Foto: Armando Díaz
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Cada centímetro cúbico de lluvia que cae en el Lago de Valencia representa una amenaza para los habitantes de Isla La Culebra, en el municipio Los Guayos, quienes ven como sus casas se vuelven palafitos que terminan hundidos en la profundidad, mientras que su único comodín es huir.

En una semana las aguas han crecido y más casas se ven afectadas porque este fenómeno natural no se detiene y cada invierno representa un año más de terror para los pobladores.

Johana Molletones. Vive al final de la calle La Montañita es una de las afectadas por la crecida del lago. Foto: Armando Díaz

La familia Peña vive en el sector La Montañita en dos casas humildes, una pintada de azul y la otra de naranja. Esta última fue demolida hace cinco días y sus habitantes ahora viven en casa de una cuñada. Los escombros son visibles y entre ellos la lluvia hace pequeños pozos que tarde o temprano se combinaran con la orilla del lago.

Casa de los Peña demolida tras la crecida del lago. Foto: Armando Díaz

Ligia Peña tiene 58 años, todos  en la isla. De este tiempo, 25 en la casa azul que ahora está rodeada de plantas acuíferas. Luce agotada y no es para menos, desde hace un mes ve con temor como el agua devora todo.

Sus vecinos a ambos lados huyeron entristecidos al ver sus viviendas en ruinas. Ella aun no se quiere ir, pero no le queda otra. En el porche de la vivienda esta una nevera blanca que se sostiene en una plataforma de anime. Son las cosas que con tanto esfuerzo le costó conseguir y de las que ahora teme desprenderse.

Dejar la casa como está y huir no es una opción porque será desvalijada. El hampa no tiene contemplación, por eso la destruyen, para que nadie aproveche nada. En varias oportunidades los bomberos y Protección Civil se han acercado al área. Toman fotos, hacen preguntas reglamentarias y luego se van, pero no aportan soluciones y eso es lo que más indigna a Peña.

Tristeza es el otro sentimiento que la embarga cuando ve la lluvia caer. Sabe que pronto será una damnificada. Con voz casi inaudible dice que su hijo es el que la ayuda con los gastos. Al comentar que ya se quedó sin hogar llora y se limpia los ojos. No puede hablar más.

Parte trasera de la casa de Ligia Pérez. Foto: Armando Díaz.

A dos casas de la de Ligia hay una color melón. El agua cubierta de vegetación no tocaba el suelo encementado hace una semana, pero ahora las columnas están rodeadas de agua, mientras  un caucho, un volante de carro y una lamina de zinc flotan como si estuviesen en lo más profundo del lago. El pronóstico no es bueno.

Para Leonardo José Sequera las cosas tampoco pintan bien. Durante sus 32 años de vida en la isla jamás experimentó lo que hoy vive. La destrucción de su vivienda, de su siembra y de su estilo de vida.

José Leonardo Sequera. Foto: Armando Díaz

A diferencia de otras épocas, este año ha crecido como nunca. Hace 6 meses la distancia entre la orilla del lago y la pared de su casa era superior a 10 metros. Ahora hay una especie de piscina que llega casi a las rodillas y que choca con la base de la vivienda. Los naranjales ya se pudrieron, y los platanales van por el mismo camino. La gran mayoría está bajo el agua y otros se mantienen sobre una tierra húmeda y pantanosa que pronto correrá la misma suerte.

Arboles plataneros cubiertos por el agua. Foto: Armando Díaz

En la zona habían galpones donde se criaban conejos y en donde vivían más familias. Todo eso en una distancia de 100 metros que ahora yacen bajo el lago. Los únicos rastros de que ahí hubo vegetación son los arboles sin follaje que sobresalen como calaveras.

Cerca de 10 familias abandonaron la zona y fueron enviados a albergues en distintas partes de la región. Él está a la espera del Gobierno, al que le pide una vivienda digna para poder abandonar su casa. Planea demoler la estructura, pero es una situación que lo hace temblar, porque le hace caer en cuenta que no tiene un lugar en donde refugiarse.

Mientras Sequera observa el agua, un Jeep blanco con luces azules y rojas atraviesa la calle. En la puerta del piloto se observa el escudo de Protección Civil (PC). Acudieron en compañía de los Bomberos de Los Guayos para hacer las revisiones pertinentes y escuchar quejas. Ya tienen conocimiento de lo sucedido en la isla y quieren aportar soluciones.

Protección Civil. Foto: Armando Díaz

Tres bomberos, un policía del municipio y el director de PC Los Guayos son parte del equipo. La primera vivienda que visitan es la de Peña, en la que hacen una serie de preguntas, inclusive entran a la edificación y fotografían como el suelo de la casa esta cubierto de agua y como un cuarto en el que aún hay guindadas varias jaulas con pájaros esta inhabitable. Las paredes color turquesa están humedad y eso les reafirma que el desalojo debe ser inmediato.

Director de Protección Civil de Los Guayos. Foto: Armando Díaz

El bombero Urbano Ruíz detalló que 25 casas se han visto afectadas y para el momento de su última visita 11 estaban con daños totales. Este miércoles la cifra aumentó. Él considera que los problemas ambientales repercuten sobre la crecida, al igual que los drenajes que terminan en el lago.

Urnano Ruíz. Foto: Armando Díaz.

Gran parte de los daños se deben a que las zonas en las que hoy se erigen las viviendas no eran aptas para la construcción. Sin embargo recuerda que hubo épocas en las que el lago se recogió y nadie tomó en cuenta que este retomaría su cauce.

Los damnificados de la isla no tienen un lugar donde refugiarse porque los espacios están escasos y algunos colegios no son una opción. La presidenta del consejo comunal de la zona notificó que había una escuela abandonada que podría servir de refugio. Sin embargo el sitio tiene que pasar por una evaluación para ver si es apto o no.

Habitantes y bomberos. Foto: Armando Díaz.

Cuando se aproximan a la edificación hacen un recorrido por la zona y para su sorpresa se dan cuenta que a la Unidad Educativa Diosa de Los Tacarigua le robaron el cableado. El recinto no estaba encadenado, por lo que era muy fácil entrar. Los baños están sucios, llenos de telarañas y tierra, la desolación invade las aulas. No hay agua y tampoco duchas. Ramón Arevalo, director de PC Los Guayos, toma foto a todo y evalúa la situación.

El bombero aseguró que lo que ocurre en Isla La Culebra es conocido por el ministro de Interior Justicia y Paz, Nestor Reverol, quien al parece ya tomó cartas en el asunto.

Pasillo de la Unidad Educativa que funcionará como presunto albergue. Foto: Armando Díaz.

Las perdidas aún son incalculables, porque no se habla sólo de viviendas, si no de sembradíos, de estructuras eléctricas. Las inundaciones abarcan muchos puntos importantes, por lo que decir una cifra sería especular comenta el experto

Los habitantes se sienten a la deriva porque no ven soluciones, pero si observan al lago avanzar y devorar hogares que construyeron bloque a bloque, sueldo a sueldo.

Casa que fue devorada por el Lago de Valencia. Foto: Armando Díaz




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