(Foto Referencial).
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Dayrí Blanco | @DayriBlanco07

Las cuentas no cuadran. Pedro Fagúndez tuvo que escuchar más de tres veces la cifra: “No más de 300 sacos al mes, que es igual a 10 diarios”, lo anotó y volteó a la exhibición vacía de su panadería a la que, con suerte, llegan esas 10 unidades de harina una vez a la semana, si suma el despacho de dos o tres molinos. Su inventario está por debajo del límite del nuevo control impuesto por el Gobierno como consecuencia de la importación de trigo que se hace directamente desde el Ejecutivo y que cubre apenas 12,5% de la necesidad de los 10 mil establecimientos del país.

Entre enero y febrero solo un buque con trigo panadero arribó a costas venezolanas. Fueron 30 mil toneladas (TN), el equivalente al requerimiento de solo una semana. El sábado 11 de marzo atracó en el muelle 30 de Puerto Cabello el Lowlands Nopal, con la misma cantidad. Se trata en total de 60 mil TN de las 240 TN que se han debido recibir durante lo que va de 2017.

Los resultados de este déficit no solo se ven en las exhibiciones vacías del negocio de Fagúndez. Al menos él tiene en el almacén material para hornear cantidades minoritarias de pan que raciona por horarios, para poder garantizar la continuidad de su trabajo y el de las 20 personas que dependen directamente del establecimiento que pertenece al privilegiado 20% que en Carabobo reciben algo de harina a la semana. Hay quienes las pasan peor: Se trata de 80% de las panaderías de la región, que en números es igual a 560 negocios, que desde enero no tienen trigo y deben dedicarse a la venta de jugos, refrescos y charcutería, advirtió José Dichy, secretario de relaciones públicas de la Asociación de Comerciantes e Industriales de la Panificación y Similares de la entidad (Acipan).

La norma que establece que 90% de la producción debe ser de pan canilla, francés, campesino o sobado no preocupa al gremio. Siempre ha sido así. De 10 sacos solo uno se destina para la elaboración de dulces, pastelitos y cachitos. Incluso, la crisis ha provocado que en la mayoría de las panaderías todo lo relacionado con pastelería sea contratado a una empresa externa, de lo contrario sería imposible sostenerse con una estructura de costos tan elevada.

INFLACIÓN Y DESEMPLEO

Hace un año los molinos vendían el saco de harina en cinco mil bolívares. Ahora lo hacen en 15 mil, lo que significa un aumento de 200%. Pero ese no es el único factor traducido en crisis financiera para el sector. El resto de los insumos solo se consigue en el mercado paralelo. Industrias Diana ya no es proveedor directo de las panaderías de margarina y manteca y debe ser pagado con un sobre precio de más de 1000%. Lo mismo pasa con el azúcar que, aunque está regulado en 380 bolívares el kilo no se consigue en menos de tres mil 500, mientras que la caja de 12 cartones de huevos es ofrecida en 85 mil.

La consecuencia de la improductividad sumada con el incremento de las estructuras de costos es la reducción forzada de nóminas. Actualmente, solo en Carabobo la inestabilidad laboral está sobre más de 20 mil trabajadores directos y 30 mil indirectos. “Esto nos preocupa mucho. Nosotros no somos traidores ni apátridas. Por el contrario, estamos acostumbrados a trabajar desde la madrugada, solo necesitamos que se cumpla con el suministro de la materia prima que necesitamos”, sentenció Dichy.

 




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