La historia del ex preso político Santiago García: "Podemos perdonar, pero no olvidar"

Decidió protestar en las calles aquel 31 de julio de 2024. Lo hizo por la impotencia de saber que su padre, quien trabajó como voluntario de la oposición durante las elecciones, había sido detenido
Santiago García sobreseimiento
Foto: Archivo El Carabobeño

Obviamente hay consecuencias, todas las que deja un encierro de un año y cinco meses en cárceles o comandos venezolanos. Santiago García lo sabe bien, pues hoy se despierta en las noches soñando que lo vuelven a detener. Eso, sin embargo, no ha influido en su decisión de seguir luchando para que nadie más tenga que vivir lo que él vivió en esa pesadilla que le impuso el régimen chavista de Nicolás Maduro. Advierte que podemos perdonar, pero nunca olvidar

Lo vivido en 17 meses de prisión está grabado en su mente. Lo recuerda como si fuera ayer, con lujo de detalles. Lo primero fue su decisión de protestar en las calles aquel 30 de julio de 2024. Lo hizo por la impotencia de saber que su padre, quien trabajó como voluntario de la oposición durante las elecciones, había sido detenido.

La historia del ex preso político Santiago García

Salió a las calles de Naguanagua y en ellas fue detenido por funcionarios de la Policía de Carabobo y colectivos vestidos de negro. Estos sujetos chocaban con sus motos las de quienes se desplazaban por cualquier lugar, con la intención de hacerlos caer para luego detenerlos.

Así se llevaron a mucha gente. Santiago andaba a pie y lo detuvieron. En principio lo llevaron al comando de la policía motorizada cercano al Mercado Municipal de Naguanagua. Esto, luego de haberlo puesto a posar junto a unas motos quemadas, para que fotógrafos profesionales que andaban con los funcionarios y colectivos, lo retrataran y así acusarlo de vandalismo.

El encuentro con Lacava en el Fuerte Paramacay

Luego lo llevaron al Fuerte Paramacay, sede de la 41 Brigada Blindada. Allí fue "recibido" por el gobernador Rafael Lacava. Este encuentro lo narra con lujo de detalles. Tres jóvenes fueron puestos frente al mandatario, pero dos de ellos fueron lanzados al piso. El que quedó en pie, Santiago, fue su interlocutor.

"El comienza a decir que por qué estábamos haciendo esto. Yo tenía la adrenalina a millón, él pregunta qué estaba haciendo y yo le respondo:"Yo estaba manifestando"

- —¿Por qué? —preguntó Lacava.

- —Porque en este país no sirve para nada, —respondió Santiago.

-¿Por qué no estudias? Insistió el gobernador

- —¿Qué voy a estudiar si aquí la universidad está toda destruida? —respondió el joven.

Santiago García prosigue su relato. "Luego me abrazó y me dijo , ¿Tú crees que ella (María Corina) te va a abrazar como yo te estoy abrazando? ¿Tú crees que yo he hecho un buen trabajo aquí en el estado? Ante mi silencio me dijo: "Eres el primero que no dice nada, porque todos esos que están allá han dicho que yo soy un gobernador excelente".

Frente al nuevo silencio del joven, Lacava ordenó que se lo llevaran, según el relato del ex preso político.

Militar golpeador y gente que aplaudía

Lo que siguió fueron golpes propinados por un militar del Fuerte Paramacay y dos colectivos, dentro del baño al que el joven había pedido que lo llevaran para hacer sus necesidades. Lo salvó otro militar de mayor rango.

En la Brigada Blindada también había grupos de personas que aplaudían cada vez que los policías llegaban con detenidos. Luego los insultaban y les preguntaban cuánto les estaban pagando y si no querían a su país.

De regreso al grupo los formaron y los hicieron caminar por un sendero oscuro, que terminaba en un gran galpón. Se sorprendió al ver que ya había muchas personas en el interior de la estructura, entre ellas su papá, quien al verlo rompió a llorar, sorprendido por su detención.

Aquel militar que lo golpeó en el baño terminó siendo una especie de excepción. El joven reconoce que muchos los ayudaban en lo que podían: Les preguntaban si tenían sed, si querían ir al baño. Uno de ellos, cuyo nombre no recuerda, pero sabe que si lo ve en la calle lo reconocerá, les dio su teléfono para que contactaran a sus familias. Santiago no tuvo chance de hablar.

De allí fueron trasladados a la Policía Nacional Bolivariana, en la vía a Los Guayos, donde los pusieron a dormir en los pasillos y no en las celdas. Por esa razón no pudo estar con su papá, recluido junto al resto en otra ala del recinto. A esta sede llegaron personas detenidas por distintos cuerpos policiales.

Lo cambiaron por otro

Una historia que Santiago García recuerda bien es la de un joven al que los policías le preguntaban su nombre y él, temeroso, se ocultaba. Finalmente se lo llevaron, pero al rato llegó otro detenido. Meses después supieron que al primero lo habían cambiado por el segundo pues, al parecer, sus familiares conocían a los funcionarios. "Como ya habían reportado 18, tuvieron que salir a la calle a detener a otra persona para sustituirlo, porque no podían ser 17 los presos de ese cuerpo policial"

Dos días estuvo desaparecido Santiago García para sus familiares. Finalmente, durante la segunda presentación en el Palacio de Justicia lograron saber de él. En ambos casos, el grupo de detenidos llegó a la sede judicial a las 10:00 de la mañana y salió a la 1:00 de la mañana. La primera vez la espera fue tortuosa, e infructuosa. El tribunal regional se declaró incompetente para conocer el caso. El segundo día fue la audiencia telemática, también tortuosa, en la que fueron imputados por terrorismo, alteración del orden público, daños a propiedad del Estado, resistencia a la autoridad.

Para Santiago fue una escena muy fuerte: todos los familiares afuera esperando, porque supuestamente los iban a liberar. Adentro, la juez los condenaba a 45 días de prisión. Él y un grupo de detenidos fueron enviados a la sede de la Policía Municipal de Naguanagua, donde reconoce que los trataron bien. Allí estuvieron hasta el 22 de enero de 2025.

El director de Tocorón, una persona horrible

Para el traslado a Tocorón fue destinado un autobús. Lo abordaron después de despedirse de sus familiares. Al llegar a la cárcel, en Aragua, debieron esperar a que el director de la cárcel, a quien llamó Juan Carlos, les diera la "bienvenida". Este sujeto, al que calificó de "persona horrible, horrible, horrible, un déspota, autoritario", les dijo: "La autoridad soy yo, aquí nadie pregunta, nadie dice, nadie responde. Ustedes están siendo monitoreados las 24 horas del día, los siete días de la semana. Cuando vayan a hablar, lo voy a decidir yo, cuando comen, beben agua o se bañan, lo voy a decidir yo. Luego se bajó del autobús".

Los malos ratos no se detuvieron allí. Luego aparecieron los custodios, vestidos de negro y con pseudónimos en sus uniformes.

Con la cabeza hacia abajo y las manos hacia atrás, esposadas con tirrax, los pasaron a un cuarto en el que abrieron las bolsas con sus pertenencias. Los revisaron y los mandaron a correr hasta el edificio, donde estaban las celdas.

Allí se encontró con una celda con seis lápidas (literas de cemento) para igual número de personas, una ducha y una letrina. Les dieron unos trozos de goma espuma de dos centímetros de ancho aproximadamente, que no alcanzaron para todos. Dormían sobre eso sin sábanas ni almohadas. Luego les dieron uniformes de presos que ya habían sido excarcelados. "Estaban rotos y sucios y nos dijeron que esa sería nuestra ropa diaria."

Arroz con olor a cucarachas

La comida consistió en arroz con piedras y olor a cucharachas y unos granos duros, cocidos apenas con un poco de sal. En la noche les dieron arepas con mortadela cruda y un agua de zanahorias. De ahí en adelante esa era la comida, hasta que empezaron a darles pollos, también muy feos.

Como paquetería les permitían cinco paquetes de galletas, saladas o dulces, y una tableta de chocolate. Debían rendirlas hasta la próxima visita, unas dos o tres semanas después. No siempre lo lograban

¿En Tocorón te torturaron?

-Para el momento en que yo llego a Tocorón, las torturas habían disminuido. Cuando nos castigaban, porque no le dábamos la cara a un custodio o no queríamos salir al patio, nos paraban firme y nos ponían cosas en las manos, estiradas hacia arriba, durante horas. También nos obligaban a hacer el "paso del pollo", que era caminar largas distancias con las manos en los tobillos. "Por cualquier cosa tú eras castigado, incluso por pedir comida".

Las visitas

Santiago recordó también los días de visita. Por lo general se emocionaba cuando sabía que se acercaba el momento de ver a su mamá, pero otras veces prefería que no fueran sus familiares, porque cuando se iban quedaba derrotado. "Cuando el custodio gritaba que faltaban cinco minutos, eran momentos muy tristes, porque solo te daban 30 o 45 minutos de visita, que pasaban volando".

Recuerda un día en que les correspondía visita presencial y se las cambiaron por una a través del vidrio. Así se impedía que sus familiares les entregaran la comida casera que les habían llevado.

Las libertades, una lotería

A ellos nadie les avisaba que iban a salir. Los rumores sobre una lista se disparaban unos días antes de concretarse algo. El 25 de diciembre hubo liberaciones y decían que para el 31 habrían otras. "Uno se emociona porque se van tus compañeros, pero da tristeza porque tú dices, cada vez quedamos menos y los tiempos entre una liberación y otra se habían extendido, la última vez, por cuatro meses".

Tanto 24, como 31 de diciembre de 2025 en Tocorón hubo cena. Las hizo la única iglesia cristiana autorizada para entrar al penal. A otra, que estaba afuera del penal y acogía a los familiares, no le permitían predicar adentro.

Pero las boletas llegaron. A Santiago García le correspondió firmar la suya a las 12:00 de la medianoche del 1 de enero. El le dio gracias a Dios porque el año 2026 para él había empezado "super bien". Junto a él salieron otros 60 detenidos, cuatro de ellos de su celda.

Su próximo paso era llegar a Valencia y darle la sorpresa a su mamá. Para eso abordó el autobús que lo dejaría, junto a presos de Carabobo y Puerto Cabello, en el Big Low Center. Pero no pudo, los muchachos empezaron a llamar a sus familiares y, por esa solidaridad que hay entre las mamás, la voz se corrió de inmediato.

Aún él no sabía que ya su mamá sabía que estaba libre. Empezó a caminar junto a un compañero para buscar cómo llegar a Puente Bárbula, cuando vio que un carro se dirigía hacia ellos. Se le quiebra la voz cuando dice "era mi familia". Eran su mamá, su papá, quien había salido en libertad en diciembre de 2024 y a quien no había visto en cuatro meses, sus hermanos y otros familiares.

Extraño en casa

En retrospectiva, Santiago valora la hermandad con sus compañeros, la solidaridad entre las mamás de todos ellos, la relación que en algún momento se fraguó con algunos custodios, "muy pocos".

Hoy vive tiempos confusos. Narró que cuando habla con quienes fueron sus compañeros de infortunio les comenta: "Yo pensé que iba a salir y mi felicidad iba a volver automáticamente. Pero me siento súper raro, que no encajo, como si no fuera de ese lugar. Debe ser que nos acostumbramos tanto al encierro, que ahora que estamos en otro entorno, en la calle, nuestro cuerpo se siente extraño."

En dos oportunidades ha soñado que lo vuelven a capturar y eso le genera un gran temor por todo lo que vivió. Pero esto, sin embargo, no frenó lo que hoy es una decisión tomada. Él seguirá luchando, ahora desde las filas de la juventud de un partido político. "Trabajaré para que esto cambie y venga la transición".

Podemos perdonar, pero no olvidar

Su objetivo está claro: él no quiere que las nuevas generaciones, como las de su hermano menor o primos pequeños, pasen por lo mismo que él pasó. Quiere además poder expresarse libremente, quiere estudiar. Reconoce que le da miedo, pero asevera que la meta que tiene supera ese miedo.

¿Por qué decidiste contar tu historia?

Decidí contar mi historia para que todo el mundo sepa lo que pasó y no volvamos a cometer los mismos errores. "También para que no olvidemos. Podemos perdonar, pero no olvidar".

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La historia del ex preso político Santiago García: "Podemos perdonar, pero no olvidar"

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