Valencia
Bulevar Constitución del centro de Valencia sigue siendo el pasillo comercial más concurrido de la ciudad. Foto: Francis Tineo

Los comerciantes de Valencia abren sus negocios desde temprano con la intención de aprovechar al máximo la única semana que les permiten trabajar según el esquema 7×7 de la cuarentena. Sin embargo, la mayoría de las tiendas se encuentran desoladas en comparación con semanas flexibles anteriores.

María López es encargada de una tienda en el centro de la ciudad. Hace 40 años se vino de Colombia a Venezuela y consiguió trabajo en el negocio donde labora desde entonces. Jamás pensó que tendría que enfrentarse a una pandemia. “Nunca vivimos algo como esto. Ni en Venezuela ni en ninguna otra parte del mundo”.

En el mostrador tres empleados tienen la mirada perdida hacia las puertas, como esperando que el movimiento de un posible cliente los despierte. López asegura que en ocasiones todos los trabajadores están atareados, pero que este lunes, a diferencia del antepasado, la afluencia de personas ha mermado.

Tratando de ver el lado positivo de la situación, la encargada piensa que tener poca gente dentro del local es una manera de evitar aglomeraciones y estar más protegidos contra el nuevo coronavirus. En el fondo, espera que el martes sea un día más movido.

Ventas bajas

Tomás Villazana es otro comerciante valenciano que lucha por sobrevivir a la cuarentena. Desde hace más de tres décadas gestiona una tienda de ropa, de la que jamás se había preocupado tanto como ahora: sus ventas han disminuido en %70.

Villazana todavía debe el pago de la mercancía que compró en diciembre. Sus depósitos se han ido vaciando lentamente y los ingresos a duras penas alcanzan para cancelar el alquiler del local y el salario de los pocos empleados que le quedan. “A principios de año tenía 80 trabajadores y ahora, incluyéndome, no llegamos a 15”.

El dueño del local considera que la baja en las ventas no sólo se debe a que abre únicamente dos semanas al mes, sino a que el poder adquisitivo de los carabobeños se ha reducido tanto que sólo pueden comprar alimentos.  “La ropa queda relegada a un tercer plano dentro de las prioridades”.

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Buhoneros fueron desplazados del bulevar hacia terreno baldío detrás del Metro de Valencia. Foto: Francis Tineo

Hasta el mediodía

Las principales calles de comercio de la ciudad son focos de aglomeraciones. Por las mañanas el abundante flujo de gente da la impresión de una aparente normalidad, pero en las tardes el bulevar Constitución se vuelve solitario y los negocios quedan desiertos.

En el pasillo comercial más concurrido de Valencia la cultura de compra ha sufrido cambios drásticos. Durante los días flexibles, aunque el horario de apertura de la mayoría de los locales se extiende hasta las 4:00 pm., las personas permanecen en las calles hasta el mediodía.

Los buhoneros del lugar no sólo se adaptaron al nuevo horario, sino a un nuevo lugar, tras ser desplazados del bulevar por la policía municipal. Ahora ofrecen su mercancía ambulante en un terreno baldío detrás de la estación Lara del metro.

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E/S PDV en la Av. Lara amaneció a reventar este lunes de flexibilización. Foto: Francis Tineo

Ciudad paralizada

La actividad comercial de Valencia está al borde de parálisis por la escasez de gasolina. En las últimas semanas la crisis de combustible en Carabobo se ha agravado, impidiendo el desplazamiento óptimo de los trabajadores por la ciudad.

El traslado de mercancía es otro problema que deben enfrentar los dueños de negocios. López indicó que en su tienda deben lidiar con el retraso de los despachos. “A veces el pedido debe llegar la semana de flexibilización, pero por falta de gasolina, debemos esperar hasta la siguiente semana flexible, cuando los transportes por fin logran llenar sus tanques”.

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Entidades bancarias amanecieron con colas este lunes de flexibilización. Foto: Francis Tineo

Colas por todas partes

Las multitudes durante las semanas de cuarentena abierta se han convertido en la nueva cotidianidad de los ciudadanos, quienes ven con normalidad las colas que se forman en todas partes: estaciones de servicio, paradas de autobuses, entidades bancarias, notarías y registros.

El vicepresidente de la Cámara de Comercio de Valencia, Lorenzo Araujo, consideró que para evitar las aglomeraciones, los establecimientos deberían permanecer abiertos durante la semana radical y en horario extendido, siempre y cuando se acaten todas las reglas de higiene. “Abrir todos los días, con un horario más cómodo, es una manera de espaciar las necesidades de la gente y controlar las multitudes”.

Araujo aseguró que los grandes centros comerciales son el ejemplo perfecto, pues cuentan con una estructura de bioseguridad que les permitiría recibir personas todos los días: Alfombras desinfectadoras,  dispensadores de gel antibacterial y detectores de temperatura.

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