La impactante historia de la Suprema Corte de Estados Unidos (2)

Esta es la segunda parte de la historia iniciada en mi anterior artículo: https://carlosramirezl3.medium.com/la-impactante-historia-de-la-suprema-corte-de-estados-unidos-1-13ebf0a40156

Como el nombre lo indica, Estados Unidos nació de la confederación de trece colonias británicas establecidas en este territorio americano que se alzaron reclamando su derecho de decidir sobre los impuestos que les decretaban desde el aristocrático gobierno inglés, impuestos que estaban siendo resistidos por estos colonos ya imbuidos por una idea republicana.

Aquellas trece colonias terminaron declarando la independencia y adoptaron una unidad nacional que denominaron Estados Unidos de América. Una larga historia de vicisitudes internas y con el imperio británico llegó al punto de la conformación de un Estado que nació de aquellas colonias, las cuales finalmente, en 1787, acordaron una Constitución y en ella se estableció el régimen republicano federal con tres poderes bajo el dominio real del Congreso donde confluía la representación de todas.

Después de la apretadísima síntesis anterior llegamos hasta la época del personaje principal de esta reseña, el juez John Marshall, a quien le confirieron la presidencia de la Corte Suprema, único tribunal norteamericano establecido en la Constitución en cuyo texto se establece que corresponde al presidente de Estados Unidos nominar a los magistrados y al Congreso su aprobación.

Al principio el cargo no tenía la relevancia de hoy día, y tanto es así que, por ejemplo, su primer presidente, John Jay, renunció para ir a ocupar una gobernación, su excusa fue que “el cargo carecía de peso, energía, dignidad y respeto”. Alexander Hamilton no aceptó el puesto porque prefirió ejercer como abogado; Robert Harrison también renunció para ocupar un ministerio. Entonces llegó John Marshall en el año 1801, quien sí se dio cuenta del poder que le habían dado y tuvo la inteligencia y visión para darle la importancia que ameritaba. En este caso se hizo verdad el decir de que es el hombre el que hace al cargo y no viceversa. Allí estuvo 34 años, solo la muerte lo hizo dejarlo. Su impronta está indisolublemente visible al lado de la grandeza de lo que ha llegado a ser el sistema judicial norteamericano.

John Marshall fue nominado para la Corte Suprema por el presidente John Adams, y al ser sometido a la aprobación del Congreso tuvo consenso bipartidista y se votó solo por una razón de menosprecio. “Ese quizás ni se entere de su propia candidatura”, fue el burlón comentario que trascendió de los opositores políticos en el Senado.

Marshall entendió claramente que Estados Unidos necesitaba fortalecer su condición de país líder en el sistema democrático republicano y que para ello se hacía necesario fortalecer el papel del Poder Judicial como árbitro entre los poderes y entre estos y los ciudadanos, y el caso de un banquero, William Marbury, demandando al gobierno para que se le entregara un cargo de juez de distrito que le había dado un gobierno en las últimas carreras para entregar el poder tras perder una elección le brindó la gran oportunidad para tal propósito.
El caso Marbury vs Madison

Para entender este relato hay que ubicarse en el escenario de un país en formación, con un diseño de Estado con los tres poderes clásicos donde el dominante era el Congreso, punto de convergencia de las colonias originarias y donde radicaba el verdadero poder, desde allí se gobernaba todo, se dictaban las leyes nacionales y estadales, etc. En segundo lugar, estaba el Ejecutivo a cargo de un presidente con las potestades que conlleva, pero siempre sometido a las decisiones del Parlamento, donde todo estaba pendiente de las negociaciones políticas, y en tercer lugar, la Corte Suprema plasmada en la Constitución pero sin mayor relevancia por su falta de poder real.

Marbury versus Madison es probablemente el caso más famoso del constitucionalismo moderno, es el que rescata la tesis de la supremacía judicial en el control del poder.

Esta es la historia: En el año 1800 el presidente John Adams y su partido Federalista perdieron las elecciones a pesar de que tenían mayoría en ambas cámaras del Congreso, y antes de entregar el poder usaron aquella mayoría para emitir una ley que autorizaba al presidente para nombrar jueces distritales, lo cual hicieron a toda prisa. Uno de los allí designados, el banquero William Marbury, no pudo posesionarse porque el secretario de Estado saliente no ejecutó los trámites legales para que pudiera asumir su ansiado cargo de juez del Distrito de Columbia; se instaló el nuevo gobierno y tampoco le quisieron facilitar las cosas, entonces este puso una demanda ante la Corte Suprema. Esto decía el petitorio de su escrito: “Demando al (nuevo) Secretario de Estado para que haga los trámites necesarios y se me entregue el cargo de juez del Distrito de Columbia que me ha otorgado el presidente en virtud de ley aprobada por el Congreso de los Estados Unidos”.

Aquella demanda de Marbury puso al nuevo presidente de la Corte, el menospreciado John Marshall, ante la disyuntiva de darle la razón y ordenar al Ejecutivo que hicieran lo necesario para que asumiera el tribunal, o negarse a hacerlo. Lo primero implicaría un golpe para la Corte, porque al no tener poder real para imponer su decisión sería desobedecida, esto la expondría a un fracaso con el consiguiente deterioro de su ya precario poder. La segunda opción era negar la demanda bajo cualquier pretexto, lo cual también implicaría debilidad presente y futura ante los poderes Ejecutivo y Legislativo, específicamente acabaría con la posibilidad de someter al gobierno y al Congreso a las decisiones de la Corte.

Ante aquella disyuntiva brilló el intelecto del juez Marshall, la sentencia fue magistral, visualizó una tercera opción, dijo que el Congreso había violado la Constitución al dictar aquella ley autorizando al presidente para nombrar jueces, que esos nombramientos no eran potestad ni del Congreso ni del presidente, solo era atribución de la US Supreme Court. En consecuencia, declaró nula la ley y nulos todos los nombramientos hechos por el presidente con base a dicha ley.

Así, por primera vez, se asentó el poder del Poder Judicial, de la Corte Suprema, para revisar los actos del hasta entonces unipoderoso Legislativo. Allí estuvo el histórico punto de inflexión, la atribución del Poder Judicial para declarar cuál ley era constitucional y cuál no. Allí nació el principio la atribución revisoria para el Poder Judicial respecto a la constitucionalidad de las leyes, el famoso “judicial review”.

la Corte Suprema en este caso no solo afianzó el valor, la fuerza de la Constitución, sino que además consolidó su propia legitimidad y poder, y todo por medio de la oportunidad de este juez visionario que no se arredró con las circunstancias sino que tomo un caso relativamente insignificante y sobre el construyó un baluarte, de esa experiencia muchos tenemos que aprender.

Aquí un enlace para leer la traducción de la histórica sentencia: http://patriciomaraniello.com.ar/home/wp-content/uploads/2015/01/Marbury-vs.-Madisno.pdf

La empresa LP Pasión por el Derecho realizó un corto cinematográfico donde unos actores representan la escena de la discusión de los jueces de la Corte sobre el tema, es muy ameno e interesante y se puede ver mediante este enlace: https://youtu.be/BUSZuOw0XdA

Carlos Ramírez López @CarlosRamirezL3 @DrLeyCRL

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Las opiniones expresadas en este artículo son exclusivas del autor y no reflejan necesariamente la posición de El Carabobeño sobre el tema en cuestión.

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La impactante historia de la Suprema Corte de Estados Unidos (2)

Carlos Ramírez López
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