Durante más de dos décadas, los valencianos aprendieron a convivir con una herida abierta en el corazón de la ciudad. Donde alguna vez se prometió la expansión del Metro de Valencia crecieron la maleza, las cercas metálicas, la maquinaria oxidada y un largo catálogo de promesas incumplidas.
Hoy ese espacio luce diferente. La transformación en el Boulevard Bolívar Norte, sin embargo, no ha puesto fin al debate. Muchos valencianos se dividen entre quienes consideran positiva la intervención ejecutada por el gobernador Rafael Lacava y quienes cuestionan la inversión en medio de un estado que todavía presenta importantes deficiencias en áreas como salud, educación y servicios públicos.
Entre estos últimos se encuentra Nelly Rondón, quien reconoce algunos beneficios de la obra, pero considera que evidencia una diferencia entre las prioridades del gobierno y las necesidades de la población. “Sí, es un espacio para distraerse, pero quizás deberían invertir ese dinero en cosas más importantes”.
Rondón señala que hospitales, ambulatorios y Centros de Diagnóstico Integral continúan enfrentando carencias de insumos y equipos. “Cuando uno va a un hospital muchas veces no consigue lo necesario. Eso debería ser prioridad”.

Para ella, el boulevard cumple dos funciones. La primera está relacionada con el esparcimiento. La segunda, asegura, es desviar la atención de problemas estructurales que siguen sin resolverse. “Es una obra que lleva años sin concluirse. Deberían terminarla antes de iniciar otras, porque si no el valenciano siempre seguirá teniendo esa necesidad”.
Su crítica apunta directamente al Metro de Valencia. Como usuaria frecuente del transporte público, asegura conocer de cerca las dificultades que enfrentan miles de personas a diario: largas esperas, unidades saturadas, calor, fallas en el servicio e incumplimiento de beneficios para adultos mayores. “Yo preferiría un metro terminado o con más estaciones antes que un boulevard donde probablemente nunca me siente”.
Un nuevo punto de encuentro
Desde el gobierno regional, la narrativa es distinta. Las autoridades presentan la obra como una apuesta para recuperar espacios urbanos y ofrecer nuevas alternativas de recreación a los carabobeños.
La secretaria de Educación de Carabobo, Xiomara Luna, defendió esa visión en la sección de comentarios de Instagram donde Lacava mostró el proyecto.
Durante tres días, El Carabobeño recorrió el boulevard y constató que efectivamente se ha convertido en un punto de encuentro para numerosos ciudadanos. Parte de esa afluencia responde a la instalación de una pantalla LED donde se transmiten partidos del Mundial de la FIFA 2026.

Fuera de esos horarios, el panorama cambia. El flujo de visitantes disminuye considerablemente y el espacio permanece relativamente tranquilo.
La situación recuerda lo ocurrido con el boulevard inaugurado en 2024 en la avenida Bolívar, frente al centro comercial, que ya no concentra la atención que tuvo durante sus primeros meses. Algo similar ocurrió con la denominada Plaza Drácula, antes plaza Cristóbal Mendoza, que en su momento se convirtió en referencia del entretenimiento urbano, pero que con el tiempo perdió protagonismo por falta de nuevas propuestas y promoción institucional.
Una obra por etapas
Durante la inauguración, Lacava aclaró que el boulevard corresponde únicamente a la primera etapa del proyecto. Sin embargo, no precisó cuántas fases tendrá ni hasta dónde llegará la intervención.
La interrogante resulta inevitable porque el sector Los Sauces representaba el último gran vestigio visible de la inconclusión del Metro de Valencia dentro de la isla central de la avenida Bolívar Norte.
Según cifras oficiales difundidas por la Gobernación de Carabobo, el proyecto del boulevar incorpora seis mil metros cuadrados de espacio urbano y beneficia a más de 32 mil familias. Además, incluye la ampliación de la vía en sentido Guaparo mediante la incorporación de un tercer canal de circulación.
No obstante, revisar los archivos de El Carabobeño revela una situación particular. En los últimos cinco años, la avenida Bolívar ha sido reinaugurada o intervenida al menos cuatro veces bajo distintos programas de rehabilitación.
La primera gran intervención fue anunciada el 16 de septiembre de 2021. "Empezamos por aquí y vamos a llegar hasta el final de la avenida Bolívar porque es una deuda que se tiene con la ciudad de Valencia”, afirmó entonces Lacava.
El proyecto contemplaba iluminación, paisajismo, señalización, nuevas aceras y espacios recreativos distribuidos a lo largo de la avenida. Posteriormente, el 28 de noviembre de 2022, el Ejecutivo regional inauguró una nueva fase como antesala de la temporada navideña.
Más tarde, el 17 de mayo de 2024, junto al entonces alcalde Julio Fuenmayor, se ejecutó una nueva rehabilitación del sistema de alumbrado público hasta el punto donde actualmente comienza el nuevo boulevard.
A ello se suman otras intervenciones desarrolladas en la avenida Las Ferias, considerada una prolongación natural de la Bolívar.
Entre la estética y la deuda histórica
El ingeniero Guillermo Manosalva, presidente de la Fundación Un Millón de Amigos para el Metro de Valencia, aprovechó el fin de semana para recorrer la avenida junto a su esposa. Como suele hacerlo, llegó al centro de Valencia utilizando el sistema subterráneo y descendió en la estación Rafael Urdaneta, conocida como Cámara de Comercio. Desde allí caminó hasta el nuevo boulevard, donde coincidió con el equipo de El Carabobeño.
Manosalva procura mantenerse alejado de posiciones partidistas. “No voy ni a la izquierda ni a la derecha. Voy por el centro”, dice.

Desde esa posición considera que lo realizado por el gobierno regional es una intervención principalmente estética. “La palabra obra quizás le queda grande”.
Sin embargo, tampoco desestima el resultado. A su juicio, la intervención tiene sentido porque cualquier empresa que eventualmente asuma la culminación del Metro no tendría que invertir grandes recursos para desmontar estas estructuras.
Después de todo, insiste, el destino final del boulevard sigue dependiendo del futuro del sistema ferroviario. Lejos de una crítica frontal, reconoce que Valencia necesita espacios recuperados. “La ciudad está fea, está deteriorada. Esto al menos ofrece un descanso visual frente al abandono que existía”.
Para él es preferible el boulevard actual a las excavaciones abandonadas, llenas de basura y convertidas durante años en símbolo del fracaso del proyecto ferroviario.
No obstante, también cuestiona algunos criterios urbanísticos. “Parece una visión de ciudad de los años sesenta”. Explica que las tendencias modernas privilegian al peatón, la sostenibilidad y la movilidad humana por encima de la expansión permanente de los espacios para vehículos.
El futuro del Metro
Manosalva también observa con atención otro detalle: el estacionamiento posterior del boulevard permanece inconcluso. La superficie aún no ha sido asfaltada ni pavimentada, lo que alimenta las especulaciones sobre futuras fases del proyecto.
Tampoco tiene claridad sobre las próximas etapas, aunque admite que le habría gustado un boulevard más amplio. Aun así, considera que cualquier expansión debe analizarse tomando en cuenta una eventual reactivación del Metro.
Y sobre ese punto es contundente. Si algún día se culmina la obra, difícilmente se hará siguiendo el diseño original. “La salida lógica sería llevarlo a superficie desde el Paseo Cabriales hasta la Universidad de Carabobo".
Según su criterio, las elevadas deudas del proyecto y la cantidad de obras internas pendientes hacen poco viable culminar completamente el trazado subterráneo previsto décadas atrás.

El interés extranjero
Pese a los males, el proyecto sigue despertando interés internacional. Manosalva asegura que, en su condición de presidente de la Cámara Venezolano-Surcoreana, ha presentado la propuesta a empresas de Corea del Sur.
Según relata, existe interés en desarrollar una concesión que permita culminar el sistema utilizando infraestructura de superficie. “Sería más rápido, más económico y más sostenible".
A su juicio, solo una empresa privada con amplia experiencia ferroviaria podría asumir una transformación de esa magnitud.
Mientras tanto, los valencianos recorren un boulevard pintado de naranja y azul, colores políticos de Lacava, y caminan junto a muros que ocultan las viejas excavaciones del Metro, observan escaleras todavía inconclusas y zonas donde el agua permanece estancada. En distintos puntos del recorrido se repite la frase del gobernador “Aquí nadie se rinde”. Sin embargo, para muchos ciudadanos, la historia del Metro de Valencia parece contar justamente lo contrario









