Jóvenes por el Clima desplegaron más de 130 voluntarios para ayudar entre Caracas y La Guaira

Este grupo de jóvenes busca brindar una ayuda continua luego de casi un mes en donde se evidencia la baja de insumos y la necesidad de más manos y apoyo
Fotografía: Gabriel Cabrera

Con el pasar de las semanas otra emergencia empezó a hacerse evidente en las distintas partes del país afectadas por el terremoto. Miles de damnificados seguían necesitando atención médica, medicamentos, apoyo psicológico y, sobre todo, alguien que los acompañara en medio de la tragedia. Fue entonces cuando decenas de jóvenes carabobeños decidieron que su lugar estaba en el terreno.

Durante casi tres semanas, estudiantes universitarios y profesionales de distintas áreas transformaron un centro de acopio en Valencia en una base de operaciones desde donde coordinaron brigadas humanitarias hacia Caracas y La Guaira. Allí organizaron donaciones, clasificaron medicamentos, prepararon equipos de atención y emprendieron largas jornadas para asistir directamente a las familias afectadas por el doble terremoto del 24 de junio.

Antes de presentar el balance operativo, el director Gabriel Cabrera quiso dejar claro por qué la organización decidió hacer públicas las cifras. "Queremos presentar este balance por transparencia hacia todas las personas que han confiado en nosotros y han apoyado este esfuerzo. La solidaridad ha llegado desde siete países distintos y sentimos la responsabilidad de mostrar qué se ha hecho con cada aporte".

El balance comienza a reflejar la dimensión de ese trabajo silencioso. La organización no gubernamental Jóvenes por el Clima Venezuela informó que más de 460 personas recibieron atención médica y asistencia humanitaria directa durante ocho días de despliegue en refugios y campamentos improvisados ubicados principalmente en el oeste de Caracas, además de jornadas específicas desarrolladas en La Guaira.

Una ayuda que nació desde Valencia

La operación comenzó en la capital carabobeña. Desde allí, jóvenes de distintas facultades de la Universidad de Carabobo comenzaron a reunirse apenas se conoció la magnitud del desastre. Lo que inicialmente era un pequeño centro para recibir donaciones terminó convirtiéndose en un espacio donde diariamente se organizaban equipos, se distribuían insumos y se planificaban rutas hacia las zonas afectadas.

Gabriel Cabrera, explica que el trabajo fue creciendo conforme aumentaban las necesidades. "Después de dieciocho días de labores logísticas en Valencia, ocho días prestando atención médica voluntaria y una jornada de distribución de insumos en La Guaira, logramos atender aproximadamente a 460 personas. Eso significa que diariamente más de cincuenta personas recibieron algún tipo de asistencia directa por parte de nuestros equipos".

Pero detrás de cada cifra hay historias mucho más complejas. Cada consulta médica representó una persona que llevaba días sin recibir tratamiento. Cada medicamento entregado alivió una necesidad inmediata.

Mucho más que atención médica

El voluntariado pronto dejó de ser exclusivamente sanitario. A medida que avanzaban los recorridos por refugios y campamentos, los jóvenes comprendieron que la emergencia también era emocional.

Niños con miedo de dormir bajo un techo, adultos mayores que habían perdido todas sus pertenencias y familias enteras enfrentando procesos de duelo comenzaron a formar parte del trabajo cotidiano. Por esa razón el equipo fue incorporando profesionales de distintas disciplinas.

Actualmente participan médicos, enfermeros, odontólogos, psicólogos, terapeutas psicosociales, fisioterapeutas, técnicos en atención cardiopulmonar, educadores, ingenieros, periodistas, reporteros gráficos, abogados y estudiantes universitarios que decidieron aportar desde sus áreas de formación.

Cada uno cumple una función distinta, pero todos persiguen el mismo objetivo: acompañar a las comunidades mientras atraviesan una de las mayores emergencias humanitarias registradas en el país durante los últimos años.

Los niños también cargan con el terremoto

Una parte importante de las jornadas estuvo dirigida a la atención infantil. Victoria Testa, estudiante de Ingeniería de la Universidad de Carabobo y terapeuta psicosocial, explica que los menores representan uno de los grupos más vulnerables después de una tragedia de esta magnitud.

En refugios como el instalado en el terreno de Los Cinco Héroes, detrás de Parque Central, y en los espacios habilitados cerca de la antigua plaza Nuevo Circo, el equipo desarrolló actividades orientadas a disminuir el impacto emocional que dejó el terremoto.

Más de ochenta niños participaron en dinámicas recreativas, ejercicios de contención emocional y actividades diseñadas para ayudarlos a expresar el miedo, la ansiedad y la incertidumbre que experimentan desde el desastre. "Los niños muchas veces no pueden explicar con palabras lo que sienten. Por eso utilizamos herramientas que les permitan canalizar esas emociones de otra manera".

Una red de voluntarios que sigue creciendo

La organización estima que al menos 135 profesionales y estudiantes universitarios han participado activamente en las distintas fases de la operación humanitaria. La mayoría financia sus propios traslados hacia Caracas y La Guaira. También dedican tiempo libre, recursos personales y jornadas completas de trabajo para mantener activa la asistencia en refugios, hospitales y comunidades afectadas.

Los insumos distribuidos provienen principalmente de donaciones recibidas en el centro de acopio instalado en Valencia, donde diariamente continúan llegando medicamentos, alimentos, artículos de higiene y otros materiales de primera necesidad.

La emergencia apenas cambia de rostro

Para los voluntarios, el trabajo no termina con el rescate de sobrevivientes. Sebastián Cabrera, estudiante de Educación y coordinador universitario de Jóvenes por el Clima Venezuela, considera que la crisis entra ahora en una etapa distinta, donde las necesidades serán menos visibles, pero igualmente urgentes.

Muchas familias continúan desplazadas. Otras requieren acompañamiento psicológico prolongado, tratamientos médicos o apoyo para reconstruir su vida cotidiana.

Por ello, la organización decidió reorganizar sus equipos pensando en una respuesta de mediano y largo plazo.

El llamado también se dirige a la ciudadanía. Más que donaciones aisladas, los voluntarios insisten en la necesidad de mantener una ayuda organizada, constante y coordinada con organizaciones sociales que ya trabajan en las comunidades.

Porque, aunque el terremoto ocurrió hace semanas, para miles de venezolanos la emergencia todavía no ha terminado. La reconstrucción no solo dependerá del concreto y la maquinaria pesada, sino también de la capacidad de una sociedad para seguir acompañando a quienes aún intentan levantarse entre las ruinas.

Una tragedia que también golpeó a Caracas

Aunque el foco informativo se ha concentrado en La Guaira, Cabrera insiste en que la emergencia humanitaria se extendió hacia otros sectores del país. Por esa razón, buena parte del despliegue se realizó en refugios improvisados del oeste de Caracas.

"Queríamos priorizar esas comunidades porque allí también encontramos personas que lo perdieron todo. El desastre no alcanzó la misma magnitud que en La Guaira, pero muchas viviendas quedaron inhabitables por daños estructurales, fugas de agua, escapes de gas o simplemente porque sus propietarios tienen miedo de volver después de ver las grietas que dejó el terremoto".

Los voluntarios desarrollaron jornadas en los refugios César Rengifo y Nuevo Circo, además de distintos campamentos improvisados en la avenida Bolívar, la avenida México y zonas cercanas a Parque Central.

En varios de esos espacios, familias enteras permanecen bajo carpas instaladas sobre aceras después de abandonar edificios de la Gran Misión Vivienda Venezuela afectados por el movimiento telúrico.

Uno de los casos que más impactó al equipo fue el del terreno conocido como Los Cinco Héroes. Allí sobreviven unas 150 personas desplazadas originalmente desde el estado Bolívar hace siete años y que ahora, tras el terremoto, volvieron a perder el lugar donde vivían.

"La sensación es que son familias que han tenido que empezar de cero más de una vez".

Las necesidades ya no son las mismas

Con el paso de los días, la atención médica también ha cambiado. Las fracturas y heridas producidas por el terremoto dieron paso a enfermedades propias de quienes permanecen durante semanas viviendo en refugios temporales.

El inventario de medicamentos entregados permite entender esa evolución. Aproximadamente el 25 % de los insumos distribuidos corresponde a analgésicos; el 20 % a antihipertensivos; el 15 % a antialérgicos; el 10 % a hipolipemiantes; el 5 % a antibióticos; otro 5 % a probióticos y un porcentaje similar a vitaminas.

Sin embargo, los problemas sanitarios comienzan a ser otros. "Hemos encontrado casos de escabiosis, enfermedades gastrointestinales relacionadas con la contaminación del agua y muchos episodios de diarrea, especialmente en niños", reporta Gabriel Cabrera.

La explicación, dice Cabrera, está relacionada con las condiciones en las que viven actualmente cientos de familias. Muchos menores juegan diariamente con agua contaminada alrededor de los refugios y los alimentos preparados por voluntarios suelen permanecer varias horas antes de ser consumidos, situación que incrementa el riesgo de enfermedades.

A ello se suma otra necesidad poco visible. "La higiene menstrual también se ha convertido en una preocupación importante dentro de los refugios y muchas veces pasa desapercibida cuando la gente piensa en donaciones".

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Fotografía: Gabriel Cabrera
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