Tres hombres, Héctor Rovaín, Erasmo Bolívar y Luis Molina, siguen presos 23 años después de los sucesos de abril de 2002. No fueron condenados por homicidio intencional, como repiten voceros del poder, sino por homicidio calificado frustrado en grado de complicidad correspectiva, un delito común que les concede