Hace ya tres semanas en la que los venezolanos fuimos sacudidos por lo imprevisible: dos sismos prácticamente simultáneos azotaron el centro del país. Ciudades como Valencia, Maracay, Caracas, Tucacas y Morón sufrieron grandes daños en su infraestructura. Sin embargo, en el Estado La Guaira fue donde más se sintió la magnitud de esta catástrofe natural, dejando a miles de personas heridas, desaparecidas, damnificadas y, lamentablemente, muchas que perdieron la vida. De inmediato comenzó una ola de solidaridad sin precedentes: ciudadanos tanto dentro como fuera del país, así como hermanos de múltiples nacionalidades, iniciaron labores de asistencia humanitaria en las zonas afectadas. A día de hoy, los grupos rescatistas continúan trabajando para intentar hallar personas -e incluso animales- con vida y recuperar los cuerpos de los fallecidos, con el fin de llevar paz a sus familias.
Conviene y es prudente que cada uno de nosotros se pregunte en este momento: ¿Qué sigue? Y sobre todo: ¿Qué papel puedo desempeñar en las próximas semanas o meses? Lo primero es comprender que, en el caso de los sobrevivientes y desplazados, el abordaje debe ser multidisciplinario. Aquellas personas que lo han perdido absolutamente todo, necesitan atención médica y psicológica para garantizar el resguardo de su integridad física y mental, pero también ameritan un acompañamiento social enfocado en vestimenta, vivienda y reinserción laboral, entre otros aspectos. Este enfoque integral significa que cada ciudadano interesado en colaborar puede hacerlo desde su propia área de acción. Nadie sobra en estos momentos.
Se ha dicho en múltiples ocasiones que "esto no es una carrera de velocidad, sino de resistencia". Esta frase busca recordarnos que la necesidad continúa, aún cuando la urgencia disminuye. En términos de los insumos requeridos, es preciso separar a los involucrados en tres grandes grupos: rescatistas y personal médico en el terreno; damnificados y desplazados; y personal de logística. Para este grupo que aún se encuentran realizando esta heroica labor que nos ha conmovido a todos, se precisan materiales que faciliten su trabajo, entendiendo que las tareas de remoción de escombros continuarán durante los próximos meses. Al pernoctar en la zona crítica durante días, requieren insumos de construcción, equipos de protección personal e higiene; asimismo, es vital hacerles llegar agua potable y alimentos preparados con el mayor cuidado posible, ya que al estar expuestos a residuos orgánicos e inorgánicos, su propia salud corre riesgo.
En el segundo grupo tenemos a quienes, sin duda, necesitarán más apoyo a mediano y largo plazo: los sobrevivientes y desplazados. A la gran mayoría de ellos les ha tocado vivir en campamentos que, por su propia naturaleza, no cuentan con las condiciones mínimas de higiene para evitar la propagación de enfermedades. Poblaciones vulnerables como niños, adultos mayores y pacientes crónicos pueden ver agravadas sus condiciones preexistentes debido a factores como la dificultad para acceder a agua corriente y potable, el aire contaminado, el hacinamiento, la mala alimentación y la poca accesibilidad a exámenes médicos especializados. Para mitigar estos riesgos, se requiere recolectar de manera inmediata agua embotellada, insumos para el hogar (carpas, sábanas, almohadas, colchones, ventiladores), medicamentos, equipos médicos (nebulizadores, tensiómetros, glucómetros), comida tanto caliente como no perecedera, y productos de aseo personal.
Por último, y no menos importante, se encuentra el personal de logística. Para garantizar el funcionamiento de los equipos de rescate y hacer llegar la ayuda a las víctimas, miles de voluntarios han aportado su granito de arena clasificando los insumos en los centros de acopio, movilizando sus vehículos con donaciones, preparando alimentos y/o realizando actividades recreativas. Con sus manos y corazón, alivian el dolor de muchos a través de largas jornadas de trabajo. Para ellos se seguirá necesitando alimentación, hidratación, combustible, conectividad y transporte que optimicen su labor.
Debemos entender, aunque el dolor de este duro golpe siga presente, que hay un antes y un después del 24 de junio en la vida de todos los venezolanos. Esta tragedia nos ha afectado en mayor o menor medida. Por ello, es necesario que en los meses venideros, mientras retomamos nuestras rutinas, incluyamos el apoyo social en nuestra programación habitual para que no se diluya en el tiempo. También es fundamental que esta solidaridad sea cada vez más organizada y direccionada mediante planes a mediano y largo plazo que garanticen su efectividad y eficacia. Que este proceso sirva, además, para prepararnos mejor como sociedad ante eventos de esta índole: recordando mantener kits de supervivencia en nuestros hogares, tomando previsiones estructurales y cuidando de los nuestros desde todo punto de vista.
Queremos, desde esta tribuna, enviar las más sentidas condolencias a todas las familias que han sufrido la pérdida de sus seres queridos. A su vez, enviamos un mensaje de aliento a quienes han perdido su hogar, a los heridos y a todos los que padecen las consecuencias de esta catástrofe. Y por supuesto, reconocer a cada persona que ha puesto su granito de arena para hacer más liviana esta carga para todos los que sufren. Juntos podremos salir adelante como nación, y desde este espacio seguiremos aportando positivamente en cada paso de la reconstrucción.




