Foto: Armando Díaz
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Compras nerviosas se apreciaron este domingo en la mañana en el mercado periférico de La Candelaria de Valencia y sus alrededores. Un gentío intentaba abastecer de comida sus hogares, ante cualquier situación que se pudiera presentar en el país , aunque nadie sabía explicar a qué se refería.

“Hay que comprar comida porque uno no sabe”, expresó un ciudadano que llevaba dos cartones de huevo y un kilo de mandarina.

Enormes colas de observaron en la mayoría de los puestos, las cuales eran formadas por clientes que intentaban pagar con puntos. Tanto en el mercado como en sus alrededores, los vendedores no se daban abasto para atender al grueso de la clientela.

Los puestos dedicados a la venta de víveres eran los que tenían más gente. Los propietarios decían sentirse asombrados por lo que estaba ocurriendo, porque nunca pensaron que tanta gente iba a ir a comprar.

Yajaira de Molina compró dos kilos de frijoles bayo, que fue lo más barato que consiguió. Según dijo este año ni ella ni su esposo estrenaron nada, pero están conscientes que la comida no puede faltar en la casa.

Luisana Borges compró medio cartón de huevos, porque no tenía más dinero. “Le daré a mis hijos huevo y arepa, por lo menos para que no se sigan desnutriendo”.

Víctor Pandares estaba comprando tres tortas de casabe a seis mil bolívares cada una. Señaló que en días anteriores había adquirido unos huesos rojos, para hacer un caldo este último día del año. El casabe es para acompañar.

Roberto Seijas hacía la cola para comprar dos kilos de pasta. No sabía cuánto iba a pagar pero quería asegurar el producto para su familia. “La gente dice cosas en la calle. Uno no sabe qué va a pasar, pero es mejor tener comida en la casa”.

SOLO EL CENTRO

Mientras esto ocurría en La Candelaria, en el centro de Valencia no había la gran cantidad de personas que en años anteriores iban a comprar sus estrenos a última hora.

El bulevar Constitución, que es la zona de mayor concurrencia, lucía desolado, si se compara con la afluencia de gente del 31 de diciembre de 2015, por ejemplo.

Los buhoneros aprovecharon la zafra decembrina para instalar de nuevo sus puestos en las principales calles del centro, incluyendo el bulevar. Como se recordará, por decreto del ex alcalde de Valencia, Miguel Cocchiola, el comercio informal en el casco central quedó prohibido

Foto. Armando Díaz



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