CRONICA
Cuando Jhonny Godoy se estrenó en las redes sociales con un video en el que aparecía corriendo emocionado por una calle de su humilde barrio sosteniendo una bandera venezolana para protestar contra el régimen en Venezuela de Nicolás Maduro, jamás pensó que esa sería su última grabación.
La mañana del 25 de enero, dos días después de publicar ese video y de acudir a una multitudinaria marcha opositora, este vendedor de miel de 29 años murió en un confuso incidente tras ser apresado en la populosa barriada de La Vega, al oeste de la capital de Venezuela, por supuestos miembros de las Fuerzas de Acciones Especiales (FAES) de la policía nacional, quienes aparecieron en su casa con fusiles y los rostros cubiertos y sin mediar palabras se lo llevaron arrestado.
La última persona que lo vio con vida fue su madre, Ana Buitrago, quien tras un forcejeo con los funcionarios fue encerrada dentro de su casa mientras su hijo era sacado a empujones por unas empinadas y estrechas escalinatas. Minutos después, solo escucharon dos disparos que acallaron su voz para siempre.
El joven recibió dos impactos de bala, uno en un pie y otro en el abdomen, y luego fue asfixiado con un pañal desechable que presuntamente los funcionarios le colocaron en la boca, según relató a la AP Marvelis Sinai, prima del joven.
Jhonny es una de las 43 personas que murió entre el 21 y 26 de enero en Caracas y otras nueve ciudades durante unas protestas, en su mayoría nocturnas, y operaciones que realizaron en barriadas pobres miembros de las FAES, grupo élite de la policía nacional que fue lanzado hace dos años tras protestas antigubernamentales.
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