En el marco del acoso escolar existe la modalidad del acoso o bullying cibernético o ciberacoso. Si bien es cierto que reúne muchas de las características del acoso presencial, este tipo de acoso se realiza a través de dispositivos electrónicos. Tiene como premisa fundamental el uso de internet y todas sus formas de comunicación como dispositivos móviles, páginas web, blogs, correo electrónico, redes sociales, watshap, etc.

El acoso virtual facilita una mayor generación de daño y además es realizado de una manera continua y sistemática, bien sea a través de correos, mensajes telefónicos, llamadas, exposición en las redes sociales, lo cual permite además una ampliación de la audiencia.

En el ciberacoso, el acosador se siente aun con más poder ya que se encuentra en el anonimato y tienen más ocasiones para plasmar sus agresiones; suelen adoptar formas más elaboradas y más dañinas. Lo que maximiza la disponibilidad de la victima quien se encuentra siempre disponible como blanco.

Acecha a su víctima, esperándola horas en línea y recopilando toda la información posible de su vida y conocer sus movimientos en red, tales como correo electrónico, páginas que visita con frecuencia, y así poder estar conectado siempre con ella. Llega incluso a hakear sus dispositivos y obtener todo lo que esté disponible en ellos, tales como fotos, números telefónicos, nombre de sus amigos, mensajes, lo que le proporciona un acceso ilimitado a la vida de su víctima.

Con todos estos datos pueden chantajear  y manipular a su acosado, difamarlo, ponerse en contacto con sus amigos y publicar información falsa.

En el ciberagresor, el cálculo costos-beneficios potencia el logro de sus objetivos sin apenas riesgo, al tener acceso instantáneo a la víctima en su e-mail, buzón de voz o perfil de red social. Pero, en la víctima se agrava su estado de  indefensión y vulnerabilidad destacando la disponibilidad constante para el agresor en todo momento. Esto aumenta el desequilibrio de poder, seguridad y reacción entre ambos, representado en el esquema dominio-sumisión.

En relación a la victima, muchas veces no conoce a su ciberagresor. El agresor por lo general es alguien del entorno de la victima, incluso puede contarlo entre sus amigos. El acosado no tiene manera de defenderse, ya que aunque no ingrese a sus dispositivos la información sigue circulando a través de las redes y el internet.

Esta violencia y agresión sistemática y continua, crea en la victima en estado de desequilibrio físico, psicológico, emocional y cognitivo, con sensaciones de rabia, impotencia, ansiedad, humillación y miedo que lo lleven a alterar su conducta y comportamiento.

Pueden presentarse cambios en su personalidad, llegando a evitar el contacto físico y la relación con sus pares. Juzgan sus propias conductas, lo que les genera una gran sensación de inseguridad e inferioridad.

A nivel cognitivo disminuye su atención y su memoria y, por ende, su rendimiento escolar. En lo emocional crea en la victima una gran inestabilidad, mostrándose apáticos, desanimados. Situación esta que los pueden llevar a un estado de depresión.

En algunos casos hay accesos de ira con conductas incongruentes y agresivas.

Una vez más atesoremos a nuestros hijos, continuemos cerca de ellos, siempre extendiéndole nuestras manos y mostrándoles nuestro apoyo y nuestro profundo amor.




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