En Los Cocos Parcelas, sector de la urbanización Santa Cruz en la parroquia Goaigoaza de Puerto Cabello, el tiempo parece haberse detenido entre cables quemados, calor sofocante y noches interminables sin electricidad.
Han pasado 15 días desde que una falla dejó a más de 100 personas en penumbras, obligándolos a improvisar soluciones mientras la desesperación crece con cada jornada.
La electricidad, que alguna vez fue un servicio cotidiano, hoy se ha convertido en el centro de sus preocupaciones. Lo que inició como una esperanza —la instalación de un transformador esperado durante tres meses— terminó agravando la situación. Poco después de su colocación, una de las líneas principales se quemó, dejando a unas 15 viviendas sin electricidad, ni en 110 ni en 220 voltios.
“Después de la instalación del transformador, se quemó una de las líneas principales, dejando varias viviendas sin electricidad. Hicimos el reporte al ciudadano Freddy Colina, representante de Corpoelec, quien nos indicó que estaba a la espera de materiales como 59 metros de cable preensablado, conectores mordazas y tornillos”, relató la vecina Migdalia Rodríguez.
Una comunidad atrapada sin electricidad
La falta de electricidad ha trastocado por completo la rutina de estas familias. Sin ventiladores ni refrigeración, el calor se vuelve insoportable, especialmente para niños, adultos mayores y personas con discapacidad que residen en la zona.

La electricidad no solo significa iluminación, también garantiza condiciones mínimas de vida. Sin ella, la conservación de alimentos se vuelve imposible, el descanso se interrumpe y la salud comienza a deteriorarse. A esto se suma la ausencia total de alumbrado público, lo que incrementa la sensación de vulnerabilidad durante las noches.
Ante la emergencia, algunos vecinos de calles cercanas han tendido cables improvisados para brindar apoyo, permitiendo que al menos puedan encender un ventilador por momentos. Sin embargo, esta solución es precaria y no cubre las necesidades de todos.
“Somos 15 viviendas sin electricidad. Nos hemos tenido que apoyar entre vecinos, pero no es suficiente. Hay mucho calor, muchos insectos y la situación se hace cada día más difícil.”
El clamor por la restitución de la electricidad
El silencio institucional ha sido otro de los factores que más pesa sobre la comunidad. A pesar de los reportes realizados, la solución no llega y la espera se prolonga sin respuestas concretas.
Los habitantes hacen un llamado directo a las autoridades municipales y regionales para que intervengan de manera urgente. Insisten en que no se trata de un favor, sino de un derecho básico que debe ser garantizado.
“Le hacemos un llamado al alcalde de la ciudad y al gobernador del estado. Esperamos que escuchen nuestro clamor: no es un favor, es una exigencia”, expresó Migdalia Rodríguez.









