La violencia contra las mujeres y las niñas sigue siendo una de las violaciones de derechos humanos más graves y extendidas en el mundo. El femicidio, su expresión más extrema, no es un hecho aislado, sino el resultado de desigualdades estructurales basadas en estereotipos de género, discriminación y desequilibrios de poder.
En este contexto, Medianálisis comparte con periodistas, estudiantes y profesores de comunicación social y con el público en general, un resumen de la “Guía para la cobertura periodística de femicidios y violencia basada en género”. Se trata de un documento práctico que busca transformar el rol de los medios en la deconstrucción del machismo y la promoción de una cobertura responsable y sensible.
Aunque elaborada inicialmente en Uruguay con la colaboración de ONU Mujeres, el Centro de Archivos y Acceso a la Información Pública (Cainfo) y la Universidad Católica del Uruguay, la guía adopta un enfoque global y universal. Revisa manuales internacionales, incorpora entrevistas a periodistas y especialistas en justicia y derechos humanos, y propone un marco ético que integra perspectiva de género sin sacrificar el rigor periodístico.
Guía para una cobertura periodística ética de los femicidios
Según datos de ONU Mujeres y la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (Unodc) publicados en noviembre de 2025, en 2024 se registraron aproximadamente 83 mil homicidios intencionales de mujeres y niñas en todo el mundo. De ellos, el 60 %, alrededor de 50 mil, fueron cometidos por parejas íntimas o familiares, lo que equivale a 137 víctimas diarias o una cada 10 minutos.
Estas cifras, aunque con variaciones por disponibilidad de datos, evidencian que el combate al femicidio permanece sin avances significativos pese a los compromisos internacionales. Además, subrayan la necesidad de visibilizarlo como problema estructural prevenible.
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La guía enfatiza que los medios, como constructores de opinión pública, pueden reforzar estereotipos sexistas o contribuir a desmantelarlos. Históricamente, términos como “crimen pasional” minimizaban la responsabilidad del agresor. Hoy persisten coberturas que juzgan la conducta de la víctima (vestimenta, vida sexual) en lugar de enfocarse en el historial de violencia del perpetrador. El documento advierte que la libertad de expresión debe equilibrarse con el derecho a una vida libre de violencia y a no ser discriminada.









