la avenida Don Julio Centeno de San Diego, con dos unidades tácticas de represión (tanquetas) y comenzaron a reprimir con bombas lacrimógenas y perdigones. Todos corrieron y se resguardaron. Luis, quien estudio bachillerato en un liceo de La Esmeralda, en San Diego, y está en una academia de fútbol en ese mismo municipio,  vive en Los Caobos, al sur de Valencia, y no conocía a nadie en el sector. Se asustó, se cayó y un uniformado de la GNB lo apuntó a menos de un metro de distancia y le disparó.

Una vecina del lugar fue quien lo trasladó para que recibiera atención médica. En una de las calles principales de la urbanización, hasta donde corrieron los funcionarios en su plan de persecución, golpearon salvajemente a otro joven del que se desconocen mayores datos. Cinco jóvenes fueron detenidos arbitrariamente.

La jornada en Carabobo durante todo el día se desarrolló con normalidad. La agenda de la Mesa de la Unidad Democrática (MUD) se cumplió sin contratiempos hasta que ocurrió el episodio de San Diego. En varios puntos de la Gran Valencia vecinos se plantaron con banderas y pancartas por 12 horas. En el Distribuidor Las Chimeneas el grupo de manifestantes pedían desde la parte de arriba a conductores que pasaban por la Autopista del Este “párate un minuto”, y tras el volante les obedecían. Fue un plantón vehicular espontáneo que duró toda la mañana.

Luis Espinoza ya había participado en otras manifestaciones en contra del Gobierno. Su mamá le había pedido que se cuidara cuando en una oportunidad llegó a casa contándole que había tragado mucho gas lacrimógeno. Pero él insistió en luchar en las calles. Ahora lo hace en una sala de terapia intensiva por decisión de un funcionario de la GNB. 




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