(Foto Referencial)
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En el instituto coreano de Tokio, cada aumento de tensión con Corea del Norte se traduce en amenazas de muerte a profesores y alumnos que estudian en aulas con pizarrones presididos por retratos de antiguos dirigentes norcoreanos.

Es uno de los aproximadamente 60 colegios “pro-Pyongyang” en Japón destinados a una comunidad coreana que lleva décadas en el país y mantiene vínculos con Corea del Norte, pese a no haber vivido nunca en este país.

Hay alrededor de 500.000 coreanos en Japón, en su mayoría descendientes de civiles traídos durante la colonización brutal de la península coreana de 1910 hasta la rendición de Japón al final de la Segunda Guerra Mundial en 1945.

La división entre el Norte y el Sur y la guerra de Corea (1950-1953) también fragmentó a esta comunidad y surgieron centros educativos como este instituto de enseñanza secundaria de la capital, gracias al apoyo de organizaciones favorables a Corea del Norte y a la financiación de Pyongyang.

En ellos se imparten clases de lengua e historia de Corea bajo la dirección de la Asociación general de los residentes coreanos en Japón, que ejerce de embajada de hecho de Corea del Norte en ausencia de relaciones diplomáticas entre los dos países.

 Amenazas anónimas

Los coreanos de Japón sufren discriminaciones desde hace tiempo, sobre todo en el ámbito del empleo.

Según el director del instituto, Shin Gil-Ung, la tensión surgida a raíz del programa nuclear norcoreano -tema central de la visita a Japón del presidente estadounidense Donald Trump a partir del domingo- no hace más que agravar las cosas.

“Cada vez que hay algo de actualidad (sobre Corea del Norte), recibimos llamadas anónimas que amenazan al colegio con un atentado con bomba o con matar a alumnos en una estación de metro cerca de aquí”, dijo Shin a la AFP. “Las niñas tuvieron que dejar de vestir uniforme en el transporte público”, añade con tristeza.

Japón está en primera línea de las provocaciones de Pyongyang, que disparó dos misiles que sobrevolaron sus islas septentrionales.

El régimen norcoreano amenazó con “hundir” Japón. Una diatriba que también causa desasosiego entre muchos coreanos del archipiélago, en particular entre los más jóvenes que, aunque sin nacionalidad japonesa, no conocen otro hogar.

Uno de los alumnos, Hwang Song-Wi, de 17 años, afirma seguir el noticiero televisado con “sentimientos encontrados”.

Ri Chun-Hui, un abogado de Tokio, asegura que la ira contra los coreanos de Japón no es algo nuevo. Los secuestros de japoneses a manos de agentes norcoreanos al final de la década de 1970 y comienzos de la de 1980 (reconocidos por Pyongyang en 2002) provocaron reacciones similares a las de ahora.

 ‘Un solo pueblo’

“Durante una época los coreanos era considerados como víctimas de la colonización japonesa, pero ahora nos tratan como si todos fuéramos autores de estos secuestros”, destacó Ri.

“En Japón predomina la idea de que se puede atacar todo lo vinculado con Corea del Norte”, agregó.

Los secuestrados, incluidos adolescentes, eran llevados a Corea del Norte, donde los usaban para formar a espías en lengua y cultura japonesas.

Para los coreanos que quieren que sus hijos estudien la lengua y la cultura de su país de origen, estas escuelas pro-Pyongyang son casi la única opción, más allá de sus opiniones políticas.

“Ya que no son japoneses, quiero que mis hijos vayan a una escuela coreana y aprendan la lengua y el espíritu del país. Eso es lo que más cuenta”, dice la madre de Hwang Song-Wi, Oh Jong-E.

“En el fondo creo que no hay Norte ni Sur. Formamos un solo y mismo pueblo”, dice la mujer, que también fue alumna de este instituto.

Según un responsable de la Asociación general de los residentes coreanos de Japón, Pyongyang ha enviado 48.000 millones de yenes (366 millones de euros) a los colegios coreanos de Japón desde 1957. En la actualidad se desconoce cuánto aporta.

Algunos profesores confiesan simpatizar con el régimen norcoreano pero la enseñanza es cada vez más neutral.

El hijo de la señora Oh sueña con jugar como arquero en la liga profesional de fútbol de Japón para algún día llegar a ser internacional, pero no para representar a Japón sino a Corea del Norte. “Espero que algún día pueda jugar para este país”, dice.




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