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Hay diversos saboteadores del diálogo propuesto por el Estado Vaticano y podríamos agruparlos en tres grandes grupos, a saber, en primer lugar: el mismísimo gobierno, por las razones que luego explicaremos; en segundo lugar, parte minoritaria de la oposición, compuesta por toda una gama de personajes que van desde truculentos y avispados, hasta ingenuos o tontos útiles. En  tercer lugar, los chantajistas del gobierno. Veamos.

Primer grupo, el del gobierno nacional: que sabotea el diálogo porque cree ser muy avispado y pretende engañar a la MUD, integrada por los políticos más avezados del país, sacándole el cuerpo a un cronograma electoral que, de no precisarlo, dinamitará las conversaciones y abrirá las puertas a un estallido social.

Segundo grupo, integrado por la parte de la oposición que es minoritaria, pero influyente en capas medias de la población, donde los guerrilleros del teclado tienen alguna influencia: Éste grupo minoritario opositor no es homogéneo y se divide, a su vez, en dos sub grupos: 1. El de los que pretenden, como los del gobierno, ser más avispados que el conjunto directivo de la MUD y creen que, defenestrándolos, obtendrán el control de la dirección opositora y, 2. Los tontos de capirote: estos son los ingenuos creyentes de que solo la confrontación resuelve el dilema venezolano y, en consecuencia, deben haber muertos como desiderátum de su postura. Son tontos, pero ni tanto, porque los muertos que desean no están dispuestos a ofrendarlos ellos, sino esperan los ponga el pueblo llano, al que ven como supedáneo de  infantiles actuaciones que traman desde sus confortables poltronas aquí o en el exterior.

El tercer grupo, compuesto por los chantajistas radicales del gobierno: en este grupete no hay ingenuos, sino truculentos y avispados, quienes solo apuestan al fracaso del gobierno, en el diálogo, con argucias de un ultra izquierdismo demodé y mentiroso; preparando, con sigilo y astucia, el asalto al poder por la vía de defenestrar a Maduro para permanecer ellos en el coroto. De esta estratagema parece no darse cuenta el cogollo gubernamental y no terminan de asumir el control de las negociaciones, con un cronograma electoral total que incorpore a todo el entramado oficial: léase Presidencia, Asamblea Nacional y gobernaciones de estado, comprometiendo así al PSUV en su conjunto a la lucha al lado de un gobierno que se derrite como mantequilla bajo cuchillo ardiente.

Ah, también podríamos hablar de otro sector, más que grupo,  constituido por los camaradas cubanos, de suyo tan interesados en lo que ocurre en el país que les permite negociar con holgura frente a los gringos. Presumo que están aquí y ahora, buscando correr la arruga, no por amor a una “revolución” que descalifican, sotto voce, sino para poder dar largas a las exigencias democráticas del imperio. Sin embargo, no escapa a nuestro entendimiento que los cubanos forman parte de la estrategia del Departamento de Estado para mantener en paz la región. ¿Cómo nos va a afectar esa política cubano-norteamericana (así sea con Trump, quién lo iba a decir) para bien o para mal? Nadie lo puede saber, pero no es aventurado especular que no siempre lo conveniente para los del norte y los cubanos nos favorece. A menos, of course, que les caiga la locha que este gobierno, entrampado en esta tenebrosa crisis, ya no le sirve a nadie.

El diálogo no puede estar sujeto a los chantajes radicales, de derecha o izquierda

Hace algún tiempo escribí un artículo que titulé “¿Y por qué no hablamos con Raúl?”, no era un sarcasmo, sino la constatación de la influencia cubana, no solo en el gobierno sino en toda América Latina y esa es una realidad incuestionable. En fin, aprovechemos, alguna vez, la geopolítica continental que parece inclinarse del lado de la salida democrática a esta crisis terminal, pues a gringos y cubanos se viene a sumar el Estado Vaticano con su sabiduría milenaria a favor de Venezuela, de la democracia y la libertad. Y, por el amor de Dios, no vengan los idiotas a calificar a Obama, a Trump o al Papa Francisco, como agentes del comunismo internacional.

El diálogo no puede estar sujeto a los chantajes radicales, de derecha o izquierda, sino a la conveniencia de una Nación que está al borde de un estallido social al margen de cualquier estrategia, elusiva, de algunos avispados del gobierno o de la oposición. Venezuela nos exige empinarnos por encima de nuestras diferencias para reconstruir una nación destruida. En esa inmensa tarea no puede haber excluidos, diferentes a los corruptos y a los perpetradores de violaciones a los derechos humanos.

Dialoguemos, pues de lo contrario vamos directo a una matanza donde los jóvenes, siempre vanguardia, serán las primeras víctimas de una locura fratricida. Sabotear el diálogo es sabotear el futuro de nuestros hijos.

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