Las calles estaban solas, casi desoladas. Pero en cada supermercado y en la mayoría de las estaciones de combustible, las colas eran enormes. La gente, efectivamente salió a la calle, pero con un objetivo no relacionado con la lucha armada. Salió a comprar alimentos y gasolina.
En supermercados como Kalea, La Granja, Luxorr, Comeval y otros más pequeños, las colas eran descomunales. Eran compras nerviosas, impuestas por la incertidumbre. Con certeza, no se sabe qué va a pasar y lo mejor es estar preparados. "Que tengamos comida, ya es ganancia", dijo un joven que no quiso identificarse.
En realidad nadie quería hacerlo. Podrían hacer un comentario, o conversar con los periodistas, pero declarar no. Es un temor que se ha gestado a lo largo de los años, cuando las represalias por una opinión política, por protestar contra algo con lo que no se está de acuerdo, terminaron con miles de personas en la cárcel. No solo en 2024. La existencia de presos políticos en Venezuela es de vieja data, pero todos, en la historia contemporánea del país que abarca los últimos 27 años, imputables a la revolución.
La gente salió a la calle
Por eso hoy todos hacían cola. Había resignación, no es la primera vez que toca pasar horas a la espera de poder comprar algo. También habían risas, celebraciones, no faltó quien compartiera un "meme" ni el que contara un chiste. Las colas de este sábado 3 de enero tenían un sabor diferente, a pesar de la incertidumbre.
"Yo postergué la ida al mercado porque todavía estaba celebrando la llegada de un nuevo año. Ahora me tocó correr para no quedarme sin nada en la nevera". Una alegre señora se atrevió a conversar con los periodistas, pero eso si: "No me nombres, no quero ir al Helicoide".
Eso ya no va a pasar, le replicó un joven. "Eso es lo que más quiero", respondió
En cada centro de expendio de comida habian historias similares. La gente deseosa de apertrecharse, pues no sabían cuánto tiempo podría durar un previsible desabastecimiento. "Hoy la gente compró hasta lo que no necesitaba", decían en tono reflexivo, pero comprensivo.
Gasolineras con colas
Lo mismo ocurrió en algunas gasolineras. En la avenida Bolívar de Naguanagua las colas de carros se extendía por más de un kilómetro. En la Variante, vía hacia San Diego, también. En la redoma de Guaparo hubo cola desde la mañana, pero con menos carros. La de Paramacay permaneció cerrada pues no había tránsito vehicular por la avenida Universidad.
En público nadie hablaba de política. En voz baja algunos, la mayoría, celebraba. Otros, muy pocos, se veían cabizbajos, ellos no hablaban.
En las calles no habían caravanas, ni milicianos, ni armas de fuego. La soledad era la característica principal en cada calle o avenida. Poco transporte colectivo, algunas personas caminando. Frente a la Brigada Blindada algunos militares custodiaban el acceso. La avenida Universidad fue cerrada desde El Carabobeño hasta la Villa Olímpica.
Los grandes centros comerciales y los pequeños comercios se mantuvieron cerrados. Solo alguna farmacia y, por supuesto, los supermercados, estaban abiertos.

La avenida Bolívar, la Autopista del Este y todas las áreas circundantes estaban tranquilas, en soledad. La gente que no salió a comprar alimentos o gasolina se quedó en casa, viendo las redes y enterándose de las noticias por los medios de comunicación.









