La clandestinidad ha sido la opción que algunos líderes de la oposición venezolana han tenido que tomar ante las persecuciones. No son muchas las vías en un contexto como el de Venezuela, donde en algún momento hubo más de 1200 presos políticos.
No importa el nivel que ejerzan dentro de la política. La clandestinidad es la opción que queda cuando el exilio no convence y la prisión es una opción a evadir a toda costa.
A Ángel Álvarez nunca se le pasó por la cabeza dejar Venezuela. Lo sentía como una forma de abandonar su deber con la sociedad civil y apartarse de la lucha democrática en el terreno.
Por eso decidió quedarse, aun cuando su padre, de casi 90 años, le pidió que se fuera. Abandonarlo tampoco era una opción, por lo que la clandestinidad pasó a ser su realidad durante un año y medio.
Álvarez recuerda que todo comenzó en agosto de 2024, cuando le llegó una notificación. Sobre él pesaba una orden de captura. Se lo veía venir. Como él, otros tantos políticos de la región tuvieron que resguardarse.

La citación era emitida por el Tribunal Séptimo de Control del estado Carabobo. Lo que siguió fue el despliegue de un grupo grande de funcionarios policiales, todos provenientes de Caracas, cerca de su casa. No fue el único punto de control al que se presentaron, sino también a la oficina.
El asedio
Álvarez sabía que debía esconderse y activó todos los protocolos necesarios Lo que siguió fue un asedio contra familiares y amigos. Todas las personas cercanas eran objeto de persecución. El más mínimo detalle sobre su paradero podía servir para armar el rompecabezas, y desde los órganos represivos del Estado están acostumbrados a atar cabos.
“Tuve que buscar un sitio para salvaguardar mi integridad, mi vida y mi libertad”, confiesa. Admite que vivió una serie de episodios traumáticos que se le tatuaron en el alma y que provocaron profundos cambios en su manera de percibir la realidad del país.
La clandestinidad se transformó en una especie de prisión por decisión propia. La calle se volvió algo similar a un campo minado, al cual solo podía acceder una vez cada mes y medio. Ese era el tiempo promedio para permanecer en cada casa, confiesa el ex diputado de la Asamblea Nacional de 2015.
Álvarez repitió más de siete veces durante la entrevista el enorme agradecimiento que siente por las 12 familias que lo acogieron, a riesgo de las graves consecuencias que podrían haber enfrentado de haber sido descubierto. Solo por cooperar podían haber sido involucrados en temas de terrorismo o cualquier otro cargo ideado desde los órganos del Estado.
En el caso de Álvarez, quien lleva varios años como independiente, se le señaló de incitación al odio, un cargo de los que suelen destacar entre los perseguidos políticos. A diferencia de otros líderes, a él solo lo señalaron por ese delito.
Pero no le sorprende nada de lo vivido. El tiempo ha demostrado que el gobierno puede superar, incluso, sus propios límites de opresión. Él lo vivió con su padre, a quien las autoridades molestaron en varias oportunidades, lo que obligó a trasladarlo de su hogar a otro sitio en donde se refugió por siete meses.
Los riesgos
La idea de estar en la clandestinidad y saber cómo a los familiares se les persigue y se les ejerce presión psicológica es una forma de tortura que el dirigente también vivió. A diario pensaba en su hermano, quien viajaba a la zona industrial de Valencia, lo que le generaba profunda ansiedad ante la idea de que fuese interceptado, detenido o amedrentado.
Esos pensamientos fueron una constante en su día a día en la clandestinidad. Solo podía disiparlos con la oración, en la que se refugió durante las largas horas que transcurrían de casa en casa. “Prácticamente solo podía ver películas y estar en las redes o en reuniones políticas”.
Incluso en medio del riesgo máximo que representó estar en la clandestinidad, Ángel Álvarez asegura que su proceso fue activo. Esto quiere decir que, desde su red de contactos, se mantuvo en contaco con familiares de presos políticos. “No podía olvidarlos, esa es gente que quedó desamparada”.
Hoy por hoy, la falta de auspicio de los partidos a familiares de presos políticos sigue siendo una crítica de Álvarez. Entiende que las toldas políticas viven la misma crisis presupuestaria que el venezolano promedio. El desamparo para los padres, sin embargo, se vuelve doloroso cuando se entiende el contexto de muchas familias sin ingresos, sin recursos y sin grandes apoyos para sobrellevar los episodios.
Personas como el exdiputado, que se someten a este proceso, pasan de la vida laboral al anonimato. Las tarjetas son una prohibición, lo mismo que las redes sociales y números telefónicos. Cualquier elemento, por muy tonto que parezca, puede ser la diferencia entre el éxito de la clandestinidad o el fracaso.
La economía de un político en clandestinidad se desploma, más si no se ha logrado crear un sistema financiero capaz de burlar los monitoreos del gobierno. Esto deja como opción para subsistir a terceros que puedan hacerse cargo de cosas tan básicas como alimentos y la higiene personal. Todo pasa por manos de ellos. Generalmente estas personas son las familias de acogida que ceden espacios de sus casas para convivir con alguien que podría hacerlas terminar tras las rejas.
Siempre en la Gran Valencia
Durante ese año y medio le han preguntado muchas veces si vivió una clandestinidad en zonas remotas, campos, playas, montañas o incluso lejos de Carabobo. Pero, lejos de lo que se piensa, aclara que siempre estuvo en Valencia y, en algunas oportunidades, en Naguanagua y San Diego.
Cuando llegaba a una casa, desde ese mismo momento su equipo de trabajo ya estaba planificando el próximo lugar de estadía. Todo debía ser organizado con suma precisión para evitar errores.
Cambiar de casa era el único momento en el que Ángel podía recorrer las calles. “Primero salían dos vehículos con mi ropa adelante. Ellos tenían la misión de verificar alcabalas y funcionarios, incluso debían observar si había policías vestidos de civiles”.
Solo así podía llegar a un nuevo lugar. Contó que el nivel de persecución es tal por parte del gobierno que se ha vuelto común que los funcionarios se vistan de delivery para capturar a sus objetivos. “Eso era otro elemento que nos generaba preocupación, porque es una ciudad llena de deliveries”.
Cuestión de confianza
La confianza es el elemento que más está en riesgo en la vida de un político en clandestinidad. La describe como frágil, porque cualquiera, incluso sin querer, puede cometer un error. Esa es la principal razón por la que muchos políticos han sido capturados.
Esta confianza puede fallar incluso en uno mismo. De forma temeraria decidió visitar a su padre. Solo fue una vez, porque quería recibir su bendición durante su cumpleaños. Lo que siguió después fue otra pesadilla. “A los 10 minutos de irme, llegaron las patrullas a mi edificio, agarraron a los vigilantes y me buscaron piso por piso. Ahí me di cuenta del nivel de riesgo al que uno está sometido y que, en efecto, ellos están en una búsqueda permanente ”.
Luego del 3 de enero, sin embargo, todo se ha vuelto un poco más fácil. Álvarez fue el primer político en salir de la clandestinidad y, con él, vinieron otros más. La libertad fue la oportunidad de retomar la calle y trabajar por la rearticulación de una oposición que se percibe desestructurada ante tantos exilios, presidios y liderazgos desfasados.
Hace tan solo tres semanas, Álvarez recibió el sobreseimiento de su causa. Aún no sabe quién lo denunció, exige respuestas a los tribunales y acceso al expediente. No por venganza, sino por claridad del panorama.









