Maicol Núñez lleva desde el día uno del desastre caminando por la OPP 26 en búsqueda de su madre. Segundos antes de su entrevista con El Carabobeño se le oye decir desde la cima de los escombros: "Mamá en dónde estás. Aparece, te quiero de vuelta". Es el grito desesperado de un hijo que admite sentirse abandonado por el Estado.
Lo dice porque mientras admite no saber en que parte está su madre, una treintena de rescatistas llevan días partiendo placas y retirando escombros. Lo hacen con la seguridad de haber identificado a alguien. Los trabajadores de la OPP 26 no son precisamente rescatistas entrenados, sino más bien familiares de personas que yacen bajo el montón de fierros, ladrillos y concreto. La sensación de desamparo los lleva a tomar las labores por sus manos.
Núñez no está trabajando en las obras como otros lo hacen. En su lugar, deambula por lo que alguna vez fue la azotea de su edificio y mira entre los escombros a la espera de alguna señal. Su madre de 56 años vivía en el piso tres, apartamento 307. Sin embargo, la destrucción es tan grande que no logra ubicar la vivienda.
Mientras la esperanza es el mayor recurso de muchos familiares que rodean esa y otras residencias, Nuñez dice estar seguro que su mamá está muerta. "Me quedé huérfano, no tengo a nadie en el mundo, me siento solo. Con la muerte de mi mamá se me fue una parte del alma", dice mientras se golpea el pecho.
Su madre no estaba sola al momento del desastre, sino que se encontraba con un sobrino que tampoco ha sido rescatado.

Mamá, dónde estás
Ahora le invaden unas profundas ganas de ver a su madre y cuando lo dice su rostro se entristece aún más. La última vez que tuvo contacto con ella fue el dia antes del doblete sísmico. Se reunieron para cocinar y compartir. Fueron unas papas rellenas y unos patacones. Eran los últimos alimentos que se llevarían a la boca juntos.
Aún le queda un pequeño resquicio de fe en su corazón en donde cree que pudiera encontrarla con vida pero insiste. "Aquí nadie me ayuda. No tengo bomberos, no tengo rescatistas. Unos me dicen que están de un lado, otros que por otro. Al final, si no la veo, no lo creo, y mientras más tiempo pasa se me va a morir".
Mientras Maicol sigue su ruta, al menos unos ocho agujeros han sido abiertos desde distintos puntos de la OPP 26, algunos están cerca de otros. En cada hueco hay unas altas probabilidades de hallar a alguien. Son orificios comandados por familiares que si lograron detectar en donde está su vivienda o la del ser querido. Desde la cima hasta el interior unos cuatro rescatistas lograron reventar las placas a punta de mandarria y manos. Así avanzaron hasta el piso ocho, lo hacen desde la fosa del ascensor, la cual se detecta en el piso nueve en donde se ve la guaya partida del elevador y los rieles desde donde descendía el mismo.
Estos hombres visten solamente con unos cascos y unos guantes de tela especializados para proteger las manos, su cuerpo está recubierto de polvillo y se posicionan con sumo cuidado mientras en una cadena de ayuda se pasan un cuñete lleno de escombros cada tantos minutos.
Ildemaro Hidalgo es el primer topo en sacar su cabeza del agujero, viste de azul y con una gorra volteada lo primero que dice es que la cosa está "ruda". Desde el día de la catástrofe no se ha apartado del edificio. Al primero que rescató fue a su hijo, pero aún falta su esposa. No tiene tiempo de llorar, aunque en su interior hay una profunda pena, pero sabe que necesita rescatar a sus seres queridos para darles el descanso eterno.

A mano pelada
Es en el piso ocho en donde encontraron al joven de 28 años, exactamente en lo que fue el baño. "Lo encontré con una fractura en el cráneo". Hidalgo y su equipo tienen fe de que en el transcurso del día 16, después de tanto trabajar, den con la mujer. Hidalgo está en el piso 12 y con sus manos señala cada vestigio de los pisos inferiores hasta llegar al octavo.
Una y otra vez este hombre repite que no hay tiempo que perder y que una vez consiga a todos los seres amados podrá proyectar su futuro, el cual ve confuso porque la realidad que enfrenta es de pérdida total.
Más abajo está Mijail Sulbarán, él es primo de una de las desaparecidas, y junto a él hay un compañero de Barquisimeto y otro del litoral.
Sulbarán explica que la técnica para identificar los apartamentos es básicamente conocerse el edificio. Él era un visitante asiduo de la OPP 26 y por eso ubicó el apartamento. "Me sirve mirar el edificio y recordar por columnas y estructuras específicas que te permiten detectar la ubicación. Así lo hicimos y debemos seguir.

Rescatistas sin ayuda
Con profunda serenidad, dice que el Gobierno no los ha ayudado en nada. "Eso es una cosa para el que Gobierno reflexione. Quienes ejercen el poder en el Gobierno deberían darse con una piedra en los dientes y que se les caigan todos".
Dice que La Guaira ha sido nuevamente olvidada como siente que ocurrió en 1999 y lo que tienen es gracias a la donación de particulares. Mientras tanto, les toca lidiar con el miedo de saber que un mal movimiento puede traducirse en un derrumbe que acabe con sus esperanzas. "Hay que tener mucho cuidado, porque los primeros días vinimos a mano pelada y sin casco y nos cayeron cosas encima".
Es así como los rescatistas invierten hasta 16 horas, cuando la oscuridad llega la situación cambia porque no hay manera de seguir trabajando. No hay equipos, no hay luz que los oriente.










