Al cumplirse un mes de los dos terremotos que sacudieron al país, empleados, profesores y estudiantes de la Universidad Católica Andrés Bello (UCAB) se congregaron en una eucaristía, celebrada en la parroquia María Trono de la Sabiduría del campus Montalbán, en la que el rector de la casa de estudios, padre Arturo Peraza, s.j., ofreció un mensaje centrado en la empatía, el compromiso social y la necesidad de buscar consuelo en la fe, sin evadir las heridas que deja la tragedia.
Durante la homilía, el jesuita planteó la necesidad de equilibrar la fragilidad personal con el deber de seguir al servicio de la sociedad. En este sentido mencionó las complejas dinámicas emocionales y logísticas que implicó mantener en pie las actividades académicas tras el doble sismo y subrayó que la culminación del semestre no representó una postura indiferente frente al duelo, sino un acto de dignidad universitaria.
“El esfuerzo para culminar el semestre no fue fácil porque había que escuchar historias, ver las situaciones de cada persona y sacar energías en un momento inadecuado. No es que a la gente le dé igual: son vidas, son historias que duelen. Pero tuvimos el valor de poder cerrar el semestre y fue una forma de honrar a los que partieron y demostrar que la vida sigue”.
Solidaridad de la UCAB en acción
Para el sacerdote jesuita, la respuesta ucabista ante la emergencia demostró la fortaleza de sus redes internas. Resaltó la articulación entre distintas dependencias de la institución que se desplegaron, tanto dentro del campus como en las zonas vulnerables de La Guaira y otros sectores impactados.
“Nos ha tocado acompañar la situación de las comunidades que se han visto afectadas desde el primer momento con el centro de acopio, la Dirección de Identidad y Misión, Desarrollo Estudiantil y Egresados, quienes se sumaron para dar una primera respuesta junto a otras personas desde cada una de las líneas de trabajo de la universidad. Existe una diversidad de acciones y líneas de abordaje desde distintas áreas, y eso habla de una universidad movilizada desde adentro, con una capacidad de sensibilidad y empatía para acercarse”.
De cara al inicio del próximo semestre, en septiembre, el rector advirtió que la institución se reencontrará con “vacíos en aulas y oficinas”, por lo que la prioridad no será únicamente la gestión académica, sino el soporte integral para la reconstrucción personal de cada miembro de la comunidad universitaria.
“Todavía tenemos el proceso de rearmar el camino de la universidad hacia el futuro, así como acompañar espiritual y personalmente a todos los miembros de la comunidad que estamos afectados directa o indirectamente. Este acompañamiento requiere un proceso espiritual, psicológico, de salud y humano, en el cual todos estamos implicados”, dijo.
Conectar con la vulnerabilidad
Al tomar como referencia el pasaje evangélico de la viuda de Naín -quien llevaba a enterrar a su único hijo-, Peraza contrapuso la imagen de la “procesión de la desesperanza”, que camina hacia el entierro, y la “procesión de la vida”, que encabeza Jesús. Para el sacerdote, el país atraviesa hoy por ese mismo cortejo de luto y vacío, donde el sufrimiento se ha vuelto un peso colectivo.
“Esa es la procesión de la desesperanza, del sinsentido, de lo que uno se pregunta: ¿Por qué a mí? ¿Qué fue lo que hice para terminar teniendo nada? Cuando veo esa procesión, veo la historia de personas que están hoy sintiendo ese dolor. En el fondo, cada uno de nosotros es parte de esa procesión que va con el muerto, que en este caso son las víctimas del desastre que vivió Venezuela”.
El rector de la UCAB enfatizó que para superar el desánimo no basta con ser espectadores ni refugiarse en discursos evasivos. Explicó que el gesto de Jesús en el relato bíblico no fue distante, sino de plena conmoción y contacto físico.
En este sentido hizo un llamado a la comunidad ucabista a involucrarse de manera profunda con el padecimiento del prójimo y a perder el miedo a conectar con la vulnerabilidad ajena.
Recalcó que la compasión requiere “padecer con el otro” y reconocer que las pérdidas sufridas por la comunidad ucabista dejarán una huella imborrable en la memoria institucional.
“Nos tocó acercarnos a historias de compañeros que nos afectaron directamente, con fallecidos y personas de nuestros equipos que perdieron familiares. También fue un proceso de acompañar el duelo y el dolor, porque eso duele y va a doler; son esas llagas que la vida te deja y que no están llamadas a borrarse, sino que van a estar allí”.









