A 18 días del doble terremoto que devastó a La Guaira y afectó seriamente edificaciones en Caracas, los habitantes del pueblo El Junquito, ubicado a unos 25 km de la capital venezolana, piden con urgencia que se agilicen las labores de remoción y reconstrucción de escombros para iniciar la reconstrucción. “Necesitamos poder reconstruir nuestros negocios”, señaló uno de los comerciantes.
A casi tres semanas del desastre, la normalidad solo se mide con la neblina que sigue su curso natural, pero en lugar de esconder las decenas de negocios de comida, dulcerías y artesanías, solo ocultan un desastre que, pese a la insistencias de los habitantes, está lejos de resolverse en un futuro inmediato.

El declive del turismo y el impacto en el comercio local
Los habitantes de El Junquito, un pueblo conocido por recibir a cientos de caraqueños cada fin de semana para disfrutar de su gastronomía y su clima de montaña, concentran sus esfuerzos, y sus bolsillos, en resolver la afectación de las estructuras comerciales de mayor envergadura, lo que ha frenado en seco la actividad económica tradicional de la zona.
Jesús Escardina, de 71 años de edad y residente del sector, explicó a Efecto Cocuyo cómo la destrucción de los comercios de la avenida principal de El Junquito ha paralizado la dinámica comercial y el turismo. El habitante detalló que su propia vivienda sufrió una fractura menor y pasó por varias inspecciones, pero la incertidumbre se mantiene debido a que el edificio colindante presenta daños severos.

“Ha sido fuerte porque hasta ahora la mayoría, unos tres tercios más o menos de los comercios, no han podido empezar las actividades justamente a raíz de eso, de varios edificios que colapsaron”.
Al recordar el momento del sismo, relató que se encontraba en la sala de su casa junto a su esposa, su hija y su nieto recién nacido. Aunque lograron salir de inmediato hacia la calle, la intensidad del movimiento dificultó la evacuación.

“Cuando iba bajando la escalera sentí un efecto que me quería agarrar, pero no podía porque era un chinchorreo que había. Cuando llegué a la acera, a la parte de abajo, ahí sentí miedo porque creía que me iba a caer y no encontraba cómo sostenerme”, relató.
Gestión comunitaria ante la respuesta institucional
La reactivación económica avanza a dos velocidades. Mientras algunos pequeños puestos intentan operar de un lado de la vía para dinamizar la zona, los habitantes denuncian retrasos en la atención gubernamental inicial y la posterior centralización de los centros de acopio improvisados por los propios vecinos.
Isabel Valero, de 49 años y con 25 años de residencia en el pueblo, detalló la magnitud de los daños materiales en la localidad. Explicó que la avenida principal solía albergar comercios grandes, como una panadería que servía además de entrada principal hacia el barrio La Toma. Tras el sismo, el paso quedó completamente bloqueado, obligando a los residentes a cruzar la montaña a pie hasta que recientemente se abrió un acceso.

“Nosotros mismos como comunidad, inclusive nosotros como familia, hicimos un centro de acopio al principio, al segundo día del terremoto, porque llegó muchísima ayuda del mismo pueblo. No había dónde llevar todo eso y nosotros mismos allí en el estacionamiento hicimos un centro de acopio directamente para el pueblo. Después nos quitaron el centro de acopio y lo trasladaron a otro lado; los bomberos”, aseguró.
Valero criticó que las autoridades tardaron cerca de una semana en llegar al sitio, período en el cual la propia comunidad tuvo que organizarse para rescatar a personas atrapadas y gestionar las donaciones.
“A pesar de que es un pueblo pequeño, es una pérdida casi total. Pero aquí estamos sobreviviendo y, bueno, esperamos que terminen de sacar escombros para ir viendo cómo se va solucionando la situación acá en cuanto al turismo”, agregó.
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