Las grietas que aparecieron en paredes, columnas, techos y fachadas luego del terremoto del 24 de junio han cambiado la rutina de cientos de familias carabobeñas. En algunos inmuebles, los habitantes duermen fuera de sus apartamentos. Otros se refugian temporalmente en casas de familiares.
Para los ingenieros civiles que participan en las inspecciones posteriores al sismo, esa práctica puede ser peligrosa. Una grieta no siempre representa un daño grave, pero tampoco puede ser descartada únicamente porque parezca superficial. La diferencia entre una pared afectada y una estructura comprometida requiere una evaluación técnica. Esta determinaría si el inmueble conserva sus condiciones de seguridad o si necesita reparaciones, restricciones de uso o incluso un desalojo preventivo.
Hasta ahora, el Colegio de Ingenieros de Carabobo ha inspeccionado al menos 363 inmuebles en la Gran Valencia. La mayoría ha recibido una clasificación verde, que indica que las edificaciones pueden mantenerse habitadas. Sin embargo, cerca de 100 inmuebles se encuentran entre las categorías amarilla y roja, lo que obliga a realizar revisiones más detalladas antes de establecer un diagnóstico definitivo.
Rafael Mieres, presidente de la Sociedad de Ingenieros Civiles del Colegio de Ingenieros de Carabobo, lo explicó. Los resultados preliminares en rojo no significan necesariamente que una estructura vaya a colapsar. Aclaró que, hasta el momento no se ha determinado un compromiso generalizado de la infraestructura de la región. Pero insistió en que los inmuebles con daños visibles deben ser revisados con rigurosidad.
“Las primeras inspecciones son una clasificación inicial. Un edificio que aparece en rojo puede luego pasar a amarillo. A su vez, uno amarillo puede terminar en verde, porque después debe venir un equipo de especialistas que haga una evaluación más profunda”.
El semáforo de las viviendas
El sistema de evaluación utilizado por los ingenieros se basa en una clasificación por colores. El verde corresponde a inmuebles que, tras una primera inspección, se consideran habitables y sin daños relevantes. El amarillo identifica edificaciones que presentan afectaciones que deben ser estudiadas con mayor profundidad, mientras que el rojo se reserva para aquellas estructuras donde existe un riesgo que amerita restringir el acceso o desalojar preventivamente a sus habitantes.
El viernes, el Colegio de Ingenieros de Carabobo recibió a una comisión presidencial encabezada por el ingeniero Gustavo Coronel. Durante el encuentro fue entregada la plantilla de la Fundación Venezolana de Investigaciones Sismológicas, Funvisis, que será utilizada para registrar la información recolectada durante las inspecciones de viviendas y edificios afectados.
La intención es que las evaluaciones realizadas en Carabobo se integren a un sistema nacional de información que permita establecer criterios homogéneos. Los ingenieros deberán registrar datos sobre grietas, desprendimientos, daños en columnas, vigas, paredes, losas, escaleras y otros elementos de las edificaciones.
Carlos Muñiz, integrante del gremio de ingenieros, explicó que la clasificación inicial debe ser entendida como una advertencia técnica y no como una sentencia definitiva. En su opinión, divulgar listados de edificios con etiquetas preliminares puede aumentar la ansiedad de los residentes, especialmente en una población que todavía enfrenta las consecuencias emocionales y materiales del terremoto. “No es prudente generar alarmas sin tener el diagnóstico completo. Hay personas que están muy sensibles porque sienten que pueden perder su vivienda. Por eso hay que ser responsables con la información y esperar las evaluaciones finales”.
El 7 % en rojo
Aunque las autoridades gremiales han evitado divulgar una lista detallada de edificaciones comprometidas, el Colegio de Ingenieros de Carabobo estima que alrededor de 7 % de los inmuebles evaluados inicialmente se encuentran en condición roja. Al menos así se lo afirmó Mieres a El Carabobeño.
Si bien este cuerpo colegiado no quiso dar cifras precisas, con el 7% se puede obtener un dato estimado calculandolo con el número total de 363 inmuebles en la Gran Valencia, lo que se traduciría en 25 inmuebles con etiqueta roja.
Los ingenieros insisten en que las decisiones sobre desalojos, demoliciones o intervenciones estructurales no dependen directamente del gremio. Su papel consiste en emitir una evaluación técnica y clasificar las edificaciones según el nivel de riesgo. Corresponde a los organismos del Estado ejecutar las medidas posteriores, coordinar refugios, atender a las familias afectadas y garantizar que los inmuebles sean intervenidos de forma adecuada.
Muñiz considera que hablar de desalojos es especialmente delicado en un país donde muchas familias han invertido décadas de trabajo para adquirir una vivienda. Recordó que recientemente fue objeto de cuestionamientos y mensajes hostiles luego de analizar públicamente el estado del edificio Bella Vista, ubicado en la avenida Bolívar de Valencia.
El caso generó polémica porque muchos habitantes interpretaron la evaluación como una amenaza directa contra su permanencia en el inmueble. Para el ingeniero, esa reacción demuestra la necesidad de mejorar la comunicación entre especialistas, autoridades y comunidades. “Una inspección no busca asustar a las personas. Busca evitar una tragedia. Pero cuando alguien siente que puede perder su hogar, es comprensible que reaccione con miedo, rabia o desesperación”.
Colinas de Mara
Uno de los casos más visibles dentro de la categoría roja son los bloques de Colinas de Mara, en el municipio Juan José Mora. Desde los primeros días posteriores al terremoto, los residentes fueron notificados sobre la gravedad de las afectaciones en los edificios. Muchas familias comenzaron a dormir en las calles adyacentes, en vehículos, casas de vecinos o refugios improvisados, mientras esperan una respuesta definitiva sobre el futuro de sus apartamentos.
El gobernador de Carabobo, Rafael Lacava, visitó el conjunto residencial acompañado por un grupo de ingenieros. Durante el recorrido ingresó a dos apartamentos con daños severos, donde las grietas, desprendimientos y fracturas en paredes despertaron preocupación entre las autoridades presentes.
Fuentes consultadas por El Carabobeño señalaron que el principal temor de la autoridad regional era comunicar nuevamente a los habitantes que no podían permanecer dentro de las torres y recibir una respuesta negativa de una población descontenta.
Luego de reunirse con alrededor de 30 representantes de los distintos pisos y torres, Lacava planteó que quienes tuvieran familiares o lugares donde alojarse temporalmente se trasladaran de manera preventiva. A quienes no contaran con una alternativa habitacional se les ofreció la posibilidad de ser llevados a refugios con atención médica, alimentación y espacios para niños.
Tras esa reunión, algunas familias comenzaron a abandonar sus apartamentos ante la promesa de realizar inventarios de los bienes que permanecen dentro de las viviendas y resguardarlos mientras se determina el futuro de las estructuras.
Sellar una grieta y sus problemas
Una de las principales preocupaciones de los ingenieros es que algunos propietarios han comenzado a reparar las grietas sin una inspección previa. En varios sectores de la Gran Valencia, residentes han aplicado friso, cemento o pintura sobre las fisuras con la intención de recuperar la apariencia de las paredes y reducir la sensación de inseguridad dentro de sus hogares.
Mieres y Muñiz advierten que esa práctica puede ser equivalente a colocar una curita sobre una herida sin saber qué tan profunda es. Una grieta puede ser producto del desprendimiento de friso, del movimiento de una pared no estructural o de un daño más delicado en elementos que sostienen el edificio. “Primero debe hacerse una evaluación. Si se tapa una grieta sin conocer su origen, se puede perder una señal importante de lo que está ocurriendo dentro de la estructura”, explicó Mieres.
El presidente de la Sociedad de Ingenieros Civiles utilizó una comparación sencilla para explicar la condición de los edificios después de un sismo. Si el edificio ya presentaba fallas previas, daños por falta de mantenimiento o deterioro acumulado, el movimiento telúrico puede llevarlo a un punto crítico. “Una estructura que está en rojo es como una silla con una pata dañada. Puede mantenerse de pie por un tiempo, pero existe el riesgo de que se caiga. Por eso se debe desalojar y revisar antes de permitir que las personas vuelvan a entrar”.
Pocos especialistas para una emergencia de gran escala
Las inspecciones se han incrementado con el paso de los días. Durante las primeras 72 horas posteriores al terremoto, los ingenieros reportaban al menos 150 apartamentos revisados. Actualmente, la cifra supera los 360 inmuebles, pero el número de solicitudes continúa creciendo a medida que más personas detectan grietas, desprendimientos o deformaciones en sus viviendas.
Al menos 100 ingenieros participan en la recolección de información y en las inspecciones iniciales. Sin embargo, desde el gremio consideran que el número es insuficiente para atender la demanda que existe en Valencia, Naguanagua, San Diego, Los Guayos, Puerto Cabello, Juan José Mora y otros municipios del estado.
La migración de profesionales ha reducido la disponibilidad de especialistas en estructuras, geotecnia, materiales y evaluación pos-sísmica. Muchos de los ingenieros con experiencia en este tipo de emergencias se encuentran fuera del país, lo que obliga a las instituciones a organizar equipos con los recursos disponibles.
Desde la Gobernación de Carabobo, según Muñiz, existe interés en estandarizar los protocolos de atención y coordinar el trabajo con universidades, colegios profesionales y organismos nacionales. La visita de la comisión presidencial y la incorporación del formato de Funvisis forman parte de ese proceso de articulación.
Sin embargo, el acoplamiento entre las distintas instituciones no ha sido sencillo. Cada organismo tiene métodos, criterios y formas de trabajo diferentes. Aun así, los ingenieros consideran que se han logrado avances importantes en la creación de una base de datos común y en la organización de las inspecciones.
Ingenieros de Los Ángeles apoyan las revisiones
Carabobo también recibió la visita de un grupo de ingenieros estadounidenses procedentes de Los Ángeles, una ciudad con amplia experiencia en terremotos y protocolos de recuperación posterior a eventos sísmicos.
Mieres explicó que estos especialistas han acompañado algunas revisiones de estructuras clasificadas inicialmente en rojo. Su aporte está enfocado en orientar a los profesionales locales sobre los pasos que deben seguirse después de un terremoto, desde la inspección visual hasta la evaluación detallada de daños y la definición de medidas correctivas.
“Nosotros conocemos las normas de construcción y sabemos cómo se comportan las estructuras durante un sismo. Ellos tienen mucha experiencia en el proceso posterior, en el manejo de edificios afectados, la evaluación de riesgos y las decisiones que deben tomarse para proteger a las comunidades”, indicó.
Para el ingeniero, el terremoto dejó en evidencia una debilidad importante en la cultura sísmica de Carabobo. Aunque Venezuela es un país con zonas de actividad sísmica conocida, muchas familias no saben cómo actuar durante un movimiento telúrico, qué señales deben observar en sus viviendas ni a quién acudir cuando aparecen daños. “Hace falta educación sísmica. Somos una zona sísmica y sabemos muy poco sobre cómo prepararnos, cómo reaccionar y cómo evaluar lo que ocurre después".
El reto de reconstruir con información y prevención
El despliegue de inspecciones técnicas continúa activo en Carabobo bajo la dirección de la Comisión Presidencial para la Evaluación de Habitabilidad e Infraestructura, encabezada por el ingeniero Francisco Garcés.
Garcés explicó que los equipos trabajan junto a autoridades locales, colegios de ingenieros, arquitectos y universidades para determinar las condiciones de las estructuras afectadas. El objetivo es identificar cuáles inmuebles pueden mantenerse habitados, cuáles requieren acceso restringido y cuáles deben ser desalojados hasta que se realicen estudios más profundos. “Usamos los colores verde, amarillo y rojo para posteriormente, en aquellas estructuras amarillas y rojas, hacer un análisis profundo y determinar cuál es la forma de solución”, expresó Garcés en una entrevista transmitida por Venezolana de Televisión.









