La calle Michelena de Valencia continúa siendo uno de los principales termómetros para medir la realidad del sector de autopartes en Carabobo. Gran parte de sus comercios se dedica a la venta de repuestos para vehículos y, sin importar el día, siempre hay alguien recorriendo sus locales en busca de una pieza.
Mantener un vehículo operativo en Venezuela se ha convertido en una carrera de resistencia. Los tiempos de escasez parecen haber quedado atrás, pero ahora la realidad es distinta: los inventarios están llenos, mientras el poder adquisitivo de los conductores sigue deteriorándose.
A las 8:00 de la mañana, la calle ya está llena de mecánicos, vendedores y propietarios de vehículos que recorren negocio tras negocio con una misma pregunta: “¿Tienen el repuesto?”.
Inflación de autopartes
Lo que antes era una compra relativamente sencilla hoy puede convertirse en una búsqueda de días o incluso semanas. Muchos conductores visitan varios establecimientos, comparan precios, consultan grupos de WhatsApp y terminan recorriendo buena parte de Valencia antes de conseguir una pieza específica para su vehículo.
Carlos Osorio conoce bien esa realidad. Desde hace más de un mes intenta resolver una fuga de aceite en su carro. Aunque solo necesita cambiar tres estoperas, su mecánico le recomendó sustituir también el kit de tiempo porque probablemente sufrió contaminación por aceite.
Las estoperas le costaron siete dólares cada una. El problema apareció cuando comenzó a buscar el kit de tiempo. “Lo llegué a ver hasta en 140 dólares. Lo normal era encontrarlo entre 70 y 85”.

Sin embargo, descubrió algo que cada vez comentan más conductores: los precios cambian dependiendo de la forma de pago. “Me dijeron que costaba 75 dólares, pero cuando pregunté por el costo si el pago es en divisas en efectivo me lo dejaron en 45. Son 30 dólares de diferencia. Gracias a eso pude comprar cuatro bujes”.
Aun así, la lista de reparaciones sigue creciendo. En su próxima visita al taller aprovechará para revisar otras áreas del vehículo. Los ruidos son cada vez más notorios y sospecha que hay nuevas fallas en camino.
Además, tiene pendiente el cambio de aceite desde hace dos meses. Entre lubricante, filtros y mano de obra necesita alrededor de 65 dólares, una cifra difícil de reunir de una sola vez.
La frustración se vuelve constante. Apenas termina de reparar una parte del vehículo cuando aparece otra avería que exige una nueva inversión.
Parque automotor envejecido
La dificultad para encontrar repuestos suele estar directamente relacionada con la edad de los vehículos que todavía circulan en Venezuela.
Hace pocas semanas, durante la presentación de una rodada de motocicletas clásicas para crear conciencia sobre el cáncer de próstata, quedó en evidencia una realidad que también afecta al mundo automotor: las motos vintage prácticamente desaparecieron de las calles carabobeñas.
La razón es simple. Conseguir piezas para motocicletas fabricadas en las décadas de 1950 o 1970 suele implicar importarlas desde Estados Unidos o Europa, un gasto que pocos pueden asumir. Lo mismo ocurre con los automóviles.

Mientras más antiguo es el vehículo, más difícil resulta conseguir sus repuestos. De acuerdo con cifras del sector automotor, el parque vehicular venezolano tiene una antigüedad promedio superior a los 22 años. Cerca del 80 % de los automóviles supera los 15 años de uso y muchos ya recorrieron más de 200.000 kilómetros.
Modelos como Chevrolet Corsa, Aveo, Ford Fiesta, Fiat Palio, Toyota Corolla, Century y Mitsubishi Lancer, entre muchos otros, siguen dominando las calles a pesar de que dejaron de fabricarse hace años.
El problema ya no es conseguir autopartes
Los comerciantes de la Michelena coinciden en algo: el desafío actual no siempre es encontrar la pieza. El verdadero problema es encontrar quien pueda comprarla.
La Cámara Nacional de Comercio de Autopartes (Canidra) estima que la llamada canasta básica de autopartes, compuesta por 31 productos esenciales para el mantenimiento de un vehículo promedio, supera los 2.000 dólares.
La cifra resulta inalcanzable para buena parte de los venezolanos. Desde Canidra advierten que la pérdida del poder adquisitivo ha obligado a muchos conductores a retrasar mantenimientos indispensables, lo que incrementa los riesgos mecánicos y de seguridad vial.
En los talleres de Valencia es común encontrar vehículos que llevan meses detenidos porque sus propietarios aún reúnen dinero para comprar las piezas necesarias.Otros tienen un poco más de suerte. Maira Álamo conduce una Hyundai Tucson 2008 y diariamente viaja desde La Campiña, en Naguanagua, hasta San Joaquín. Ese recorrido somete su camioneta a un desgaste constante.
Durante los primeros seis meses del año enfrentó varios problemas en el sistema de refrigeración. Primero reemplazó todas las mangueras. Pensó que había solucionado la falla, pero siguió utilizando agua en lugar de refrigerante. “Todo terminó dañándose. Se botó completo”.
Después tuvo que cambiar la correa encargada de transmitir fuerza a la bomba del sistema de refrigeración. Solo esa reparación rondó los 800 dólares. Ahora recorre la Michelena buscando una batería nueva.
Reconoce que le gustaría comprar otro vehículo porque siente que una parte importante de sus ingresos termina destinada a reparaciones. Sin embargo, cuenta con una ventaja: la empresa donde trabaja cubre los repuestos y luego le descuenta pequeñas cantidades semanalmente. “Si no trabajara ahí, tendría que pedir ayuda a mis padres”.
Dependencia de las importaciones
El mercado venezolano de autopartes depende ampliamente de las importaciones. Según datos gremiales, cerca del 85 % de las piezas que se comercializan en el país proviene del exterior, principalmente de China, Estados Unidos y otros mercados internacionales.
Esta dependencia hace que factores como la tasa de cambio, los costos de importación, los fletes y la disponibilidad de divisas impacten directamente sobre los precios.
Los comerciantes explican que muchos productos cambian constantemente de valor porque cada reposición llega bajo condiciones distintas. A pesar de ello, las ventas se mantienen relativamente estables.
María Sequera lleva ocho años trabajando en una tienda de autopartes de la calle Michelena y asegura que el mercado actual es mucho más complejo que cuando comenzó. Como suele ocurrir, hay semanas buenas y otras malas. Reconoce que los precios aumentaron significativamente con el paso de los años, pero asegura que intentan mantenerlos referenciados a la tasa oficial del Banco Central de Venezuela.
En su establecimiento venden principalmente piezas de motor. Un juego de anillos para Aveo puede costar 26 dólares a tasa BCV, pero si pagas en divisas te queda en 20.
El producto más costoso que tiene actualmente en inventario es un pistón para camión valorado en 300 dólares. Y aun así se vende. Cuando deja a un lado su rol de comerciante, admite que mantener un vehículo hoy es cada vez más difícil. “Hacer un motor completo es casi inalcanzable”.
La calle que se niega a desaparecer
Quienes poseen conocimientos de mecánica cuentan con una ventaja importante. Antonio Manzaber lo sabe bien. Tiene tres vehículos y realiza muchas reparaciones por cuenta propia para reducir gastos. Vive en Flor Amarillo, pero prefiere comprar repuestos en la Michelena. “Por mi zona son más caros. Aquí hay que caminar, preguntar y comparar hasta conseguir el mejor precio”.
Llegó desde las inmediaciones del Hospital Central y recorrió varios comercios antes de encontrar lo que buscaba. Acaba de comprar el filtro de aire para un Ford Fiesta 2010 y todavía necesita piezas para un Mitsubishi y una Ford Explorer.
Desde su experiencia, asegura que si no supiera mecánica probablemente tendría un solo vehículo. “Solo en gasolina se va un rialero”.
Aun así, reconoce que cada vez es más común posponer reparaciones para priorizar gastos relacionados con alimentación, servicios básicos o educación.
Pero hay una realidad, mientras millones de venezolanos sigan conduciendo vehículos con más de dos décadas de antigüedad, la búsqueda de repuestos seguirá formando parte de la rutina diaria.
Y si a eso se suma el deterioro del poder adquisitivo, cada vez más conductores enfrentarán una realidad incómoda: mantener un vehículo puede terminar siendo mucho más difícil que simplemente dejarlo estacionado.









