Belén Parra tiene 86 años y la memoria intacta. Recuerda perfectamente cómo dos décadas atrás en el pueblo de La Entrada en Naguanagua funcionaban todos los servicios públicos. Poco a poco esto se fue deteriorando.

Los días de Belén transcurren entre indignación y molestia por las fallas en el servicio de agua por tubería, suministro de energía eléctrica, retraso en despacho de gas doméstico e inseguridad. “Este era un pueblo bello, ahora dan ganas de salir corriendo. Estamos en el piso, nadie nos toma en cuenta. Este pueblo está olvidado por los que están mandando”.

Antes de caer la noche, las calles quedan solitarias. El miedo a ser víctimas de la delincuencia obliga a los habitantes del pueblo a permanecer en sus casas. “Yo no salgo, a mí me da miedo salir porque le dan un tiro a uno y lo matan. Estamos mal”.

Para Carmen Herrera, los integrantes de las más de 400 familias que residen en el sector se convierten en “superhéroes”, para sortear día a día las problemáticas que enfrentan en la comunidad.

El retraso de dos meses en el despacho de gas doméstico es una de las situaciones que más agobia a Carmen.

En su vivienda conviven dos familias y solo tienen una cocina eléctrica para preparar los alimentos. Pero esto no representa una solución porque las continuas fallas en el suministro de energía eléctrica frustran todos los planes. “Cuando se va la luz, ¿Cómo cocino? En la casa hay tres niños”.

Ante esto, emprenden una caminata en búsqueda de leña para cocinar, pero cuando llueve los troncos se mojan, por lo que se les hace difícil completar la tarea. “Hay que volverse un superhéroe para resolver las cosas”.

Más de 100 dólares en cisternas

Rosa Olivier vive en Tapa 1, Altamira, una de las comunidades aledañas del pueblo de La Entrada.

En su zona solo sale agua del grifo una vez por semana. Si ese día falla el suministro de electricidad, suspenden el bombeo del agua. “Eso es una zona alta. Necesitamos la luz para que nos llegue el agua porque nos llega a través del rebombeo”.

El pasado 13 de mayo, el gobernador Rafael Lacava, anunció la activación de 25 camiones cisternas “HidroDrácula”, que beneficiarían a los carabobeños que residen en las zonas altas de las comunidades. Rosa todavía no ha visto el primero en la zona.

Para poder realizar el aseo personal y las tareas domésticas, los vecinos invierten aproximadamente 100 dólares en los servicios de un camión cisterna de ocho o nueve mil litros de agua.

Los habitantes del sector señalaron que otro de los problemas de la comunidad, es la proliferación de moscas y zancudos . “La plaga nos está comiendo. Hay muchas epidemias, no solamente la del COVID-19, sino la que produce la misma plaga. Necesitamos una fumigación y no nos atienden”.

Así como Rosa, más de 150 familias están afectadas.

A esta problemática se le suma el deterioro de la vialidad, alumbrado público y falta de poda. “Vivimos prácticamente aislados”.

Desvío de gandolas

José Lamas, habitante de la comunidad La Llovizna, indicó que los conductores de gandolas y camiones toman la vía del pueblo para evitar pagar la tarifa en el peaje de La Entrada.

El paso de los vehículos pesados por esa vía pone en riesgo a niños y adultos mayores que hacen vida en la zona; además de provocar un daño a la capa asfáltica. “Hemos denunciado y no nos prestan atención. Parecemos el pueblo olvidado y eso no debe ser”.




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